POLÍTICA
04/05/2013 20:57 CEST | Actualizado 04/05/2013 20:57 CEST

Elecciones internas de los partidos: los distintos caminos al poder

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Llegar a lo más alto en un partido es una tarea ardua, complicada, con luces y sombras. ¿A quién tienen que conquistar los aspirantes para poder ser cabeza de cartel o el líder? Detrás de las entrevistas y los anuncios rimbombantes, los políticos con ambición se han tenido que trabajar más los pasillos que el sí de sus militantes para alcanzar el máximo escalón.

Poco a poco, sistemas de elección más abiertos se van haciendo hueco en la democracia española. El PSOE se ha mostrado dispuesto a adoptar el modelo de primarias directas para elegir a su secretario general. Y no se queda ahí, quiere arrastrar al resto de partidos a esta fórmula.

EN BUSCA DEL LÍDER

Los socialistas se encuentran en pleno debate sobre la futura forma de designar a su líder (además del ya recurrente debate de nombres). Hasta el último congreso, celebrado en Sevilla y en el que se impuso Alfredo Pérez Rubalcaba, se ha escogido al secretario general mediante votación de delegados. Todo quedó en manos de 956 personas.

Este sistema puede tener los días contados. La dirección del PSOE pretende dar un paso más, instaurar unas primarias directas, como ya tienen para elegir a su candidato a la Presidencia del Gobierno, y reformar la ley de partidos para que lo aplique también el resto con sus 'espadas' electorales. El diputado socialista Pedro Sánchez explica a El Huffington Post que quieren una “mayor participación en la elección de liderazgos”.

“Cada partido que se organice como quiera”, replica desde el PP el coordinador de Organización, Juan Carlos Vera, que se pregunta: “¿Por qué me tengo que someter a lo que quiera el PSOE?”. Los populares fijaron, según recuerda este dirigente, su sistema actual en el congreso de Valencia de 2008. La designación de su presidente recae en el sufragio de los compromisarios, que pueden ser natos (miembros de la Junta Directiva y de la Comisión Organizadora) o electos.

Este último grupo debe ser al menos cuatro veces superior al de los natos. Para su selección, se organizan votaciones en las juntas locales entre aquellos afiliados que quieran acudir al cónclave. Al congreso no se va con mandato de votación, especifica Vera.

Los candidatos para ser el capitán del PP tienen que estar avalados al menos por el 20% de los compromisarios. Previamente, tienen que haber presentado cien firmas de afiliados y si hubiera más de un aspirante, se organizaría una campaña interna de 21 días.

A nivel nacional, señala Vera, no ha habido más de un candidato desde que se aprobó este modelo en el congreso, al que solo se ha presentado Mariano Rajoy. Sí hay ejemplos en el ámbito autonómico, como la competición ganada por José Ramón Bauzá para dirigir el PP balear.

En Izquierda Unida tampoco existe la elección directa de su líder. Para llegar a ser coordinador hay que superar varios capítulos. La federación de izquierdas organiza primero una asamblea en la que votan una serie de delegados. De aquí sale una parte de los componentes de Consejo Político Federal, que junto a los designados por las organizaciones territoriales, ratifican posteriormente a su jefe.

En cambio, en UPyD son firmes defensores de las primarias directas para el nombramiento de sus cargos. El diputado Carlos Martínez Gorriarán subraya que este sistema hace que el partido sea “más abierto, participativo y democrático”. A su juicio, hay un “déficit importante de calidad democrática” en las formaciones españolas. “De ahí vienen muchos problemas”, apostilla.

No obstante, precisa que en la práctica no se da la participación que se quisiera y la cifra entre el 30% y el 60% en este tipo de procesos.

CABEZA DE CARTEL

Primarias abiertas ‘a la francesa’ para ser el candidato a la Presidencia del Gobierno. En esto trabajan los socialistas que quieren dar un “salto cualitativo”, según Sánchez. Este modelo fue el utilizado por sus compañeros galos en 2011, cuando pudieron participar todos los ciudadanos pagando un euro y firmando una declaración de adhesión a los valores de la izquierda.

Los socialistas no son ajenos a este tipo de elecciones directas. Esta práctica, habitual en el PSOE durante la II República, se retomó en el partido en 1997. Una de las pugnas más sonadas desde entonces fue la que enfrentó al entonces secretario general, Joaquín Almunia, con Josep Borrell para ser el rival de José María Aznar en los comicios del año 2000.

Otras competiciones internas que dieron que hablar fueron las disputadas por Tomás Gómez y Trinidad Jiménez para encabezar la candidatura a la Comunidad de Madrid y la de Jordi Hereu contra Montserrat Tura para la Alcaldía de Barcelona.

Hay que “abrir este proceso a la ciudadanía”, sostiene Sánchez, que remarca que el PSOE siempre ha estado a la “vanguardia en democracia interna de los partidos”. La intención de que voten los simpatizantes es dotar de “mayor legitimidad” al candidato.

“Cuanto más directa sea la elección, mayor será la proximidad entre el votante y el elegido”, agrega. Pero, según el parlamentario, tampoco hay que quedarse en este punto porque se debe romper la “idea” de que la democracia se pone en práctica cada cuatro años, ya que los ciudadanos, en su opinión, quieren una participación más activa.

En el PP, los estatutos son muy claros sobre el candidato y no dejan opción: será el presidente nacional del partido. En los supuestos de dimisión, fallecimiento o incapacidad, la Junta Directiva Nacional -a propuesta del Comité Ejecutivo Nacional- lo elegiría, siempre que no se convocara un congreso extraordinario.

Cualquier cambio de modelo deberían decidirlo los afiliados del partido, declara Vera. El coordinador tiene la opinión personal de que las primarias “no resuelven los problemas internos”. “¿Por qué el PSOE quiere trasladar sus problemas al resto de partidos?”, cuestiona.

Las primarias para elegir candidatos es un “sistema muy competitivo”, relata desde UPyD Martínez Gorriarán, que entiende que “hay que aprender a convivir con ellas” y con las “broncas”. Lo que hay que conseguir, prosigue, es que se cumplan “las reglas del juego” y haya “juego limpio”.

LA EXPERIENCIA DE GANAR UNAS PRIMARIAS

Tuvieron que pasar 21 años para que Izquierda Unida celebrase unas primarias en 2007 para elegir a su candidato a la Presidencia del Gobierno. Las opciones eran Gaspar Llamazares -entonces coordinador federal- y Marga Sanz -candidata del sector crítico-. Fue una “experiencia positiva”, comenta el diputado asturiano, que se alzó con la victoria con más del 62% de votos.

A su juicio, este proceso supuso una “legitimación” de su candidatura para los comicios de 2008. Lo que más destaca de aquella época fue la alta participación de afiliados y su relación con ellos durante la campaña.

Quedaron pendientes algunas cosas, añade Llamazares, como la implicación de los simpatizantes. “Y sobró crispación interna. En vez de evaluar al candidato, parecía más una moción de censura al coordinador”, lamenta.

Según el parlamentario, en la izquierda existe un “prejuicio” respecto a las primarias porque se ven como algo “americano” y “personalista”. Frente a ellas, explica, se suele optar por “algo más plural, por la dirección colectiva”.

Ya ha pasado por varias primarias Juan López de Uralde, portavoz de EQUO. “Es un sistema de sanidad democrática”, resume, a la vez que asegura que hay “una evolución hacia una democracia más participativa”.

Para llegar a ser el candidato a las elecciones de noviembre de 2011 superó a una veintena de aspirantes en unas elecciones abiertas. El grueso de la campaña y de la votación se hizo por internet, rememora Uralde, que recalca que este sistema también se aplica para la elección de todos los órganos internos del partido.

Para el portavoz de EQUO, que el liderazgo se haga “por designación” hace que se “premien las lealtades y no las capacidades”. En este punto, argumenta que los ciudadanos que tienen interés por la política se implican “mucho más” con procesos abiertos.

Con la clase política escalando posiciones en la lista de problemas para los españoles y la demanda de muchos ciudadanos de reconstruir el actual sistema de participación, los partidos se mueven para volver a atraer a unos votantes cada vez más desencantados. ¿Cuál será el siguiente paso?