Sultan Kosen (43 años), el hombre más alto del mundo: "En los hoteles tienen que juntarme tres camas para que quepa"
"Tengo que viajar en furgonetas o coches descapotables", afirmó en una entrevista.

1,98 metros mide el astro del baloncesto mundial Michael Jordan. Por su parte, Pau Gasol alcanza los 2,15 metros. Son cifras astronómicas de estatura. En España, si bien la altura media ha mostrado un notable incremento, de acuerdo a datos de 2019, se situaba en 1,79 metros en el caso de los hombres y 1,62 metros en el de las mujeres.
Estos números están muy alejados de los 2,48 metros que mide Sultan Kosen, el hombre que ostenta el Récord Guiness como la persona viva más alta del mundo. Y es que el ex granjero turco de 43 años ya medía más de 1,5 metros a la tierna edad de 9 años.
"Como eran tan alto, mis amigos me tenían miedo y salían corriendo", reveló Kosen durante una entrevista en el podcast I Had a Doubt, donde reconocía que su más que elevada estatura le han supuesto problemas tanto físicos como psicológicos.
Un Récord Guiness que lo cambió todo
Así, su infancia estuvo marcada por una altura, la cual le trajo problemas de visión. Solo era capaz de mirar hacia adelante. Tanto condicionó para él que paso tiempo aislado en su dormitorio.
La vergüenza se apoderó de él y la ansiedad comenzó a hacer acto de presencia: "A medida que crecía, mi vida empeoraba; se volvía cada vez más sombría. Pensaba constantemente en qué sería de mí, si moriría, si viviría... Tenía mucho miedo; vivía con miedo constante", afirmó en el mencionado podcast.
Ante ello, los médicos descubrieron que su altura se debía a un tumor en la glándula pituitaria, lo que le llevó a someterse a una cirugía que, lamentablemente, en un primer momento, no surtió el efecto deseado. Seguía creciendo, pero fue un procedimiento de seguimiento en 2008 el que de verdad dio con la tecla: "Habría muerto", expresó Sultan.
A pesar de todas estas dificultades que hicieron mella en su salud mental y física, la visita de los funcionarios de Guinness World Records a su casa cambió su perspectiva. Y es que, además de ser condecorado como el hombre más alto del planeta, también ostentaba el récord de las manos y los pies más grandes del mundo.
Dormir en un hotel o montarse en un coche, todo un desafío
Estos reconocimientos le valieron para, por fin, sentirse aceptado, a pesar de que tiene que sobreponerse a desafíos constantes en tareas diarias como montarse en un coche o en sus vacaciones cuando tiene que dormir en hotel o desplazarse en avión.
"Tengo que viajar en furgonetas o coches descapotables. Tengo que viajar en clase ejecutiva o primera. No puedo viajar en clase económica, no con mi altura y cuando voy a un hotel, las camas normales me quedan pequeñas, así que me ponen tres camas individuales, una al lado de la otra, para poder dormir", dijo.
Ahora, dejando ya apartados y superados esos problemas de altura que un día le produjeron su estatura, disfruta de una altura y fama que le han llevado a tener "amigos en todo el mundo".
