Ni blancas ni amarillas: Dinamarca empieza a instalar farolas rojas y podría ser el futuro de todas las ciudades
El audaz cambio de iluminación está llamando la atención en el mundo.
Una transformación silenciosa. En Gladsaxe, un municipio danés al norte de Copenhague, se está llevando a cabo un importante cambio en la iluminación urbana: luces LED rojas a lo largo de las principales calles de la ciudad. Según publica el diario Indian Defence View, tiene el objetivo de proteger la fauna local sin comprometer la seguridad pública. Muchos ayuntamientos se están fijando en esta iniciativa, que busca reducir las interrupciones a las especies nocturnas, como los murciélagos.
Tal y como reza la publicación, la transformación representa más que un cambio de tono en la iluminación. Se trata de una reconsideración de cómo las ciudades pueden evolucionar su infraestructura para cumplir objetivos medioambientales urgentes:
- Preservar los ecosistemas locales.
- Gestionar los crecientes desafíos del desarrollo urbano.
Tonos rojos para reducir la contaminación lumínica
Según la información consultada por el medio de comunicación, cada vez hay más evidencias que sugieren que los sistemas de iluminación tradicionales alteran los ecosistemas naturales. La luz artificial afecta a especies como los murciélagos, que dependen de la ecolocalización para orientarse y alimentarse; son especialmente vulnerables a la luz artificial.
De este modo, las investigaciones consultadas por el periódico muestran que las luces de longitud de onda corta (de tonos blanco, azul o verde) alteran el comportamiento de estas especies y, en consecuencia, sus ciclos de alimentación. En cambio, se ha comprobado que la iluminación de espectro rojo tiene un impacto mínimo en su actividad.
La implantación de luces en tonos rojizos "es un esfuerzo dirigido para reducir el impacto del alumbrado público en las poblaciones locales de murciélagos, asegurando su capacidad para buscar alimento y orientarse manteniendo la seguridad vial", asegura el medio de comunicación
Un programa financiado por la UE
La introducción de la iluminación roja en Gladsaxe forma parte del programa Lighting Metropolis, financiado por la Unión Europea. De este modo, el programa tiene como objetivo reducir la huella ambiental de la iluminación urbana, manteniendo "al mismo tiempo" la eficiencia energética y la seguridad vial.
Tal y como reza el diario, los LEDs rojos reducen el consumo energético en comparación con sistemas antiguos como las lámparas de vapor de sodio. Además, requieren menos mantenimiento e integran tecnologías de iluminación inteligente que "ajustan el brillo basándose en datos en tiempo real". "El proyecto demuestra que las ciudades pueden reducir su huella de carbono y, al mismo tiempo, preservar su biodiversidad local".
Pero más allá de sus beneficios ecológicos, la introducción de luces rojas cumple "una función simbólica importante". En el caso de Gladsace, esta innovadora iluminación está pensada para recordar a sus residentes y viajeros que son espacios de especies vulnerables que deben ser respetadas. "Se trata de crear conciencia pública", culmina.