Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza o el hombre que enseñó a España que todo es posible, también ganar a Francia
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Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza o el hombre que enseñó a España que todo es posible, también ganar a Francia

Hubo una época en la que España no estaba entre los nombres de las grandes selecciones, donde los títulos eran sueños inalcanzables y las maldiciones atravesaban al equipo en todas las competiciones. Hasta que llegó él.

Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza, tras ganar la Eurocopa de 2008.Clive Rose

Cuenta la leyenda que hace no tanto tiempo España no se encontraba entre las grandes selecciones. Era de esas plantillas con un talento indiscutible, pero cuya firma nunca aparecía en los libros de la historia de este deporte. La Eurocopa de 1964 empezaba a quedar lejos para la mayoría de los mortales y el triunfo tan solo tenía cabida en el espacio de los sueños. Brasil, Alemania, Argentina, Francia, Inglaterra o Italia, entre otros, eran los equipos que conocían la gloria, pero para los españoles las maldiciones y los miedos eran los protagonistas del camino del país en el deporte rey. Entre ellos, se encontraba la condena de cuartos: una mancha negra que hacía que la selección cayera siempre antes de entrar en la fase donde se vislumbra la cima de la competición.

Durante décadas, Francia fue una de esas grandes fronteras psicológicas del fútbol español. Un rival que aparecía en los momentos decisivos y que parecía tener siempre una respuesta ante el planteamiento hispano. España acumulaba talento, buenos jugadores y equipos competitivos, pero las grandes noches seguían terminando con una sensación de frustración. Los franceses representaban ese último escalón que parecía demasiado alto. El historial entre ambas selecciones está lleno de duelos inolvidables y que han marcado la mítica rivalidad entre ambos. Desde la final de la Eurocopa de 1984, en la que Francia derrotó a España con el famoso gol de falta de Michel Platini y el tanto final de Bruno Bellone, hasta los cruces posteriores en Eurocopas y Mundiales, el conjunto galo fue durante años un espejo incómodo para España. Una plantilla poderosa, acostumbrada a ganar, que recordaba constantemente a los españoles cuánto costaba conquistar los grandes escenarios.

Pero si hubo un partido que marcó un antes y un después fue el del Mundial de Alemania 2006. España llegó a los octavos de final con una mezcla de ilusión, juventud y un sueño. Había empezado el torneo con fuerza y parecía que por fin podía romper la barrera de los cuartos de final. Al otro lado estaba Francia, una selección veterana liderada por Zinedine Zidane, que disputaba sus últimos partidos con la camiseta de los Bleus. España se adelantó con un penalti transformado por David Villa, pero Francia reaccionó. Ribéry empató, Vieira puso el 2-1 y Zidane cerró el partido en el descuento. El 3-1 fue un golpe duro, otra eliminación ante una gran país y otra oportunidad perdida. Francia volvía a poner al país ante sus pesadillas. Sin embargo, para Luis Aragonés aquel fracaso contenía una lección que cambiaría la historia: España no necesitaba cambiar de jugadores, necesitaba cambiar de mentalidad.

El Sabio de Hortaleza, apodado así por su conocimientos futbolísticos y por haber crecido en el memorable distrito madrileño con el mismo nombre, tomó entonces decisiones que marcaron su legado. La más controvertida fue dejar fuera de la Eurocopa de 2008 a Raúl González Blanco, símbolo del fútbol español durante más de una década. El delantero del Real Madrid era el capitán, el máximo goleador histórico de la selección en aquel momento y uno de los futbolistas más queridos por la afición y con más nombre propio. La decisión fue interpretada por muchos como una ruptura con el pasado. Pero Luis Aragonés tenía una idea clara: el equipo estaba por encima de cualquier nombre. No se trataba de rendir homenaje a una trayectoria, sino de construir un grupo que tenía una única misión: ganar.

  Fernando Torres marcando el gol de la Eurocopa de 2008.Jamie McDonald

Aragonés era un hombre criado en la Liga española. Su paso por los banquillos del Atlético de Madrid, Real Betis, Barcelona, Español, Sevilla, Valencia, Oviedo o Mallorca le otorgaban el conocimiento sobre el fútbol nacional como si de su palma de la mano se tratase. Muchos de los jugadores que marcaron una época pasaron por las direcciones del sabio castizo del barrio más allá de la M-30 y, sin duda, la confianza de la plantilla la tuvo desde el primer día, no tanto de la prensa. Sin embargo, la huella que plasmó el de Hortaleza se sustento en un concepto básico: se acabó ser una selección pequeña, se acabó que los grandes nombres nos intimidaran; ahora, las estrellas mundiales eran españolas, los jugadores que todos temían eran españoles y el equipo que debía ganar era, evidentemente, el español.

Aquella España dejó atrás jerarquías y apostó por una nueva generación. Xavi Hernández asumió el mando del juego, Andrés Iniesta aportó talento y pausa, David Silva encontró su espacio entre líneas siendo decisivo en cada instancia, Cesc Fábregas multiplicó las variantes ofensivas, Marcos Senna dio equilibrio, Fernando Torres aportó la velocidad y el gol que consolidó el cambio e Iker Casillas se convirtió en el santo que bajó del cielo para levantar un muro en la portería, aquel que terminó con la maldición de los penaltis. "Como ahora tenemos jugadores más conocidos, eso a los árbitros les gusta. Les gusta que les des una palmadita. Es igual que a los linieres: si les llamas por su nombre tienes cojones. Yo les llamo por su nombre", aseguraba durante la Eurocopa en los vestuarios. 

"Del subcampeón no se acuerda nadie. Dirán que si somos, que si tal, que si hacemos fiestas... Hacemos fiesta si les ganamos y como somos mejores además les vamos a ganar", decía el sabio de Hortaleza. Algunos lo considerarán la clásica chulería castiza, otros soberbia, incluso prepotencia, pero lo cierto es que Aragonés sabía el talento que tenía entre manos. Una generación única que podía entrar tumbando la puerta abajo en la historia del fútbol europeo y mundial, una plantilla que decidió que aquello de que les miraran por encima del hombro había terminado: "Forman ustedes un grupo que, ya se lo he dicho: si no estoy en la final con este equipo soy una mierda. He organizado una mierda de equipo. Lo único que les pido es que jueguen y se diviertan jugando".

En la Eurocopa de Austria y Suiza, España derrotó a Rusia, superó a Italia en una dramática tanda de penaltis donde emergió la figura del santo y eliminó de nuevo a los rusos en semifinales. En la final esperaba Alemania, otra potencia histórica, pero España ya no era la misma. El gol de Fernando Torres en Viena confirmó una revolución: España volvía a ser campeona de Europa 44 años después. Pero el verdadero triunfo de Luis Aragonés había empezado mucho antes de levantar la copa. Había ganado la batalla contra el miedo. Había convencido a un país entero de que el estilo propio era suficiente para competir contra cualquiera. Había puesto la primera piedra en un camino lleno de gloria y éxito. 

La selección que ganó aquella Eurocopa heredó una idea que después continuaría con el Mundial de 2010 a manos de Vicente del Bosque: dominar a través del balón, jugar sin complejos y entender que el rival no era superior por su historia, sus estrellas o sus títulos. Los grandes dejaron de parecer gigantes imposibles porque Luis Aragonés enseñó que el fútbol también se juega con la cabeza, con la chulería, con el orgullo, el talento y, por encima de todo, el grupo. Que los partidos importantes empiezan mucho antes del pitido inicial. Que una generación puede cambiar cuando alguien le dice que puede hacerlo, y vaya si lo hicieron. "Ganar, ganar, ganar y volver a ganar", esa era la idea, ese era el objetivo, y así lo hicieron.

  Andrés Iniesta marcando el gol del primer Mundial de España en 2010.Getty Images

Este martes España jugará la segunda semifinal de su historia. Ante ella estará Francia, un combinado que hace tiempo que dejó de ser la pesadilla que le atormentaba, del muro imposible de superar. Ya no está en 2006, han pasado 20 años y en los últimos enfrentamientos España ha derrotado a la selección gala en numerosas ocasiones, la última en 2024 significó entrar en la final que le dio la cuarta Eurocopa de su historia, convirtiéndose en el país con más títulos europeos.

"Ey, escúchenme. Nos ha llegado el momento después de dos años. Nos han metido hostias de todos los colores. Vamos a demostrarlos ahí, vamos a demostrarlos ahí. Y cuando estoy cansado levanto la mano y sale un compañero", dijo Aragonés antes de la final contra Alemania de 2008, dos años después de que Francia nos echara del Mundial. Hoy vuelve a llegar el momento, después de 16 años de que se bordara la primera estrella en la camiseta, después de que Andrés Iniesta marcara el gol de todo un país; hoy se juega la segunda semifinal de la historia de la Selección Española, la oportunidad de entrar por segunda vez en la historia en la final del Mundial.    

Cuenta la leyenda que hace no tanto tiempo España no estaba entre las grandes selecciones, hasta que un hombre cambió la mentalidad de todo un país. Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza, fue ese hombre. El entrenador que nos enseñó que todo era posible. Incluso hoy ganar a Francia, incluso convertir los sueños en realidad, incluso volver a adentrarnos en una final del mundo. Pase lo que pase: salgan a divertirse.

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Redactor de Política en El HuffPost. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en elDiario.es, El Confidencial y Redacción Médica. Además de la actualidad política e informativa, ha cubierto efemérides como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, realizado entrevistas a raperos o elaborado reportajes sociales, especialmente sobre migración y vivienda.

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