Sara, exingeniera de Google, lo dejó todo para pintar acuarelas: "El éxito ahora es completamente distinto: no va de productividad, va de impacto"
El lado menos conocido de trabajar en una de las empresas tecnológicas más cotizadas del mundo.
Sara había conseguido lo que muchas personas consideran el trabajo perfecto. Era ingeniera de software en Google, había sido ascendida dos veces, disfrutaba de un salario elevado, acciones de la empresa y beneficios que incluían clases de yoga, gimnasio, masajes subvencionados y comidas gourmet.
Sin embargo, sentía que algo no encajaba. A finales de 2022 decidió abandonar una carrera que había construido durante años para perseguir una pasión completamente distinta: pintar acuarelas, como cuenta en su relato para Business Insider. "El éxito ahora es completamente diferente. No se trata de productividad ni de resultados, sino de impacto", resume sobre la vida que ha construido desde entonces.
De Polonia a Google pasando por Londres y Nueva York
Sara nació en Varsovia durante la década de 1980, cuando Polonia aún formaba parte del bloque comunista. Estudió Ingeniería Informática en la Universidad de Varsovia, completó parte de su formación en Barcelona y Edimburgo y, con solo 25 años, se trasladó a Londres para trabajar como ingeniera de software en un banco de inversión.
Aquella experiencia fue solo el principio. En 2015 fichó por Google y comenzó a trabajar en la sede de Zúrich. Poco después obtuvo el visado para EEUU y fue trasladada a Nueva York, donde se incorporó al equipo responsable del buscador de noticias.
Sobre el papel, había alcanzado todo aquello por lo que había trabajado durante años. "Google era flexible, me brindaba apoyo y estaba lleno de gente brillante. Tenía autonomía sobre mi trabajo, desde los proyectos hasta mi lugar de trabajo físico, y los beneficios eran increíbles", recuerda.
Su rutina combinaba programación y reuniones con clases de yoga, sesiones de gimnasio, comidas organizadas por la empresa y otras ventajas que muchas compañías utilizan para atraer talento.
El trabajo ideal dejó de hacerla feliz
Con el paso de los años, su puesto fue cambiando. Tras varios ascensos, dedicaba menos tiempo a programar y mucho más a reuniones y tareas de coordinación. Fue entonces cuando empezó a sentirse desconectada.
"Tenía la creciente sensación de que ese ritmo no era sostenible para mí. Esa estimulación constante —pantallas, plazos de entrega, notificaciones, expectativas— me estaba alejando de mí misma", explica al mismo medio. Durante la pandemia se trasladó junto a su pareja, Valentina, a San Diego. El cambio de entorno marcó un punto de inflexión.
El principio del comienzo
La cercanía del océano, la montaña y el desierto le permitió bajar el ritmo por primera vez en mucho tiempo. Empezó a disfrutar de pequeños momentos cotidianos, como pasear o simplemente percibir el aroma de jazmín por las tardes.
Intentó recuperar la motivación sin abandonar Google. Se formó en terapia del sonido, impulsó proyecto de diversidad e inclusión e incluso redujo su jornada laboral. Nada funcionó. "En algún momento comprendí que un trabajo puede cumplir con todos los requisitos —puede parecer perfecto sobre el papel— pero si le falta algo más profundo, no es suficiente", reconoce.
El viaje que cambió por completo su vida
A finales de 2022 tomó una decisión que, según admite, le daba vértigo. Sin un plan definido, dejó Google y, junto a su pareja, alquiló su apartamento de San Diego para viajar durante un año por Asia, Australia y Nueva Zelanda.
La mayor parte de ese tiempo la pasaron en Koh Tao, una pequeña isla de Tailandia. Allí desaparecieron los horarios, las reuniones y las notificaciones constantes. También apareció una afición inesperada.
El hobby se convertía en forma de vida
Sin formación artística previa, empezó a pintar acuarelas inspiradas en los paisajes de la isla, los mercados y las escenas cotidianas. Publicó sus primeras obras en grupos locales de Facebook sin demasiadas expectativas.
La respuesta fue inmediata. "La gente empezó a contactarme no solo para elogiar mi obra, sino también para comprarla. Me decían: 'Esto captura a la perfección mi recuerdo de este lugar'", explica.
De las reuniones de Google a crear su propio estudio
Cuando terminó el viaje, decidió convertir aquella afición en su nueva profesión. Fundó Swill Arts, un pequeño estudio desde el que crea ilustraciones originales en acuarela que posteriormente reproduce en láminas decorativas, artículos para el hogar y encargos personalizados para particulares y empresas.
Para reducir gastos, la pareja continúa llevando un estilo de vida flexible, cuidando viviendas en distintos lugares de EEUU mientras desarrolla el negocio. Sara reconoce que todavía no gana lo mismo que cuando trabajaba en Google, pero asegura que ya no mide el éxito de la misma manera.
Sus mañanas transcurren pintando y las tardes las dedica a la gestión del estudio, la comunicación con clientes y el desarrollo de nuevos proyectos. "Si una persona se detiene a reflexionar gracias a mi trabajo, si siente algo o recuerda un momento especial, eso es suficiente", afirma.
Después de años persiguiendo ascensos, estabilidad y objetivos profesionales, encontró en la acuarela una forma completamente distinta de entender el éxito. Una en la que, según resume, el valor ya no está en producir más, sino en emocionar a quien contempla su obra.