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27/03/2021 10:24 CET | Actualizado 27/03/2021 10:24 CET

De una tragedia a otra: devastador incendio en el campo de refugiados de Cox’s Bazar, Bangladesh

El fuego destruye alrededor de 10.000 refugios, que albergan a 45.000 personas.

Pau Miranda
El fuego destruye miles de tiendas en varios campos de refugiados Rohingya en Bangladesh.

“Éramos un grupo de unas 10 mujeres, muchas con niños. Todos gritaban y lloraban. No podíamos trepar la valla y el fuego se acercaba. Intentamos pasar por un agujero que había debajo de un inodoro al lado de la cerca, pero solo los niños pequeños cabían. Tuve la idea de ponerme en las manos las sandalias para poder separar la alambrada y escapar”, explica Fátima, una de las refugiadas que tuvo que huir del incendio que calcinó miles de refugios en los campos de refugiados de Cox’s Bazar, en Bangladesh, el 22 de marzo.

A medida que se acercaba el fuego, muchos se vieron atrapados entre las llamas y la alambrada que rodea la mayor parte del campo. “Los hombres podían trepar, algunos intentaron ayudar a sus mujeres, pero era muy difícil para la mayoría, y además nuestra ropa se enganchaba en el alambre de púas”, explica. “Después de cruzar, algunas habían perdido parte de su ropa: se sentían terriblemente avergonzadas de que unos hombres las miraran”.

Pau Miranda
Fatima (nombre ficticio) es una de las voluntarias Rohingya que apoya a MSF.

 

Fátima es una de las voluntarias rohingya en la clínica Balukhali de Médicos Sin Fronteras (MSF), que fue completamente destruida por el fuego. “Estaba en la clínica, alrededor de las 2:30 de la tarde nos dimos cuenta de que había fuego, pero aún estaba lejos. A medida que se acercaba, me asusté y finalmente salimos de la clínica después de escuchar una explosión. Pude escuchar a muchos niños y niñas llorando y llamando a sus madres”.

“Fui a buscar a un familiar que vivía en el campo 9 [uno de los más afectados por el incendio] y vi su casa en llamas. El fuego estaba muy cerca y utilicé un desagüe para escapar”.

El fuego estaba muy cerca y utilicé un desagüe para escaparFátima

La cuñada de Fátima, Begum, estaba en casa con su hermana y su nieto de 7 años cuando comenzó el incendio. “Al principio estaba lejos, no teníamos mucho miedo, pero a medida que se acercaba nos asustamos mucho y corrimos en diferentes direcciones”. Begum se las arregló para cruzar la cerca pasando por debajo del alambre de púas, pero se hirió levemente en el tobillo. Finalmente, cinco horas después, se encontró con sus familiares en el bazar. Su refugio había desaparecido por completo.

Pau Miranda
Como otros refugiados, la familia de Begum ha visto su refugio destrozado.

En las últimas semanas, ha habido al menos otros dos incendios menores en los campos, pero este último ha sido el más grave. Según las últimas estimaciones de la ONU, 11 personas murieron y las llamas destrozaron alrededor de 10.000 refugios, que albergan a 45.000 personas.

El fuego también destruyó muchas instalaciones de salud, incluida la clínica Balukhali, que cubría una población de más de 30.000 personas y ofrecía una amplia gama de servicios. Los equipos de MSF atendieron a una docena de pacientes con quemaduras o heridas, algunas provocadas por la alambrada. El equipo de Balukhali reanudará algunos servicios de salud esta semana.

“Acabamos de recibir algunas cañas de bambú, láminas de plástico y baldes. Esperamos conseguir algo más para poder reconstruir nuestro refugio”, dice Begum mostrando en sus ojos que todavía está impactada por la experiencia.

Pau Miranda
El fugo destruyó miles de refugios en varios campos de refugiados.

Algunos de sus vecinos también están regresando lentamente al lugar que ocupaba su refugio. No pueden dejarlos vacíos por mucho tiempo, por miedo a que otros los ocupen. Muchos de los refugiados que han perdido sus hogares se quedan con familiares en otras partes del campo. Las agencias de la ONU y las autoridades del campo han comenzado a distribuir kits de refugio (con bambú, lonas y plástico para cobijo) para que aquellos que perdieron sus refugios puedan construir nuevos, al menos de forma temporal. A algunos se les han asignado tiendas de campaña o han comenzado a reconstruir los refugios que habían improvisado, pero otros no pueden pagar los 1.000 taka (unos 8 euros) que cuesta un paquete de cañas de bambú.

“Las condiciones de vida en los campos llevan más de un año empeorando de forma constante, y este incendio y la pérdida de miles de refugios muestran cuán vulnerable es la situación de los refugiados”, dice Natalia Torrent, representante de MSF en Bangladesh. “Estos refugios improvisados son una solución temporal, pero no permiten una vida digna o segura. Es importante que las autoridades de Bangladesh y los organismos de la ONU responsables de la gestión de los campos proporcionen condiciones de vida más adecuadas y humanas a los refugiados”, añade.

Estos refugios improvisados son una solución temporal, pero no permiten una vida digna o seguraNatalia Torrent (MSF)

Otro refugiado, Syed, también vio el refugio de su familia totalmente destruido. Vivían ocho personas que ahora han sido acogidas por varios familiares. “Tuvimos suerte porque cerca de nuestra casa se estaba reparando la cerca y ese día no había alambre de púas, por lo que pudimos salir fácilmente”, explica. “Ahora está cerrado de nuevo”.

Syed explica por qué este incendio causó un estrés muy intenso a los refugiados, más allá de lo que muchos sentirían. “Este incendio me devolvió la angustia que sentimos cuando tuvimos que huir de nuestra ciudad natal. Allí nos perseguía el fuego y aquí nos pasaba lo mismo”.

*Los nombres se han cambiado para preservar su anonimato

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