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07/03/2014 07:03 CET | Actualizado 06/05/2014 11:12 CEST

Cómo curarse del sida

Hace unos días un general/médico del ejército, salió en una rueda de prensa para anunciar un descubrimiento histórico. Eran dos máquinas, una permite descubrir si la persona padece de hepatitis C o sida solo acercándose a ella; la otra, cura estas enfermedades en cuestión de horas.

He dudado en escribir este texto por lo sensible del tema y por no herir la sensibilidad de los enfermos de sida o de hepatitis C que puedan leerlo. Finalmente, aquí está, añadiéndole dos historias cortas.

Historia 1: Ser egipcio para curarse del sida

Se dice que en Egipto alrededor de un 30% de la población padece de hepatitis C. Una enfermedad complicada y cuya curación resulta muy cara, lo que la convierte en un problema social de primer grado. Por supuesto, no hay cifras de enfermos de sida debido a los tabús que rodean a esta enfermedad.

Hace unos días un general/médico del ejército, salió en una rueda de prensa para anunciar un descubrimiento histórico del ejército egipcio y de su equipo de investigación. Eran dos máquinas, una permite descubrir si la persona padece alguna de estas dos enfermedades solo acercándose a ella; la otra, cura estas enfermedades definitivamente y en cuestión de horas.

El médico/general dijo literalmente: "Vamos a extraer el virus del enfermo, ya sea de sida o de hepatitis C, lo colocaremos en el interior de un rollo de carne picada [kofta] a la plancha y se lo daremos a comer; así se curará". Por supuesto, no ha utilizado terminología científica, ni se ha basado en estudios, ni en pruebas, ni en nada parecido. Solamente tenemos que creernos lo que dice y ya está.

Esta es la promesa del ejército: que a partir del 30 de junio, y sólo destinados a los egipcios, empezarán estos tratamientos y ya no habrá enfermos que padezcan este tipo de dolencias. Pero, ¿por qué el 30 de junio? Porque no hay nada gratis; las elecciones presidenciales serán antes de esa fecha y si no votas al mariscal Al Sisi, a lo mejor no recibes cura. (Esto no es broma, un conocido periodista animó a que se infectaran con estos virus a los que dudan de la máquina y de los éxitos del ejército).

Saltó el escándalo que fue en aumento día tras día, hasta el punto de no poder contarse todo. El general/médico y su equipo científico salen en todos lo medios haciendo campaña de la nueva cura y asegurando que van a curar todas las enfermedades transmitidas a partir de virus, no solo el sida y la hepatitis, sino también los que afectan al corazón, a la tensión alta y a la diabetes.

Pero, ¿estas enfermedades son víricas? Da igual, quizá se haya cometido un error de expresión; pero lo más importante es que el médico joya del ejército y del Estado egipcio, al final resulta que no es médico, nunca estudió medicina. Trabajaba en un laboratorio y había sido acusado en varias ocasiones por estafa, y presentó un programa de televisión de medicina natural en una cadena cutre, islamista, que fue cerrada hace unos meses. Lo que no se sabe es cómo consiguió hace año y medio entrar en el ejército, a pesar de su edad avanzada, y que le dieran el grado de general honorífico.

Historia 2: Los pilares se pelean

La celebración por parte del Estado de estos logros científicos ha estado un poco contaminada. En mitad de la celebración ocurrió lo siguiente: tanques del ejército están protegiendo una comisaría en un barrio de El Cairo, como es habitual desde el 30 de junio pasado. Un oficial de esta comisaría aparca su moto en un sitio que no les gustó a los soldados del ejército, lo que deriva en una pelea con armas de fuego entre el ejército y la policía durante horas. Una pelea entre los dos actores que según la propaganda estatal son los pilares para salvar a la patria.

Como tengo una mente contaminada, puedo imaginarme a cada uno de los dos bandos durante sus enfrentamientos utilizando los lemas de la revolución; los soldados del ejército gritando: "¡La policía es un aparato delincuente!" mientras que los policías gritan: "¡Abajo el poder militar!".

Historia 3: Cómo cerrar la boca

Lo tradicional en un sistema autoritario es que si se quiere cerrar un periódico o una cadena de televisión se prohíbe directamente por orden de las fuerzas de seguridad o se intenta hacer de una forma más elegante a través de una sentencia judicial.

Pero el poder actual en Egipto está bautizando otra fórmula. Hace unos meses una cadena de televisión suspendió el programa más visto en la historia de la televisión en el mundo árabe, el del cómico Bassem Youssef. Es una cadena que ganaba muchísimo dinero gracias a este programa, y fue suficiente con insinuar a los dueños de la cadena que el programa no era bienvenido y ellos, como buenas patriotas, hicieron el resto.

Esto se repitió el pasado 3 de marzo con un periódico, El Wady, el único que se mantenía crítico con las dos partes enfrentadas, el Estado y los islamistas. Estaba en la imprenta y simplemente no terminaron de imprimir la tirada, sin explicaciones ni nada. No hacía falta, son detalles sin importancia, como todo el decorado científico ausente del último invento para curar el sida y la hepatitis.

SOMOS LO QUE HACEMOS