Un británico de 61 años renuncia a pasar julio y agosto en su villa de Alicante de 276.000 euros: "Ya no tiene sentido pagar un avión para volar a un infierno en llamas"
"Con ese calor es imposible funcionar, ni mental ni físicamente".
Durante años, tener una casa en la costa española ha sido el sueño de miles de europeos. Sol, playa y temperaturas agradables eran el principal reclamo para quienes buscaban una segunda residencia en el Mediterráneo.
Sin embargo, el notorio aumento de las temperaturas que se está viviendo en todo el país está empezando a cambiar esa percepción, incluso entre quienes llevan décadas viajando al litoral español.
Es el caso de Andrew Taylor, un británico de 61 años que posee una villa en la provincia de Alicante y que, en una entrevista con el medio británico iNews, ha explicado que este verano ha tomado una decisión: no viajará a España en julio ni agosto porque considera que el calor hace imposible disfrutar de la vivienda.
"Antes nunca pasábamos de los 30 grados"
Taylor compró su primera vivienda vacacional en España en 1999 y desde entonces ha sido propietario de varias casas en Cabo Roig, una exclusiva y tranquila urbanización costera en la costa de Alicante.
La última vivienda la adquirió el año pasado: una villa de tres dormitorios frente al mar, con piscina y terraza, por 276.000 euros. Sin embargo, el propietario asegura que el clima ya no es el mismo, y que las subidas de las temperaturas han cambiado por completo su forma de disfrutar de su segunda residencia.
"Cuando compré mi propiedad, en Alicante las temperaturas en verano nunca superaban los 30 °C. Ahora, en julio, alcanzan los 40 °C", explica al medio el británico, quien por primera vez en más de dos décadas, ha decidido evitar los meses de verano.
Un verano condicionado por el calor
Su rutina durante las vacaciones también ha cambiado radicalmente. Cuenta que el verano pasado solo podía salir a primera hora de la mañana y al anochecer, mientras que el resto del día lo pasaba refugiado en casa o en espacios con aire acondicionado.
"Con ese calor es imposible funcionar, ni mental ni físicamente", sostiene Taylor, quien incluso asegura haber adoptado costumbres habituales en España, como la siesta, para sobrellevar las horas centrales del día.
Por ese motivo ha decidido retrasar sus viajes hasta septiembre. A ello se suma el elevado coste de los vuelos durante el verano, que, en su opinión, ya no compensa si gran parte del tiempo debe permanecer resguardado del calor.
"No tiene sentido pagar un avión para volar a un infierno"
"El verano pasado empecé a pensar que quizás ya no tenía sentido pagar para subirme a un avión y volar a un infierno abrasador", reconoce con una mezcla de miedo y tristeza, teniendo en mente que las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas en buena parte del sur de Europa.
Aunque Taylor insiste en que no tiene intención de vender su vivienda porque mantiene un fuerte vínculo con Alicante y ha hecho allí grandes amistades, reconoce que las altas temperaturas han cambiado y condicionado por completo su relación con el destino.
En este sentido, el británico también reconoce que antes apenas prestaba atención al cambio climático, pero que la sucesión de olas de calor le ha hecho cambiar completamente de opinión. "Es difícil refutar la evidencia de que el planeta se está calentando", concluye.