Nuria, empresaria mallorquina: "Seguimos fomentando un modelo económico que está dejando de tener sentido"
"Tengo más clientes extranjeros que mallorquines".
Mallorca cerró 2025 con cifras récord de visitantes y todavía se esperan más para este 2026. El turismo continúa siendo el gran motor económico de la isla y representa una parte fundamental de su actividad. Sin embargo, cada vez son más las voces que cuestionan este modelo y que señalan los efectos secundarios de este crecimiento constante.
La masificación turística, el encarecimiento de la vivienda, la transformación de los barrios y la desaparición progresiva de determinados comercios tradicionales han alimentado un debate que ya trasciende lo económico. La pregunta ya no es solo cuánto turismo puede absorber Mallorca, sino qué tipo de isla quiere ser en el futuro.
Nuria, empresaria mallorquina de 58 años, lleva más de tres décadas vinculada al comercio local. Tiene varias tiendas especializadas en tejidos tradicionales, como la emblemática tela de llengües, y ha visto cómo la isla se transforma ante sus ojos.
Aunque buena parte de sus clientes son hoy extranjeros, cree que el actual modelo económico de la isla está generando desequilibrios cada vez más evidentes. "Seguimos fomentando un modelo económico que está dejando de tener sentido", afirma.
"Tengo más clientes extranjeros que mallorquines"
Nuria abrió su primera tienda a principios de los años noventa. Entonces, buena parte de su clientela eran familias mallorquinas que buscaban telas para decorar sus casas o confeccionar cortinas, manteles y otros elementos tradicionales.
Hoy la realidad es muy distinta. "Hoy en día tengo más clientes extranjeros que mallorquines", explica la comerciante. "Y no tengo nada en contra de eso. Al contrario. Muchos valoran muchísimo nuestros productos y nuestra cultura", detalla.
Sin embargo, considera que el cambio refleja una transformación más profunda: "Hay calles donde prácticamente ya no quedan negocios pensados para quienes viven aquí todo el año. Cada vez hay más oferta orientada al visitante y menos al residente".
Según relata, algunos locales históricos han sido sustituidos por establecimientos orientados exclusivamente al turismo y, paralelamente, muchas de las tiendas con las que ella convivió durante décadas han ido cerrando poco a poco.
"Había ferreterías, librerías, mercerías, pequeños comercios familiares... Muchos han desaparecido porque no podían asumir los costes o porque el barrio ha cambiado completamente", comenta. "El comercio de antes está desapareciendo. Y cuando desaparecen esos negocios también desaparece parte de la identidad de un lugar", explica la mallorquina. "No es una cuestión de nostalgia. Es que una ciudad necesita servicios para quien vive en ella", añade.
"Seguimos apostándolo todo a una sola cosa"
Aunque vive directamente del consumo que genera la isla, Nuria se muestra crítica con la dependencia económica del turismo. "Seguimos apostándolo todo a una sola cosa", lamenta.
Para ella, el debate no pasa por rechazar el turismo, sino por diversificar la economía. "El turismo ha sido fundamental para Mallorca, pero seguimos fomentando un modelo económico que está dejando de tener sentido. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta, más difícil será corregirlo".
"La cosa es que en Baleares cualquier problema se ha intentado resolver siempre atrayendo más visitantes. Y llega un momento en el que eso deja de funcionar. No puedes construir el futuro de una isla únicamente sobre una actividad económica", explica.
La empresaria defiende que la prosperidad del territorio también debería evaluarse en función de la calidad de vida de los residentes, la fortaleza del comercio local o la capacidad de los jóvenes para quedarse en la isla.
Y recuerda que, pese a que Mallorca no deja de batir récords turísticos año tras año, muchos de los problemas de los residentes continúan agravándose: "La vivienda está peor, la movilidad está peor y cada vez más gente siente que tiene dificultades para seguir viviendo aquí".