ECONOMÍA
03/08/2018 07:16 CEST | Actualizado 03/08/2018 07:16 CEST

¿Se mueren los juguetes?

Son un producto de lujo en los países desarrollados y de primera necesidad en los del Tercer Mundo.

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Algunos expertos hablan de la muerte anunciada del sector juguetero, otros de una tendencia a languidecer que no tiene vuelta atrás. El caso es que, a raíz de los resultados presentados por Mattel, el runrún del mercado no podía ser más negativo.

No se venden juguetes. Ya lo sabíamos. Lo supimos el día en el que el mayor supermercado de juguetes del mundo, Toys'R'Us, anunció su disolución. Hay dos razones para ello que no hemos querido ver: la primera de ellas, la competencia de los juguetes made in China, mucho más baratos. Efectivamente, en Europa y en Estados Unidos se han invertido cientos de millones de euros en concienciación ciudadana para que no se comprasen juguetes que no tuvieran el sello de la UE o de EEUU. Sin embargo, en época de crisis lo que menos miran los consumidores, como se ha demostrado, es el sello. El precio, sin igual, no tiene competencia. Y los fabricantes chinos están invadiendo el mercado.

En Europa y en Estados Unidos las multinacionales jugueteras van dejando productos de lujo: esos juguetes que cada vez se compran menos por inferior capacidad adquisitiva y porque el ocio de los más pequeños se llama 'dispositivo electrónico'.

Además de dispositivos de adultos, aquellas compañías jugueteras que, por ejemplo, desarrollaron ordenadores para niños durante la primera década de los 2000 van buscando poco a poco el desarrollo de otros nichos de mercado como aplicaciones educativas y divertidas para los dispositivos de adultos.

A partir de los 6 ó 7 años los niños ya no quieren juguetes, quieren jugar con teléfonos, ordenadores o tablets. El dispositivo de los padres se ha convertido en el juguete más deseado. Hasta que éstos sucumben, cada vez antes, a comprar uno para ellos.

Y en éstas estamos. El juguete es un producto de lujo en los países desarrollados, y de primera necesidad en los países del Tercer Mundo. Pero claro, a precios que se puedan pagar en esos países. La deslocalización a China ha fomentado que en los países menos favorecidos y en vías de desarrollo se vendan más juguetes tradicionales que nunca. Y también que los fabricantes de juguetes con plantas en Europa o Estados Unidos cierren de forma sistemática.

No hay ingresos para mantener unos costes de producción espectaculares en el primer mundo. De ahí la transformación de la industria: juguetes fabricados a menor coste en terceros países para vender en mercados poco maduros.

Mattel despedirá a 2.200 empleados y cerrará sus plantas en México para intentar ahorrar unos 600 millones de euros, tras registrar unas pérdidas superiores a los 290 millones de euros. Ni Barbie ni Ken son ya reclamo para los niños del primer mundo. Sus videojuegos, igual sí.