Goldman Sachs enfría la euforia de la IA: dos años y cientos de miles de millones después, su jefe de análisis dice que el negocio sigue sin demostrarse
Jim Covello, responsable global de análisis de renta variable del banco, sostiene que la inteligencia artificial ha avanzado mucho más rápido de lo esperado, pero sigue sin generar beneficios que justifiquen la gigantesca inversión realizada por las empresas.
La inteligencia artificial lleva más de dos años protagonizando una de las mayores carreras tecnológicas de las últimas décadas. Gigantes como Microsoft, Google, Amazon o Meta han invertido cientos de miles de millones de dólares en centros de datos, chips y modelos cada vez más potentes, mientras los mercados bursátiles celebran cada nuevo avance.
Sin embargo, una de las voces más escuchadas de Wall Street cree que sigue faltando algo fundamental: demostrar que todo ese dinero acabará generando beneficios reales.
Jim Covello, responsable global de análisis de renta variable de Goldman Sachs, ha vuelto a poner el dedo en la llaga al advertir de que la industria de la inteligencia artificial sigue sin resolver su principal problema económico.
Y, según él, la situación es incluso más preocupante que hace dos años.
"Estamos más lejos que antes"
En una entrevista recogida por Business Insider, Covello aseguró que el gran interrogante sigue siendo exactamente el mismo que cuando comenzó la explosión de la IA generativa.
¿Puede esta tecnología generar suficientes ingresos para justificar semejante nivel de inversión? Su respuesta no es especialmente optimista. "Nos hemos alejado más de esa respuesta en los últimos dos años en lugar de acercarnos", afirmó.
La razón es sencilla: cuanto más dinero invierten las empresas, mayores son también los beneficios que necesitarán obtener para que las cuentas terminen cuadrando.
Una industria donde ganan los fabricantes de chips
Covello reconoce que algunas cosas han superado incluso sus previsiones. La adopción por parte de los usuarios ha sido más rápida de lo esperado. Los modelos han mejorado a gran velocidad. Y las compañías siguen aumentando sus presupuestos destinados a inteligencia artificial.
Pero hay un detalle que le llama especialmente la atención. Según explica, gran parte del valor económico generado hasta ahora se ha concentrado en los fabricantes de semiconductores.
Es decir, en las empresas que venden los chips necesarios para desarrollar la revolución de la IA. Mientras tanto, muchas compañías que están construyendo productos y servicios basados en inteligencia artificial todavía no han demostrado que puedan obtener retornos equivalentes a las enormes cantidades que están gastando.
El miedo a quedarse atrás
Para el analista, existe otro factor que está alimentando esta carrera tecnológica: el miedo. O, más concretamente, el conocido fenómeno FOMO (fear of missing out), la sensación de que quedarse fuera puede resultar fatal si la tecnología termina transformando realmente la economía.
"Hay una enorme cantidad de FOMO en todos los niveles de la cadena", sostiene. En otras palabras, muchas empresas continúan invirtiendo porque temen que sus competidores descubran antes que ellas la fórmula ganadora.
La pregunta que sigue sin respuesta
La reflexión de Goldman Sachs llega en un momento en el que la inteligencia artificial parece más presente que nunca. Chatbots, asistentes virtuales, generación de imágenes, programación automática o herramientas de productividad forman ya parte del día a día de millones de personas.
Sin embargo, Covello insiste en que la cuestión decisiva sigue abierta. "En algún momento hay que ganar dinero", resume.
Porque, después de dos años de entusiasmo, récords bursátiles y una inversión sin precedentes, Wall Street empieza a plantearse la misma pregunta que muchos inversores llevan tiempo haciéndose: cuándo llegará realmente el negocio que justifique todo lo que se ha gastado hasta ahora.