En el lodazal de la política

En el lodazal de la política

Las claves de la semana

HUFFPOST

No hace falta dar detalles ni nombres. Los protagonistas ya se darán por aludidos. Pero la historia es tal cual sigue.

No hace muchos meses, el PP acusó a un ex alto dirigente del PSOE de aportar documentos falsos en un juicio. Inmediatamente un diario digital publicó, con gran alarde tipográfico y como información -no como denuncia de un tercero-, aquello de lo que la derecha acusaba al político. Poco después, la Audiencia dio un revolcón al partido entonces dirigido por Mariano Rajoy al desatender su acusación y además declarar la autenticidad del documento en cuestión aportado.

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El diario no rectificó, a pesar de colaborar torticeramente en la infamia. El daño quedó impune para siempre porque el afectado no podía gastar el dinero que no tenía en emprender una acción judicial. La ignominia quedó ahí para siempre y ustedes se preguntarán a qué viene esto. Simplemente es un recordatorio de la semana que volvimos al lodazal de la política, a los tiempos del todo vale, incluido un periodismo sin escrúpulos que lo mismo vierte medias verdades, que mentiras, que información al servicio de un capo de las cloacas del Estado.

Moncloa.com es una plataforma digital que pretende hacerse pasar por un medio de comunicación al uso, pero ha sido creado a mayor gloria de un presunto delincuente ex comisario de policía, de apellido Villarejo y que durante años grabó conversaciones para chantajear a conocidos, amigos y enemigos del ámbito de la política, la economía, la judicatura y el periodismo. Sí, también del periodismo. Aquí cada palo que aguante su vela, y en esto de la información hay mucho cirio de tamaño XXL.

Todo vale, incluido un periodismo sin escrúpulos que lo mismo vierte medias verdades, que mentiras, que información al servicio de un capo de las cloacas del Estado

Esta semana el portal en cuestión, cuyo propietario tiene relaciones societarias con el entorno de Villarejo, ha difundido varios audios grabados por el ex comisario en los que una fiscal, hoy ministra de Justicia, queda a la altura de Cagancho en Almagro después de llamar "maricón" al juez Marlaska, contar que fue testigo de una cita de varios magistrados con menores en Colombia y unas cuantas lindezas más... Las grabaciones son de hace nueve años, pero eso es lo de menos. La de más es que la ministra Dolores Delgado ha dado varias versiones contradictorias sobre su relación con el ex policía, que ha intentado defenderse sin éxito de una reprobación en el Senado y que su imagen ha quedado lastrada para los restos, pese a su intachable hoja de servicios en sus años en la Audiencia Nacional.

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Esta es la España que tenemos. La de un país cuyos Gobiernos -de todos los colores- ampararon, protegieron y dejaron crecer la delincuencia en las estructuras del Estado y, ahora, todos ellos se lamentan de que un presunto mafioso trate de chantajear primero a la jefatura del Estado y, segundo, al Poder Judicial para que le saquen de prisión, con la ayuda de un periodismo cómplice.

Esto es una cosa y otra lo de Pedro Duque, el astronauta metido a ministro de Ciencia e Innovación. Un experto en el espacio, pero ignorante de lo que se cuece en el universo de la política desde que la derecha ha decidido que le arrebataron el poder de forma ilegítima. Pasó en 2004 y pasa en 2018. Con Zapatero y con Sánchez. Que la oposición no discrimina y es capaz de poner en jaque lo que sea con tal de desestabilizar un Gobierno.

¿Delinquió Delgado? ¿Delinquió Duque? Si así fuera, que se vuelvan por donde llegaron. Ni un minuto más en sus respectivos ministerios. Y si no es así, que se expliquen y dejen de lamentarse. A Delgado le han dado instrucciones en Moncloa para que calle y a Duque alguien no supo asesorarle antes de una comparecencia que generó más dudas que certezas y dejó en evidencia una bisoñez impropia en alguien que ocupa un cargo de semejante envergadura. Una cosa es que lo suyo no haya sido la política, y otra es que se ponga ante un micrófono a confesar que le asusta un perro, que un notario le aconsejó pagar menos impuestos o que un Gobierno animara a toda España a crear sociedades patrimoniales.

Quienes hoy claman por la renuncia de Delgado y Duque nunca lamentaron que España tuviera un presidente que animaba a otro delincuente con 40 millones en Suiza a ser fuerte por SMS

Pedro Sánchez puso el listón demasiado alto en 2015 para quienes crearan sociedades con objeto de pagar menos impuestos, y ahora paga las consecuencias de quienes exigen la salida de un ministro que hizo lo propio para ello, si bien el capítulo Duque abre otro interrogante al que debiéramos respondernos todos. ¿Queremos políticos profesionales al frente de los Gobiernos o profesionales dedicados a la política? Cuando teníamos sólo lo primero, nos hartábamos de denunciar los vicios, las miserias y las consecuencias de la llegada al poder de quienes no tenían vida laboral y crecieron incrustados en las organizaciones políticas sin más motivación que hacerse un hueco en una lista electoral que les permitiera algún ingreso. Y, ahora, que hay un Gobierno con profesionales acreditados en ámbitos no políticos, les recriminamos que no tienen ni idea de política ni de moverse en las turbulentas aguas de la cosa pública.

En el lodazal de la política cabe todo, una cosa, la contraria y la exigencia, sobre todo, a la izquierda desde algunos medios de lo que nunca se pidió a la derecha, y con casos muy dolosos incluso para las arcas públicas. Quienes hoy claman por la renuncia de Delgado y Duque nunca lamentaron que España tuviera un presidente que animaba a otro delincuente con 40 millones en Suiza a ser fuerte por SMS, ni un ministro del Interior que hizo uso de la policía para espiar a los adversarios políticos o recibió en su despacho a un imputado por corrupción como era Rodrigo Rato. De la financiación ilegal durante 20 años, mejor ni hablamos.

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La solución a todo este lodazal, en todo caso, no puede ser una regulación del derecho a la información, como ha pedido la vicepresidenta Carmen Calvo, en un émulo de lo pretendido no hace tanto por su antecesora Soraya Sáenz de Santamaría o Rafael Catalá, anterior ministro de Justicia. Los limites a la libertad de expresión son claros y están en el Código Penal. Hay jurisprudencia al respecto, pero quienes tienen el poder o aspiran a tenerlo no soportan ni un segundo la crítica.

Más que leyes que pongan remedio a la vergüenza de un periodismo infame e indigno al servicio de intereses espurios, tienen que ser los propios periodistas decentes —que los hay, y muchos— quienes comiencen a decir que las asociaciones profesionales están para algo más que para promocionar corridas de toros, teatros o conciertos. Y añadir: ni me reconozco ni me haré eco de según que periodismo. Pero para eso hay que tener muchos ovarios o testículos. Y, lamentablemente, no los tenemos.

Por lo demás, todo bien. No teman. El Apocalipsis no ha llegado ni siquiera para Pedro Sánchez. Como sea capaz de sacar adelante los Presupuestos, no habrá quien le saque del Air Force One. Y hay señales de que puede aprobarlos. Lo contrario, para los independentistas, es aún más abismo.