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10/12/2020 15:06 CET | Actualizado 10/12/2020 15:06 CET

¡Ay, Cayetana!

Cayetana doliente, Cayetana herida, Cayetana sola, puede tomar la decisión de convertirse en la diputada número 53 de Vox.

NurPhoto via Getty Images
Imagen de archivo de Cayetana Álvarez de Toledo.

Por intuición llegué a pensar que tras su cese como portavoz del PP Cayetana Álvarez de Toledo acabaría en los brazos de Abascal. Cayetana no fue nunca portavoz del PP, sino que era portavoz de ella misma. Cayetana es una outsider. Su parlamento ataviado de solemnidad y sus expresiones hirientes parecen hechas desde un púlpito por un cardenal ultracatólico que se dirige a los herejes. Nunca trata de convencer, siempre de aleccionar, nunca trata de ofrecer soluciones, siempre de rebatir y combatir.

Cayetana desprecia intelectualmente a la tropa popular y a su líder Pablo Casado. Nunca se ha sometido a la disciplina del partido porque su autoestima y egocentrismo están muy por encima de la valoración que hace de los demás y muy por encima de una organización cualquiera.

Luego, tras ser nombrada vicepresidenta segunda de la Comisión de Hacienda, he visto la soledad a la que le han sometido sus compañeros, un castigo que contrasta con la complicidad y el buen rollito ofrecido por los miembros de Vox. Las charlas, las comidillas y sus escasas sonrisas son con los diputados de la extrema derecha.

Cayetana es altiva, orgullosa y despechada. No les perdona a sus compañeros del PP su falta de valor para defenderla frente a Casado, Feijóo y Moreno. No les perdona su falta de disposición para acompañarla en su travesía por el desierto. Cayetana desprecia su mediocridad y los considera serviles, mientras sobreestima su propia inteligencia y rebeldía . Ella se siente una heroína, una guerrera contra el frente de izquierdas y frente a la derecha ‘apesebrada’. Cayetana es un personaje épico.

Ellos la valoran, mientras los suyos la ningunean. Cayetana lo entiende y se deja querer

Por último, los continuos guiños y exageradas loas de Espinosa de los Monteros, entre otros, me confirman que tienen interés en tenerla en sus filas.

Desde la moción de censura de Abascal, Vox le ha declarado la guerra al PP. En este período la extrema derecha quiere dar un golpe a los populares atrayendo a su exportavoz. Ellos saben que serán aliados obligados, pero mientras dure este desencuentro temporal todo vale. Ellos la valoran, mientras los suyos la ningunean. Cayetana lo entiende y se deja querer.

Además, sus apellidos Álvarez de Toledo Peralta-Ramos están más en sintonía con otros apellidos de rancio abolengo como son: Ortega Smith-Molina, González Coello de Portugal, Figaredo Álvarez-Sala, Garriga Vaz de Concicao, Fernández-Lomana Gutiérrez, Sáez Alonso-Muñumer Zambrano García-Raez... de los que hay muchos en Vox. Vieja nobleza que grita frente a los nuevos valores democráticos, frente a un nuevo modelo de sociedad más europea y moderna. Ellos prefieren el pasado, mientras retuercen y devalúan palabras como libertad, derechos o patria.

Cayetana apostará por quienes la tienen en consideración y la respetan. Cayetana doliente, Cayetana herida, Cayetana sola, puede tomar la decisión de convertirse en la diputada número 53 de Vox. Tiempo al tiempo. ¡Ay, Cayetana!