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Sí, negros y franceses: la multiculturalidad gala o la virtud que vertebra a todo un país, especialmente en el fútbol

Sí, negros y franceses: la multiculturalidad gala o la virtud que vertebra a todo un país, especialmente en el fútbol

Las palabras plasmadas por el expresidente Mariano Rajoy han vuelto a despertar un debate muy antiguo y que ostenta demasiados prejuicios. Sin embargo, fuera de los intentos de la extrema derecha, se encuentra la mayor virtud de la nación.

La selección francesa durante el Mundial de 2026
La selección francesa durante el Mundial de 2026.Getty Images

"Francia ha sido dos veces campeona del mundo y finalista en la última edición. Ha ganado todos los partidos en los que participó en este Mundial y ocupa la primera posición del ranking FIFA. Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses", esgrimía el expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una columna publicada en El Debate. Abría así, de nuevo, el debate de la multiculturalidad gala, un país que ha sabido hacer de su acogida una virtud por la que le permite destacar en numerosos campos, también en el deporte. 

La selección que se medirá ante España en semifinales es la principal candidata a ganar el ansiado trofeo gracias a que goza de jugadores de talla mundial y de que lleva desde 2014 sin caer en una fase de eliminación. En otras palabras: Francia lleva tres ediciones de la Copa del Mundo llegando a la final. Kylian Mbappé, Ousmane Dembelé, Michael Olise, Bradley Barcola... La plantilla goza de incontables nombres titulares en los mejores equipos de Europa. Esos mismos jugadores de orígenes africanos, caribeños, magrebíes o europeos levantando la Copa del Mundo han servido tanto para celebrar la riqueza multicultural del país como para alimentar discursos identitarios enfrentados. Francia es también el resultado de décadas de migración procedente de sus antiguos territorios coloniales y de otros rincones del mundo. Esa realidad ha moldeado sus ciudades, su gastronomía, su cultura y, por supuesto, el deporte rey.

"Lo bueno que ha tenido esta integración es que en Francia no importa de donde vienes, según tus talentos o capacidades te integras en la sociedad. No se mira el color de piel o la procedencia y eso es un logro. El multiculturalismo es imparable, las distancias no se miden por kilómetros, sino por horas. Para que un estado crezca debe saber aplicar medidas de integración, participación y huir de la xenofobia o el racismo porque eso sólo hace empobrecer al país", afirma Augustin Ndour a El HuffPost, militante del partido Por Un Mundo Más Justo y aquel que puso su firma en la ILP de la regularización extraordinaria de migrantes. 

La selección nacional es, probablemente, el escaparate más visible de esa integración. Lejos de ser una anomalía, la diversidad étnica de Les Bleus refleja la composición de buena parte de la sociedad francesa. Muchos de sus futbolistas nacieron en barrios periféricos donde conviven familias con raíces en Senegal, Mali, Argelia, Camerún, Guadalupe o Martinica, entre otros lugares. Todos ellos comparten, sin embargo, una misma nacionalidad, una misma educación y un mismo sentimiento de pertenencia al representar a Francia en las competiciones internacionales. "Francia lleva generaciones de interculturalidad por las diferentes colonias y otros lugares del mundo, integra a migrantes en su sistema y eso fortalece a la sociedad", apunta Ndour. 

El fútbol ha funcionado como un poderoso mecanismo de integración social. En numerosos barrios, el balón constituye una vía de ascenso y un espacio donde las diferencias culturales quedan relegadas frente al talento, el esfuerzo, el trabajo colectivo y los valores del deporte. Hijos de migrantes que llegaron tan sólo con lo que podían cargar en los hombros se han convertido en ídolos para todo un país y, lejos de lo que muchos pretenden, reflejan la pluralidad de una sociedad que encuentra en esas mismas diferencias sus mayores virtudes; tanto para afrontar la Copa del Mundo, como para conformar una sociedad diversa.

El legado del Mundial de 1998: "Black-Blanc-Beur"

Zinedine Zidane besando la Copa del Mundo de 1998.
  Zinedine Zidane besando la Copa del Mundo de 1998.picture alliance via Getty Image

Corría el verano de 1998 cuando Francia conquistó el primer Mundial de su historia. Lo hizo en casa, derrotando por 3-0 a Brasil en una final que quedó grabada en la historia de la Copa del Mundo. Sin embargo, aquel triunfo trascendió lo deportivo. La selección dirigida por Aimé Jacquet se convirtió en el reflejo de una Francia plural, compuesta por jugadores de distintos orígenes étnicos y culturales que compartían una misma camiseta y un mismo objetivo. El éxito dio pie al nacimiento del lema "Black-Blanc-Beur" (negros, blancos y árabes), símbolo de una nación que se reconciliaba con la pluralidad y con un profundo mensaje antirracista que le había permitido consolidarse como la mejor selección del mundo. Fueran de donde fueran, todos eran franceses. Aquella generación estaba liderada por Zinedine Zidane, hijo de migrantes argelinos, pero también contaba con futbolistas como Lilian Thuram, nacido en Guadalupe; Marcel Desailly, originario de Ghana; Patrick Vieira, nacido en Senegal, o Christian Karembeu, procedente de Nueva Caledonia. 

Todos demostraban que la identidad nacional podía construirse desde la diversidad, rompiendo con la idea de una Francia homogénea que muchos arrastraban desde hace años ligados fundamentalmente a movimientos de extrema derecha. La pluralidad se convirtió en virtud y el Mundial de 1998 fue interpretado por muchos como el mayor ejemplo de integración que había vivido el país. La victoria unió durante unas semanas a una sociedad marcada por debates sobre migración, desigualdad y cohesión social. Las imágenes de millones de personas celebrando en los Campos Elíseos parecían confirmar que el fútbol era capaz de derribar barreras y convertir la multiculturalidad en un motivo de orgullo nacional. "Zidane presidente", exclamaban los galos que acariciaban por primera vez el ansiado título dorado. 

Con el paso de los años, aquella fotografía de la Francia campeona se ha convertido en un referente cada vez que la selección alcanza el éxito. Aunque las tensiones sobre la identidad y la migración no han desaparecido, el equipo nacional continúa siendo una muestra de la diversidad que caracteriza al país. Fue en 2018 cuando el lema de "Black-Blanc-Beur" volvió a resurgir gracias a la generación que cosió la segunda estrella sobre el estandarte del gallo que portan los franceses como escudo. Sin embargo, en esta ocasión fueron los propios jugadores los que rechazaron el lema y simplificaron mucho más el mensaje: "Todos somos franceses", en voz de internacionales como Mbappé y dando por asentado que la pluralidad es Francia.

El legado de 1998, de la primera estrella y lo que supuso sigue vigente: demostrar que la multiculturalidad no debilita a Francia, sino que constituye una de las principales fortalezas sobre las que se ha construido su fútbol y buena parte de su sociedad gracias a los movimientos migratorios que llevan décadas produciéndose. Los mayores ídolos del fútbol francés, vengan de donde vengan ellos o sus familiares, son franceses. 

Matemática simple: sólo un 11% extranjero

La selección francesa en el Mundial de 2026.
  La selección francesa en el Mundial de 2026.Getty Images

Aunque a Mariano Rajoy y a otros les pueda sorprender, Francia sólo tiene a un 11% de jugadores nacidos en el extranjero. De los 26 futbolistas que integran la selección gala, sólo tres nacieron fuera de sus fronteras: Michael Olise, proviene de Inglaterra; Marcus Thuran, de Italia; y Brice Samba, de Republica Democrática del Congo. El resto son nacidos en el país que se ha adentrado en las semifinales de la Copa del Mundo por tercera edición consecutiva. Aunque muchos de los integrantes son de origen migrante de segunda generación, —es decir, nacieron en Francia y fueron sus padres quienes migraron— en términos legales, culturales y sociales, son ciudadanos franceses de pleno derecho. Reducir a estos futbolistas a la nacionalidad de sus padres o abuelos supone ignorar una realidad evidente: la nacionalidad no depende únicamente del árbol genealógico, sino también del lugar donde una persona nace, se educa, vive y desarrolla su vida.

Hablar de "jugadores de origen extranjero" resulta adecuado para describir sus raíces familiares; afirmar que no son franceses —como ha hecho Mariano Rajoy—, en cambio, no se sostiene ni desde el punto de vista jurídico ni desde el social. De hecho, el fenómeno más llamativo no es que Francia 'convoque a muchos jugadores de origen migrante', sino que decenas de futbolistas nacidos en Francia representan a otras selecciones nacionales. En el Mundial de 2026 han participado 99 jugadores nacidos en Francia y 23 defienden la camiseta francesa; los 76 restantes han competido con otros países, principalmente africanos, gracias a la posibilidad de representar la nacionalidad de sus padres o abuelos. No sólo son franceses, sino que Francia se ha convertido en uno de los principales exportadores de talento futbolístico a nivel mundial.

De hecho, Francia no se encuentra ni en el top 10 de selecciones con jugadores provenientes del extranjero: Curazao, RD Congo, Marruecos, Haití, Senegal, Cabo Verde o Suiza tienen más de la mitad de la plantilla nacida fuera. Entonces, ¿por qué siempre se pone la lupa en Les Bleus? Evidentemente, por la extrema derecha.   

El problema de la extrema derecha

Todo juega un papel clave de cara a las elecciones presidenciales francesas de 2027. Mientras los éxitos deportivos de los Bleus proyectan la imagen de una Francia plural, la extrema derecha insiste en cuestionar su representatividad. El seleccionador Didier Deschamps respondió en mayo a esas críticas con esta afirmación contundente: "La selección de Francia es representativa de la población francesa". Sus palabras contrastan con el discurso de quienes siguen calificando al equipo de "africano" para poner en duda su identidad nacional. Sin embargo, los datos ya han sido expuestos: la mayoría son nacidos en Francia y, aunque no lo fueran, todos tienen la nacionalidad francesa al igual que cualquier otro ciudadano del país.

Uno de los principales exponentes del discurso ultraderechista es Éric Zemmour, líder de Reconquête!, quien llegó a afirmar en Sud Radio que la selección representa a "los suburbios y la inmigración arabo-musulmana". Sus palabras no quedaron ahí: "Sorprende ver a la selección con ocho jugadores negros, eso no corresponde a la historia de Francia que es blanca, cristiana y greco-romana". Esta estrategia discursiva tiene antecedentes dentro de la propia extrema derecha francesa. Dos años antes del Mundial de 1998, Jean-Marie Le Pen criticó la composición de la selección al considerar que era "artificial traer jugadores del extranjero y llamarla 'selección de Francia'", pese a que la mayoría de aquellos futbolistas también habían nacido y crecido en el país tal y como sucede ahora.

Kylian Mbappé, Marcus Thuram, Mike Maignan o Aurélien Tchouaméni han rechazado públicamente el racismo y han reivindicado una Francia diversa en la que las distintas herencias culturales forman parte de la misma nación. Thuram, uno de los más activos en esta cuestión, ha asumido incluso el papel fundamental que tienen los futbolistas franceses y su responsabilidad social en la lucha contra la discriminación, mientras que otros internacionales han denunciado que reducirles a sus raíces extranjeras supone negar su propia historia como ciudadanos franceses, generando conciencia en contra de los mensajes racistas y xenófobos. 

El artículo redactado por Mariano Rajoy ha dado la vuelta al mundo y gran parte de la clase política francesa ha reaccionado. El ministro de Exteriores galo, Jean-Noël Barrot, ha expresado este lunes que "Francia no tiene color de piel". "Cualquier afirmación en sentido contrario es una estupidez, racismo o una combinación de ambas cosas", ha dicho. Y, aunque compañeros de partido como Borja Sémper hayan intentado minimizar las palabras del expresidente, lo cierto es que esas mismas rozan el discurso empleado por la extrema derecha española. Rocío de Meer abogó por un proceso de "reemigración" que afectaría incluso a la segunda generación y Vox, en general, apoya la "expulsión" para "preservar la identidad nacional". "Es una pena las palabras de Rajoy, ojalá reflexione y se corrija. Espero que sea uno de sus lapsus", afirma Augustin Ndour.

Mientras tanto, este martes se jugará un partido de fútbol cuyas selecciones representan sociedades plurales y diversas, con estrellas como Mbappé o Lamine Yamal que seguro darán un espectáculo propio de este nivel de competición y donde el único tema de conversación será quién logre llegar a la final del Mundial, más que les pese a unos cuantos. 

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactor de Política en El HuffPost. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en elDiario.es, El Confidencial y Redacción Médica. Además de la actualidad política e informativa, ha cubierto efemérides como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, realizado entrevistas a raperos o elaborado reportajes sociales, especialmente sobre migración y vivienda.

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