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03/04/2014 07:33 CEST | Actualizado 02/06/2014 11:12 CEST

Diario de una JASP: En el nido materno

Conozco a muuuuuchos madrileños bien avenidos de 28 años que residen con sus padres porque es realmente genial ahorrarse una gran parte de lo que cobran cada mes. Qué fácil es gastarse ese sueldo en copas, ropa y viajes, y que lo demás lo paguen mamá y papá.

Oh my God. Las 8 de la mañana, y ya impregna toda mi casa un fuerte aroma a pollo frito. No me digas más... Ésta es mi madre preparándome el tupper de hoy. Cuántas veces le habré dicho que no hace falta, que he estado el último año en Dublín haciéndome la comida a diario, y que tampoco pasa nada si puntualmente no me da tiempo. ¡Ya me iré a comer fuera o compraré algo en el súper! Pues nada... Ella sigue en sus trece. Amor de madre, supongo (y digo de madre, porque eso mi padre no lo hace ni a cambio de un Madrid-Barça en el Bernabéu). Madruga para que le dé tiempo a cocinarme antes de irse a trabajar. Sé que lo hace con buena intención, ¡y aún así me pone tannnn nerviosa!

Bajo a la cocina y confirmo mis sospechas. "Hija, te pongo también una remolacha, no te vayas a quedar con hambre". "Sí, claro. Ahora me dices que es demasiada comida, pero luego bien que te cebas a galletas". GRRRRR... El cuerpo me pide espetarle que pare ya de ser mamá gallina, que ahora hago las cosas a mi manera. Pero me muerdo la lengua y apaciguo mi genio matutino estrujando la naranja contra el exprimidor a dos manos.

No me malinterpretéis; mis padres son LO MÁS. Abiertos, cercanos y modernos. Desde que llegué de Dublín no paro quieta, y utilizo su casa como un hotel. Ellos no dicen ni mú. Sin embargo, siento que necesito mi espacio. Y, además, mi espacio no está aquí, en esta urbanización de las afueras de Madrid, sino en el centro. Lo de las vistas a la sierra, queridos progenitores, está muy bien, pero no son para mí. Quiero pasar del coche y caminar entre las callejuelas estrechas de la capital. Quiero salir de casa y ver bares, tiendas y músicos. No quiero paz a mi alrededor, ¡quiero barullo!

Mi imaginación empieza a volar mientras riego la tostada con aceite de oliva virgen extra... Sueño con vivir en el centro, con alguna amiga, o con varias... Esperad... ¿Y si lo hago? Sería un poco arriesgado, dado que mi contrato es por obra y no creo que dure más de 4 ó 5 meses. También es cierto que no me pagan mal para cómo está el patio. Teniendo en cuenta que los gastos del emancipado en nuestro país ascienden a unos 500 euros al mes, puedo vivir perfectamente. Es más, si me lo propongo, puedo incluso ahorrar, y sacar un dinerillo extra escribiendo algún artículo. Si fui capaz de hacerlo en Dublín currando en una tienda, también podré aquí, ¿no?

Bufff... El tintineo de la cuchara contra la taza de café me hace volver a la tierra. Sé

realista, Vero. Sólo un 21% de los jóvenes españoles de entre 16 y 29 años están emancipados, dato que encuentra explicación en la coyuntura económica actual. Aunque, por otro lado, eso de vivir con nuestros padres hasta que nos salen canas, ¿no es, igualmente, algo cultural?

Sustituyo mentalmente mi rebanada de chapata por las french toast que desayunaba aquel mes que viví en Chicago con 16 años. Recuerdo pasar horas con la chica que me acogía en su casa mientras ella, con sólo un año más que yo, decidía a qué ciudad de Estados Unidos se iría a vivir unos meses después. Las french toasts desaparecen de mi cabeza y dan paso a los croissants que deglutía cada mañana en Montpellier. Los traía mi compañera de piso, francesa que se había independizado nada más terminar el bachillerato. Y es que en Francia están acostumbrados a volar del nido en cuanto empiezan la carrera, esté su facultad en su propia ciudad, o en otra distinta. De hecho, son los propios padres los que desean fervientemente liberarse de los hijos parásito, tal y como muestra la peli gala Tanguy. En España, por el contrario, domina la percepción de que cuanto más tiempo se quedan los hijos en casa, más fuerte es el vínculo entre los miembros de esa residencia - ABSURDO, creo yo-.

Tráiler de la película Tanguy

"Mua, mua, mmmmua. Cómetelo todo, ¿eh?" Mamá gallina contraataca. Pero cómo la quiero y qué unidas estamos... Ahora que lo pienso, hay algo positivo en esa manía de independizarse tarde: es buenérrimo que el concepto de familia esté tan arraigado en nuestra cultura, que sea un núcleo tan importante en nuestras vidas. Pero bfff..., pecamos de ser demasiado cómodos. Conozco a muuuuuchos madrileños bien avenidos de 28 años que residen con sus padres porque es realmente genial ahorrarse una gran parte de lo que cobran cada mes. Qué fácil es gastarse ese sueldo en copas, ropa y viajes, y que lo demás lo paguen mamá y papá. Qué fácil es levantarse y ponerse la camisa planchadita que ayer mismo se echó a lavar. Qué fácil es llegar a casa y servirse un plato calentito de lo que acaban de cocinar. ¡Y qué patético es que, con su edad, sus madres sigan preparándoles tuppers a diario!

¡Ay! ¡El tupper! Con tanta reflexión se me ha olvidado cogerlo. Salgo del coche y vuelvo a la cocina corriendo. Joe, no me da tiempo a meterlo en una bolsa. Da igual, parece que está bien cerrado. Recorro la M-40 jugándomela con los radares. Aparco, pongo un pie en el suelo, agarro el tupper y, al salir... ¡PATAPUM! Le doy un golpetazo contra el volante, haciendo saltar por los aires la remolacha, partida en 28.302.830.198.301 diminutos trocitos por mi querida madre. Trocitos que, a su vez, impactan contra mi blanco y pulcro jersey, bajo el que, por cierto, no llevo camiseta. ¿Opciones? Marcarme un guaraná en plena oficina, o decir la verdad. Mmmm... casi mejor la segunda opción. Entro en la productora con la cabeza gacha, tapándome la cara con el pelo, como la chica de The Ring. Prolongo el trayecto hasta mi silla parando en la cocina, para depositar el tupper vacío en la pila. Me acerco a mi mesa y... empieza el show. Las carcajadas de mis compañeros comienzan a resonar a mi alrededor y me temo que no dejarán de hacerlo hasta las 7 de la tarde... Lo tengo claro. El próximo tupper que me traiga no tendrá remolacha, porque lo prepararé yo misma. ¿Y sabéis dónde lo prepararé ? En la que será mi nueva casa. Keep Tuned...

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