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09/10/2018 11:15 CEST | Actualizado 09/10/2018 18:49 CEST

Sindy Takanashi: de prostituta a dueña del salón de belleza más mediático de España

Abrió una tienda de 8 metros cuadrados hace tres años y ahora protagoniza 'Las Uñas', cuya segunda temporada se estrena el próximo martes.

Con 18 años Sindy Takanashi se hizo trabajadora sexual para poder lograr su sueño: ahorrar mucho dinero en poco tiempo y abrir un salón de belleza en Madrid. Lo consiguió hace tres años, cuando inauguró un establecimiento de ocho metros cuadrados en el que trabajaba hasta 12 horas diarias. Ahora va a abrir su segunda tienda en la capital y la primera en Barcelona, ha pasado de tener los 104 seguidores que tenía ese primer día a tener casi 60.000 en su cuenta personal de Instagram y 83.600 en la de la empresa, Be Boo. Se trata del salón de belleza "más mediático de España" —como ella cuenta a El HuffPost— que a su vez se ha convertido en un plató de televisión.

AMAYA VILLAR NAVASCUÉS

Allí graba Las Uñas, un programa de Flooxer en el que Sindy hace las manicura a diferentes famosos e influencers mientras habla con ellos sobre temas que "no salen en otros medios", desde el abuso infantil a la discriminación de género, la transexualidad o la violencia sexual. Ella misma fue víctima de violencia de género, como reveló en el último capítulo de la primera temporada. "El programa fue una oportunidad para dar voz a diferentes injusticias y realidades que veo", asegura días antes de que se estrene la segunda temporada, que llega el martes 16 de octubre a la cadena.

Mimi, Andrea Compton, Soy Una Pringada o Laura Escanes

"En la realidad, las manicuristas somos casi psicólogas", explica en su local, rodeada de personal que está recibiendo a las primeras clientas de la mañana. Por eso, de la primera temporada, estrenada en junio de 2018, se queda con "la cercanía" de los invitados: "Fue muy personal". "La segunda temporada va a ser el mismo formato pero me gustaría que fuese más de una persona con diferentes puntos de vista", explica.

En los capítulos ya emitidos de la primera temorada se puede ver a famosos como Mimi (OT), la actriz porno Amarna Miller e influencers como Soy Una Pringada o Andrea Compton. "No me ha impactado ninguna de las historias porque soy conocedora de ese tipo de realidad, aunque sí me llamó la atención la de Yaiza Redlights", explica. Yaiza Redlights es una youtuber con su propia tienda de juguetes eróticos que contó que había sido víctima de abuso infantil.

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"En la segunda temporada va a haber un capítulo que va a tratar ese tema con una persona muy cercana a mí, un capítulo que me va a emocionar muchísimo y que es muy personal. Entonces se entenderá por qué el de Yaiza me caló tanto", adelanta Sindy. Otro capítulo que considera de los más necesario es el de su entrevista con Laura Escanes: "La gente piensa que es una básica y rompimos esa barrera de pensar que las influencers son inalcanzables. Escucharla hablando de que ha sufrido violencia sexual te hace romper la barrera y ver que ese tipo de cosas les pasa a todas las mujeres".

Del trabajo sexual a un salón de belleza

Puede resultar paradógico que Sindy pasase de ser trabajadora sexual a abrir un salón de belleza y ser una incansable activista feminista. "He llegado hasta aquí trabajando muchísimo", asegura. Se hizo prostituta nada más cumplir los 18 años, pero "no era vocacional". "Quería saltarme el tener un empleo veinte años para pedir un préstamo para montar mi propio negocio", explica. Estuvo trabajando en tiendas 40 horas a la semana por 700 euros: "No podía estudiar o abrir mi negocio en ese momento porque mi familia es muy humilde, por eso decidí saltarme todo el paso y trabajé muy poco tiempo, lo necesario para abrir mi primera tienda". La inauguró poco después en el centro de Madrid.

Gracias a internet dimos el primer boom y ahora llevamos tres años", explica. "Era una tienda céntrica, nos curramos un buen escaparate y pusimos muchas uñas muy decoradas. Un día vino Blanca Suárez, se hizo las uñas y se convirtió en clienta habitual y, a raíz de ella, empezaron a venir más influencers", recuerda. Eso sí, pagando. "Hay gente que se piensa que llamo a las famosas y les pago para que vengan, pero no es así", incide.

"En realidad no sé en qué momento se ha convertido en el salón de belleza más mediático de España. Soy consciente de que el tema del feminismo con un salón de belleza puede despertar sentimientos encontrados, pero aquí también les hacemos las uñas a un montón de tíos y rompemos roles y canónes", asegura.

Soy consciente de que el tema del feminismo con un salón de belleza puede despertar sentimientos encontrados

El feminismo, una parte esencial de su vida

Sindy ha contado en el último capítulo de la segunda temporada que, aunque ella es una feminista declarada, hubo una época en la que el feminismo le dio la espalda: cuando ejerció como prostituta. "No estoy a favor de la prostitución, pero creo que hay que dar derechos a las trabajadoras sexuales. Yo no animo a las mujeres a que sean prostitutas, lo que creo es que no es feminismo que haya mujeres luchando para que uno de los colectivos más oprimidos no tenga derechos", explica.

No estoy a favor de la prostitución, pero creo que hay que dar derechos a las trabajadoras sexuales.

El rechazo que recibió entonces no ha sido un impedimento para que haga del feminismo su bandera, hasta el punto de fundar Mood Boo, un grupo de personas formado por gente del colectivo LGTBI. "Básicamente damos voz a través del foro a diferentes injusticias y opresiones", explica.

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Han sacado merchandising como gorras, camisetas o mochilas y ahora una línea de joyas: "El 100% de algunos productos que vendemos se dona a causas benéficas y, por ejemplo, de las joyas, se dona un porcentaje a causas benéficas y el otro se dedica a abrir un taller para trabajadoras sexuales y para mujeres que están en la cárcel con sus hijos".

El suyo es un caso similar al de Soy Una Pringada, en ambos lo normativo se queda a un lado y los jóvenes dan una oportunidad a algo diferente, un formato innovador e incómodo para aquellos que no salen de su zona de confort.