INTERNACIONAL
03/10/2015 10:24 CEST | Actualizado 03/10/2015 10:24 CEST

Lagard-iana de la Galaxia

AP

Desde que Christine Lagarde sustituyera a Dominique Strauss-Kahn como directora del Fondo Monetario Internacional en 2011, esta abogada y política francesa de 59 años se ha visto en el centro de no una, sino varias, emergencias globales. Además del futuro de la moneda común, la crisis económica de Europa también ha amenazado la propia idea de la Unión Europea. Ahora, con una todavía debilitada economía, el continente debe hacer frente al mayor flujo de refugiados que se ha visto en el mundo desde la caída del fascismo. Bajo el liderazgo de Lagarde, se ha ampliado el poder del FMI, cuyo papel no solo resulta clave tras la quiebra de los mercados, sino también a la hora de emitir informes controvertidos sobre el impacto económico del calentamiento global, la desigualdad y la discriminación de género.

Entrevistar a Lagarde no es como entrevistar a la mayoría de políticos o figuras públicas. Ella escucha con atención, inclinada hacia adelante desde su silla. También se ríe bastante y nunca mira su teléfono (lo cual raya lo increíble) y responde a preguntas sobre todo tipo de temas sin filtrar demasiado. Durante nuestra conversación de una hora, que se ha editado y condensado, habló sobre sus frustraciones con respecto a Grecia, sobre sus conversaciones privadas con Angela Merkel y Hillary Clinton y sobre su opinión de las reacciones de la gente ante una mujer poderosa.

Isaac Chotiner: El antiguo secretario de Estado de EEUU Henry Kissinger u otra persona, no me acuerdo de quién (y lo siento) dijo...

Christine Lagarde: [Risas] Lo voy a ver hoy.

IC: Entonces lo siento doblemente. Hizo algún comentario sobre el momento en que hay un problema en Europa, cuando descuelgas el teléfono y no sabes a quién llamar.

CL: Ya, ya, ya.

IC: ¿A quién llama usted, entonces?

CL: Imagíneselo.

IC: A Angela Merkel.

CL: [Asiente y sonríe].

IC: Interesante.

CL: Es la verdad. También llamo a Pierre Moscovici y responde al teléfono.

IC: ¿Es que Merkel no coge sus llamadas?

CL: No, no, no, sí que las coge. Trabajamos juntas. Primero por mensaje, y luego hablamos cuando las dos estamos disponibles.

IC: Grecia y sus acreedores han llegado a un acuerdo, que incluye un rescate a cambio de subidas de impuestos y recortes en los gastos, para evitar que aumente la deuda y mantener al país en el euro. No obstante, dado que Grecia y Alemania mantienen la misma moneda, lo cual algunos consideran como el pecado original, ¿qué es lo que evitará que vuelvan a darse estos problemas?

CL: En primer lugar, entiendo por qué comparas Grecia por un lado y Alemania, por otro. Pero hay más países en los que los cambios de la fuerza de la economía y el equilibrio de los pagos podrían suponer obstáculos para la integración. Irlanda, Portugal y, finalmente, España. Claramente, estos tres países demuestran que se puede restablecer la situación y los países pueden seguir funcionando.

IC: Pero, ¿el problema de una moneda común no es que si un país toma decisiones equivocadas, pone en peligro a todos los demás? Parece muy probable que, aunque Grecia sobreviva, esto vuelva a ocurrir.

CL: Podría. Podría. La consecuencia de que Grecia forme parte de una única moneda es que, efectivamente, pierde una herramienta contra la recesión. No puede recurrir a la devaluación, a diferencia de los países de fuera de la zona euro. Al devaluar la moneda, te haces más competitivo. Así que tienes que restaurar la productividad de dos maneras: actuar sobre los costes laborales únicos, como sucedió en Portugal, España, Irlanda y Grecia. Y mejorar la economía en general reestructurándola para hacerla más ágil y abierta a la innovación. Esta es una decisión que Grecia tiene que tomar todavía. El otro punto sobre Grecia, que creo que la convierte en un caso especial en la Eurozona, es que hubo una cultura de… [pausa]

No dijimos "perdonar". Dijimos "reestructurar".

IC: Puede ser grosera. No pasa nada.

CL: No quiero ofender a la gente. Están intentando cambiar esta cultura. Pero había una cultura —en un determinado nivel de la sociedad— que consistía en no contribuir a la sociedad mediante el pago de impuestos. Según la Constitución, toda la industria del transporte marítimo (que equivale al más del 7% del PIB en Grecia) está exenta de impuestos. Y con el tiempo, la definición de lo que era transporte marítimo fue ampliándose poco a poco. Una de las propuestas sobre la mesa es restringir la definición de industria del transporte marítimo y hacer que paguen impuestos. Es un poco raro. Hace 18 meses, la industria del transporte marítimo ofreció de forma voluntaria una contribución a las autoridades fiscales griegas porque no pagaban nada. Esto no ocurre en muchos sitios.

IC: El FMI publicó un informe hace varios meses en el que se afirmaba que las deudas de Grecia tendrían que reestructurarse o perdonarse y que esto era inevitable.

CL: No dijimos ‘perdonar’. Dijimos ‘reestructurar’.

IC: ¿Cree que el FMI podría o debería haber dicho esto hace cinco años? ¿Podría haber cambiado algo, teniendo el cuenta lo mal que lo ha pasado Grecia?

CL: Apostamos muy fuerte por la primera reestructuración de la deuda del sector privado en invierno de 2011 o 2012.

IC: Aun así, eso es bastante tarde, teniendo en cuenta cuándo empezó la crisis, ¿no?

CL: Ya, es que es muy fácil decirlo a posteriori. Pero en ese momento yo no estaba en el FMI y no existía el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Y nadie, en nuestros países, quería que un caso aislado se reprodujera en toda la Unión Europea. ¿Va usted a escribir un libro sobre Grecia?

IC: Esta es la última pregunta sobre Grecia. Cuando el FMI publicó este informe…

CL: A la gente no le gustó.

IC: ¿No les gustó porque no estaban de acuerdo con la economía o porque reestructurar la deuda griega habría sido un enorme problema político?

CL: Creo que era más bien por el problema político. Con ese nivel de deuda, con esas fechas pago, con esa falta de atractivo de Grecia como destino financiero, todo el mundo sabía que [la reestructuración] tenía que ocurrir.

IC: Entonces cuando habla con Angela Merkel o con el ministro de Finanzas alemán, ¿cree que saben que reestructurar la deuda es inevitable y su oposición es por el electorado alemán?

CL: Creo que hay una gran dimensión política en ello.

IC: ¿Considera que en Europa ya se ha aprendido la lección de que la austeridad en momento de crisis no funciona?

CL: No creo que en este momento haya austeridad. Hoy en día no hay contracción fiscal. España lo ha hecho bastante bien. Reino Unido ha utilizado mucha mano dura -lo siento, no debería decir esto-. Su discurso sobre la consolidación fiscal ha sido demasiado duro. En resumidas cuentas, ¿ha funcionado la austeridad? Lo que ha funcionado realmente es una disciplina bien equilibrada.

IC: ¿Y en muchas de esas negociaciones estaba usted?

CL: Sí.

IC: Debe ser fascinante estar con gente de tantos países y culturas diferentes, desde Alexis Tsipras hasta Merkel.

CL: Bueno, antes de que estos encuentros tengan lugar, ya ha habido muchas pre-reuniones para sentar las bases de antemano. Luego empieza la sesión plenaria y se hacen comentarios de todo tipo. Después vienen los obstáculos. Entonces alguien dice: “Vamos a hacer una sesión de grupo”, y se intenta avanzar. Y luego se va a la sesión plenaria. La duración de esas sesiones de grupo te dirá sin duda el tamaño de los obstáculos. Así estuvimos dos noches de seguido a mediados de julio poco después del análisis de la deuda en Grecia. La última reunión bilateral duró mucho. Dos o tres horas. Y, al final, acabó con cuatro actores en la sala. Pero no te diré quiénes eran.

IC: ¿No?

CL: No. [Risas].

Cuando una mujer interviene, la gente se pone a hablar, a mirar el correo electrónico o a hacer cualquier otra cosa.

IC: Cambiemos de tema: usted ha hablado sobre el hecho de ser mujer en una posición de liderazgo. ¿Alguna vez ha sentido que los líderes mundiales o banqueros centrales la tratan de forma diferente por motivos de sexo?

CL: [Larga pausa.] No. No siento que me traten de forma diferente, pero todavía tengo dudas de si es por la institución que represento y la autoridad que conlleva, o si tiene que ver con el respeto hacia mí como sería el respeto hacia un hombre. Todavía me queda una pequeña duda de si las reacciones ligeramente despectivas hacia mis opiniones se deben a que soy mujer. Quizás estoy siendo injusta, porque creo que la gente en las reuniones y en grupos grandes suele mostrarse respetuosa hacia los puntos de vista del FMI tal y como los expreso. Pero diré una cosa: me he dado cuenta de que cuando una mujer interviene, la gente se pone a hablar, a mirar el correo electrónico o a hacer cualquier otra cosa. Es muy, muy extraño. Al participar en grupos mixtos grandes...

IC: ¿Deberíamos estar más atentos a esto?

CL: Sí. Hay veces en las que presido algunas de esas reuniones y cuando veo que pasa, doy pequeños golpes al micrófono.

IC: ¿Alguna vez ha hablado con Merkel sobre el tema? Se podría decir que es una de las tres o cuatro personas más poderosas del mundo y no recuerdo la última vez que ocurrió algo así.

CL: Creo que Thatcher fue la última, al menos en la escena europea. Lo he comentado con ella, pero tiene una postura diferente.

IC: ¿Y eso?

CL: Bueno, es mejor que ella diga lo que piensa, pero creo que ha tenido una experiencia diferente en lo que a desigualdad y discriminación se refiere. Y eso es lo que explica sobre sí misma. Al haber nacido y crecido en la Europa oriental, [Merkel] no experimentó discriminación entre chicas y chicos. Todo el mundo iba a la escuela. Dice que nunca sintió discriminación en el sistema de la Europa del Este. Lo cual no quiere decir que lo defienda.

IC: ¿Tiene algún consejo para las mujeres que aspiran a la presidencia, como Hillary Clinton, sobre cómo lidiar con la discriminación sexista?

CL: No necesita mis consejos. Es una mujer fuerte. Tiene la piel curtida [...]. Es lo que se necesita en el mundo de la política, y más si eres mujer.

Si el flujo de refugiados se gestiona de forma adecuada, debería ser positivo para una sociedad que está envejeciendo.

IC: Pasemos a otro tema que, aparentemente, no está del todo dentro del ámbito de actuación del FMI: los refugiados en Europa. ¿De qué forma se ha implicado el FMI en la cuestión?

CL: Le daré un ejemplo. Hemos puesto en marcha un programa con Jordania. Jordania ha aumentado su población un 25% con la llegada de refugiados sirios. Se modificó por completo su programa de consolidación fiscal para que los jordanos pudieran sobrellevar el flujo de refugiados. Lo segundo que estamos haciendo, y espero que ayude a los europeos, es una parte de trabajo analítico sobre el impacto económico de la migración y las formas en que los refugiados son acogidos o no, y cuánto puede ayudar a los países donde el envejecimiento de la población se está convirtiendo en un gran problema económico.

IC: Parece que los alemanes consideran que de alguna forma esto podría ser una oportunidad.

CL: Y tienen razón.

IC: ¿Cree que están en lo cierto?

CL: No quiero lanzar juicios precipitados porque no he realizado un análisis previo, pero estoy convencida de que, efectivamente, si el influjo se gestiona de forma adecuada, debería ser positivo en una sociedad que está envejeciendo y que tiene espacio fiscal para acomodarlo.

IC: Muchas gracias.

CL: Hay algo que no me ha preguntado y me gustaría decir. Pienso que resulta imprescindible tener instituciones multilaterales y fuertes, y no soy capaz de entender por qué las autoridades estadounidenses no han ratificado la reforma del FMI [...]. Pero bueno, el otro día fui a misa y el papa dijo que debíamos tener esperanza. Así que mantengo la esperanza.

Esta entrevista fue publicada originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducida del inglés por Marina Velasco Serrano