Rigoberta Menchú, Nobel de la Paz: "Este mundo no va a cambiar a menos que estemos dispuestos a cambiar nosotros mismos"
La activista guatemalteca recibió el distinguido galardón en 1992.
El Premio Nobel de la Paz es uno de los galardones con mayor reconocimiento a nivel mundial, a pesar de que este año ha estado más si cabe en el foco de la actualidad, después de que María Corina Machado, galardonada este año, le ofreciera la medalla a Donald Trump.
Desde 1901 que se diera como un reconocimiento a personas u organizaciones por su lucha por la paz, los derechos humanos, el cooperativismo internacional y el fin de conflictos, muchos de ellos bélicos, varias han sido las personalidades ilustres que han sido condecoradas con el mismo: desde Nelson Mandela, pasado por Teresa de Calcuta o Martin Luther King Jr., entre otros muchos.
La lista es extensa, pero entre los nombres también sobresale el de Rigoberta Menchú. Activista y defensora de la paz, la guatemalteca de 67 años ha realizado una gran labor por su país, promoviendo la justicia social y los derechos humanos de los pueblos indígenas en Guatemala.
Lucha incansable por la represión estatal
Criada en una familia campesina maya, la activista se convirtió en altavoz de la violencia que sufrió y vivió en sus propias carnes la población indígena guatemalteca maya en un país marcado, en esos tiempos, por un conflicto armado entre el gobierno y una guerrilla que reclamaba mejores condiciones de vida.
Su madre y su hermano fueron asesinados por los militares del país, mientras que a su padre le quemaron en una protesta. Las duras vivencias familiares le han conferido ese carácter activista, involucrándose en causas sociales, participando en foros internacionales y, generalmente, denunciando todas las desigualdades que vivía y vive su país.
Todo ello queda reflejado en su autobiografía, Me llamo Rigoberta Menchú y así nació la conciencia, donde relata todas esas excelentes labores sociales y reivindicativas por su pueblo que provocaron su exilio en México, pero también el Nobel de la Paz en 1992. A día de hoy, continua su lucha incansable porque el pueblo indígena goce de privilegios sociales y participe activamente en la toma de decisiones en el país americano.
Frases célebres de Rigoberta Menchú
A lo largo de toda esta trayectoria al frente de la defensa de los derechos humanos de los indígenas de Guatemala, Menchú ha dejado por el camino numerosas frases célebres que dan todavía más fuerza a esa personalidad humanitaria y reivindicativo de lo justo que la caracteriza.
Entre ellas, sobresale 'Este mundo no va a cambiar a menos que estemos dispuestos a cambiar nosotros mismos', haciendo alusión a su lucha por la concienciación mundial de las injusticias, pero hay muchas otras:
- “La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz".
- "Los indígenas estamos dispuestos a combinar tradición con modernidad, pero no a cualquier precio".
- "He llorado mucho en la vida. No sólo porque uno haya sufrido mucho, sino porque hay otras personas que están sufriendo muchísimo en todo el mundo".
- “Fue muy importante para mí aprender a distinguir a los enemigos”.
- “Tenemos algo en común, y ese algo en común es nuestra misión en la vida. Seguramente una misión del bien, una misión de la cultura de la vida, y no una misión de la guerra".