La BBC apunta la obsesión de China con la siembra de nubes para apoyar los cultivos al inicio de la temporada de siembra
El país afirma que aplica modificación climática en más del 50% de su territorio.

No hay día que China no sorprenda al mundo con algún avance tecnológico o algún récord casi imposible, así como noticias que llegan del gigante asiático para preocupación, susto o admiración, según el caso. Ha tocado el "turno" del uso de productos y técnicas para controlar el cielo, el clima y con ello los cultivos.
Fue en marzo de 2025 cuando una operación aérea sin precedentes cruzó los cielos del norte de China. Treinta aviones y drones dispararon perdigones de yoduro de plata, mientras más de 250 generadores terrestres lanzaban cohetes con el mismo compuesto. El objetivo: provocar lluvia artificial para aliviar la sequía en el llamado cinturón cerealero del país al inicio de la temporada de siembra.
Según la BBC, la operación, enmarcada en el proyecto Lluvia de Primavera de la Administración Meteorológica de China, habría generado 31 millones de toneladas adicionales de precipitación en diez regiones afectadas por la sequía. Sin embargo, científicos internacionales advierten que las cifras son difíciles de verificar de forma independiente.
Décadas intentando fabricar lluvia
China practica la siembra de nubes desde 1958, aunque la técnica nació en Estados Unidos en 1946, cuando el investigador Vincent Schaefer descubrió accidentalmente que el hielo seco podía inducir la formación de cristales en nubes superenfriadas.
El principio es sencillo en teoría: introducir partículas diminutas —normalmente yoduro de plata— en nubes con agua líquida superenfriada para que actúen como núcleos de congelación. Esos cristales de hielo crecen, se vuelven más pesados y precipitan en forma de nieve o lluvia.
En China, el programa ha crecido hasta convertirse en el mayor del mundo. El país afirma que aplica modificación climática en más del 50% de su territorio. Incluso ha utilizado estas técnicas en eventos concretos, como los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.
Uno de sus proyectos más ambiciosos es Tianhe (río del cielo), destinado a redirigir vapor de agua desde la meseta tibetana hacia regiones áridas del norte mediante miles de generadores terrestres.
Dudas científicas sobre su eficacia
A pesar de las afirmaciones oficiales, la comunidad científica mantiene reservas. El principal problema es metodológico: no se puede repetir exactamente la misma nube para comparar qué habría ocurrido sin intervención.
Robert Rauber, profesor de ciencias atmosféricas de la Universidad de Illinois, ha señalado que los datos públicos no respaldan de forma suficiente muchas de las afirmaciones de éxito.
Un referente en la materia es el proyecto Snowie, liderado en 2017 por Jeffrey French en Idaho. Fue uno de los primeros estudios en demostrar con mediciones detalladas que la siembra puede aumentar la nieve en determinadas condiciones. Sin embargo, incluso ese estudio mostró que el efecto es modesto y depende de circunstancias muy concretas.
La eficacia es menor en meses cálidos y en ausencia de nubes con líquido superenfriado. Además, diferenciar entre precipitación natural y artificial sigue siendo extremadamente complejo.
Impacto ambiental y tensión geopolítica
Más allá de la ciencia, existen inquietudes políticas. Investigadores en relaciones internacionales advierten que las operaciones a gran escala podrían alterar patrones hídricos compartidos con países vecinos como India.
Algunos análisis señalan que intervenir de forma continuada en la meseta tibetana podría generar tensiones por el control de recursos hídricos transfronterizos. No obstante, estudios chinos sostienen que el impacto en otros países sería mínimo.
En el plano ambiental, expertos como Katja Friedrich, de la Universidad de Colorado, consideran que algunos temores —como la idea de que la siembra pueda desatar tormentas incontroladas— están exagerados. No obstante, reconocen que faltan evaluaciones independientes y marcos regulatorios internacionales sólidos.
Tecnología avanzada, más preguntas abiertas
China ha reforzado su programa con drones de alta precisión, radares avanzados e inteligencia artificial para optimizar la dispersión de partículas. También experimenta con métodos alternativos, como la inyección de iones negativos en las nubes.
Sin embargo, el consenso entre científicos es claro: la tecnología avanza más rápido que la evidencia independiente que respalde su efectividad a gran escala.
Con sequías cada vez más frecuentes por el cambio climático, la presión para adoptar estas técnicas aumenta. Pero la gran pregunta sigue abierta: ¿Está China fabricando realmente lluvia en las cantidades que afirma, o los resultados están sobredimensionados?
La siembra de nubes puede funcionar en condiciones específicas. Lo que aún no está demostrado es que pueda convertirse en una solución estructural para la escasez hídrica de un país entero.
