INTERNACIONAL
25/06/2013 11:00 CEST | Actualizado 24/08/2013 11:12 CEST

Hamad bin Jalifa al Thani, emir de Qatar, abdica en favor de su hijo Tamin bin Hamad al Thani

AFP

El emir de Qatar, el jeque Hamad bin Jalifa al Thani, ha anunciado su abdicación en favor de su hijo y heredero, el jeque Tamim bin Hamad al Thani, y ha apuntado que, a partir de ahora, ocupará "otra posición para servir a la nación y al pueblo".

"Ha llegado el momento de pasar una página de la historia de nuestra nación. Declaro que entregaré las riendas a mi hijo, el jeque Tamim bin Hamad al Thani", ha manifestado, según ha informado la cadena de televisión qatarí Al Yazira.

"Estoy seguro de que el jeque Tamim está preparado para cumplir con sus responsabilidades y merece toda confianza. Estoy convencido de que vosotros (la población) le apoyaréis tanto como me habéis apoyado a mi", ha agregado.

Asimismo, el emir qatarí ha destacado que "siempre ha trabajado en favor del interés de la nación" y que, por este motivo, "ha llegado el momento de iniciar un nuevo capítulo, en el que una nueva generación dé un paso al frente para asumir responsabilidades con su potencial y pensamiento creativo".

UNA TRANSICIÓN SIN SOBRESALTOS

El emir, de 61 años, convocó el lunes a miembros de su familia y a otras personas partícipes en el proceso de sucesión qatarí aparentemente para zanjar las especulaciones surgidas en las últimas semanas en torno a una hipotética abdicación.

El ascenso al poder del jeque Tamim, de 33 años de edad y cuarto hijo del emir de Qatar, podría suponer la destitución del primer ministro desde 2007 y exministro de Exteriores, Hamad bin Jassim bin Jaber bin Mohamad Al Thani, que goza de gran prestigio internacional y mantiene una sólida influencia en Qatar.

El jeque Tamim asume así el mando del país, donde viven unas dos millones de personas, con la experiencia de haber participado en el gobierno del lado de su padre. Con su llegada al poder no se esperan grandes cambios, según analistas consultados por la agencia Reuters, que atribuyen la sucesión a un intento del actual emir por asegurarse, en vida, una transición sin sobresaltos.