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15/12/2020 07:02 CET | Actualizado 15/12/2020 07:02 CET

El siroco que no deja ver el Sáhara

La RASD está condenada por la geopolítica, además de por sus equivocaciones garrafales.

Juan Medina / Reuters
Imagen de archivo de un desfile de las fuerzas armadas de la República Árabe Saharaui Democrátic

Otra vez ha saltado la chispa en la antigua colonia española. El estado fantasma de la RASD, acogido por el entonces presidente de Argelia Huari Bumedian en la hamada de Tinduf, le ha declarado otra vez la guerra abierta a Marruecos por haberse apropiado, Marcha verde mediante, de la antigua provincia colonial española.

El nuevo estallido, por un quítame allá esos camiones en la frontera mauritana, sucede en un momento lleno de significados: Mohamed VI ha conseguido que varios estados rompan la ‘neutralidad’ activa favorable al Polisario y establezcan consulados en El Aaiún y Dajla (antigua Villa Cisneros), mientras la ONU mira y calla, Francia apoya la oferta de una amplia autonomía ofrecida por Mohamed VI y España también va, pero con asombrosos errores tácticos, por esa línea, aunque retóricamente la ‘condiciona’ a un acuerdo entre las partes y al cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas. 

Pero las circunstancias han cambiado desde que se estableció la MINURSO para vigilar el status quo. Lo que se dijo en un momento dado, ya no es actual. No corresponde a los cambios geopolíticos. Muy probablemente la decisión de Donald Trump, en su tiempo de descuento en la Casa Blanca, de reconocer la soberanía de Rabat es el mazazo definitivo para el proyecto ideado a principios de los 70 por un grupo de estudiantes saharauis que tenía como objetivo principal, como decía el Uali, “acabar con esta monarquía corrupta, y no ir contra el pueblo marroquí”.

Creado oficialmente en 1973 en Zuerat (Mauritania) el Frente Popular de Saguía el Hamra y Río de Oro (F. Polisario) pronto despertó el interés de Huari Bumedian, el presidente argelino, uno de los dirigentes de los Países no Alineados, o sea, en la órbita de Moscú en aquellos tiempos de la Guerra Fría, y del coronel Gadafi, el tirano libio. Ambos jugaban con varias barajas.  

Quien entró en contacto con Gadafi fue el joven El Uali, para pedirle armamento. Pero Trípoli precisaba de la ayuda argelina para llegar hasta los guerrilleros. En 1975 ya se estaba preparando Tinduf, por una parte; Hassan II, por la suya, lanzaba la Marcha Verde (en la que ondeaban muchas banderas de EEUU) convencido de que los militares españoles no iban a masacrar a la población civil que llegaba a pie; y Libia seguía proporcionando ayuda militar. 

España estaba entre la espada y el mar: la situación moribunda del dictador Franco intubado en La Paz hacía impensable una guerra africana, sobre todo porque se ganara o empatara surgiría un nuevo lobby militar africanista que distorsionaría la sucesión y podría prolongar sine die la dictadura. 

Además, si Hassan II presionaba desde la frontera norte, el Polisario era el mango de la tenaza por el sur y centro. Con la operación ‘Golondrina’ –los nombres de las operaciones militares y policiales siempre tienen doble lectura y mensaje encriptado– el Ejército español arría la última bandera.

La RASD está condenada por la geopolítica, además de por sus equivocaciones garrafales

Un factor esencial de esta historia es Argelia, que con el surgimiento del Polisario y su patrocinio de la RASD en Tinduf vio la ocasión para mover ficha y abrir una salida al Atlántico. Para esta estrategia era fundamental desestabilizar a España, y bien que lo intentó. Moviendo los hilos del Polisario, los guerrilleros se convirtieron en terroristas del mar. Con armamento argelino, y también con el español del que se apoderaban, ametrallaban por la noche, preferentemente, a pacíficos pescadores, sobre todo canarios de Lanzarote, pero también de otras islas y regiones. Entre muertos y heridos con secuelas se cuentan más de 300 ‘víctimas del terrorismo’, condición oficialmente reconocida.   

Mientras tanto, el FLN argelino financiaba al exiliado independentista canario Antonio Cubillo, fundador del MPAIAC (Movimiento por la Independencia y la Autodeterminación de las Islas Canarias). Bumedian puso a la disposición del  ‘Faycan (rey guanche) loco’, como algunos le llamaban, la emisora La Voz de Canarias Libre. Los mapayacos ponían bombas caseras para conseguir que salieran en la prensa mundial y que la OUA los tomara en serio y activara el proceso de descolonización del archipiélago. 

Esto sucedía sobre todo en 1977 y 1978, cuando acabó. Rabat apoyó a España y con la firme unidad de todas las fuerzas políticas (Pablo Casado aún no había nacido, nació en 1981) se consiguieron los votos necesarios, con mucha política  y un millón de dólares (Alfonso Guerra toca algo ese asunto en sus memorias), para que se archivara el caso. El secretario general de la OUA Ednan Kodjo, y docenas de embajadores africanos, comprobaron, a veces auténticamente asombrados, que los canarios no eran negros.

Uno de los artefactos, el que puso un trastornado del MPAIAC en el aeropuerto de Gando (Gran Canaria) obligó a cerrar la pista y a desviar dos Jumbo 747 a Los Rodeos en Tenerife. Uno era norteamericano y el otro holandés. La niebla y fallos humanos al despegue cuando se normalizó la situación en el punto de destino provocaron el 27 de marzo de 1977 la mayor tragedia de la aviación mundial, aún no superada, con 583 muertos.

Ese año, en mayo, un mes antes de las elecciones ‘constituyentes’ en España, una delegación de la Platajunta visitó Tinduf con motivo del aniversario de la RASD. En la jaima ceremonial, el presidente Abdelaziz, acompañado del gobernador de la wilaya de Dajla, que vestía un abrigo robado de general de brigada español, explicó a los representantes de los partidos que iban a empezar acciones ‘militares’ para ‘proteger’ sus recursos pesqueros (aunque no tuvieran barcos). El representante del PSOE, que no por casualidad era canario, le cortó en seco. “En el momento en que algún pescador, canario o cualquier español, sufra alguna consecuencia, en ese mismo momento el PSOE les dejará de apoyar incondicionalmente”.

Las relaciones se fueron enfriando progresivamente, secuestro a secuestro y atentado a atentado. En septiembre de 1985 la patrullera de la Armada Tagomago es ametrallada cuando se acercaba a auxiliar al pequeño artesanal Junquito, atacado a tiro limpio desde tierra e incendiado por una partida polisaria que secuestra a su tripulación. Felipe González expulsó al embajador de la RASD, Ahmed Bujari, y cerró la delegación muy poco diplomática. Las serias presiones y advertencias a Argelia aceleraron la puesta en libertad de los rehenes.

La RASD está condenada por la geopolítica, además de por sus equivocaciones garrafales. Ex altos dirigentes así lo han reconocido. Una ‘relatora’ griega de Naciones Unidas se sinceraba en Las Palmas en 2006, o 2007: “Quienes también mantienen artificialmente a la RASD es la ayuda humanitaria, con la que se suele mercadear. Y la intransigencia y los fondos de los ‘amigos del Sáhara’”. 

El último coleteo del caimán Trump puede ser el punto crítico que abra la puerta a una negociación pragmática sobre la autonomía

El proyecto polisario no ha sabido cambiar para poder permanecer. Argelia tampoco ha cambiado. Sigue siendo un régimen opaco, en manos de poderes corruptos y de militares aún bumedianistas. Quien iba a cambiar las relaciones con Marruecos desde la confrontación a la cooperación y el entendimiento, Mohamed Budiaf, fue asesinado por un militar a los pocos meses de ser nombrado presidente en 1992. 

La actual situación geopolítica, con la infestación y las acciones yihadistas en el Sahel, el tremendo caos libio, la incertidumbre sobre la evolución argelina, el fenómeno migratorio africano, el creciente poder de las mafias, la fuerte penetración china y rusa en el continente… aumentan el valor estratégico de Marruecos frente a una alternativa que por ahora tiene las trazas de ser un estado fallido más, con unas imprevisibles consecuencias por la ruptura de los equilibrios regionales. 

Mientras, España, en babia, y un vicepresidente que no para de meter la pata en política exterior y parece creer que está en Maracaibo. 

Naturalmente, Mohamed VI, como su padre Hasan II, aprovecha para sacar una buena renta de situación. También tiene problemas internos, agravados con la pandemia, y el recurso del ‘enemigo exterior’ o a la deuda eterna y siempre pendiente del colonialismo es un buen remedio para exaltar el patriotismo primario.

Y miren por donde, el último coleteo del caimán Trump puede ser el punto crítico que abra la puerta a una negociación pragmática sobre la autonomía. En abril de 1986 Hassan II le pidió al presidente canario Jerónimo Saavedra un ejemplar del Estatuto de Autonomía. Parece que lo leyó, traducido al francés.

Con España, Francia, Marruecos y el Polisario, en una mesa de diálogo de ‘último remedio’, con Argelia y Mauritania, y con Rusia y China, que están en el Consejo de Seguridad, una autonomía creíble puede ser la mejor solución. Claro, si no se cocina a la vasca o a la catalana.