Raimunda, 95 años, pisa la orilla del mar por primera vez en su vida: "Creo que tengo menos años de los que tengo"
“El mar me está dando una sensación de capricho y de cumplir un sueño”, asegura.
Nunca es tarde para cumplir un sueño. A veces basta con rozar el agua con los pies, mirar el horizonte por primera vez o sentir la brisa del mar para volver a sentirse joven durante unos minutos. Eso fue lo que vivieron decenas de mayores en Mallorca, entre ellos Raimunda, de 95 años, que pisó la orilla del mar por primera vez en su vida con la emoción intacta de quien todavía tiene cosas pendientes por descubrir.
Esto ocurrió hace apenas unos días, cuando 80 personas mayores y 40 cuidadores llegaron caminando a la playa de Magaluf, en Calvià, entre canciones, aplausos y una alegría difícil de disimular. Al ritmo de “Vamos a la playa, calienta el sol”, el grupo convirtió el trayecto entre su hotel y la playa en una pequeña celebración colectiva, ya que el mar que muchos habían imaginado durante décadas por fin estaba delante de ellos.
La iniciativa forma parte del vigésimo aniversario de Nexus Integral, una empresa que se dedica a la gestión de residencias de mayores y que organizó el viaje sin coste para los residentes y con apoyo profesional durante toda la estancia. “No podíamos permitir que se quedaran sin ver el mar”, reconoció el gerente Óscar Ahijón, en declaraciones recogidas por el Diario de Mallorca. Y, por unas horas, lo consiguieron.
Una excursión para el recuerdo
La expedición salió días antes desde distintos puntos de España, entre ellos Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Andalucía, para cumplir una doble primera vez en algunos casos: subir a un avión y ver el mar. La empresa explicó que la propuesta buscaba regalar una experiencia emocional a personas mayores que, por distintas circunstancias, no habían podido vivir algo tan sencillo para muchos como mojarse los pies en el Mediterráneo.
Entre ellas estaba Raimunda Giménez, de 95 años, que avanzó despacio hacia la orilla, siempre acompañada, con una mezcla de respeto y felicidad. “Creo que tengo menos años de los que tengo”, reconoció mientras paseaba por la arena de la mano de su cuidadora. “El mar me está dando una sensación de capricho y de cumplir un sueño al mismo tiempo”, añadía con la alegría de tocar el agua por primera vez.
La playa se convirtió así en un escenario de sonrisas, chapoteos tímidos y abrazos discretos. Hubo quien se animó a entrar varias veces, quien prefirió quedarse cerca de la orilla y quien observó la escena desde la arena con una emoción serena. “Verles a ello así es la recompensa sentimental a nuestro trabajo”, aseguran desde Nexus, poniendo el broche final a una excursión que, para muchos de ellos, quedará grabado como uno de los días más felices de su vida.