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20/07/2021 07:16 CEST | Actualizado 20/07/2021 07:16 CEST

Las cocinas industriales y el alcalde fantasma

Ahora, parece que hay que elegir entre proteger a los vecinos y la economía.

EFE
Cocina

El debate político reciente está lleno de falsos dilemas. Nos decían que teníamos que elegir entre salud y economía, como si fuera posible la una sin la otra y ahora, parece que hay que elegir entre proteger a los vecinos y la economía. Y, una vez más, es falso.

En el último año, junto al cambio de hábitos de consumo derivado de la pandemia, han eclosionado las llamadas cocinas fantasma, las dark kitchens. Unas cocinas industriales que aparecen de un día para otro en un patio de manzana. 

Donde hubo un obrador de pan o un taller mecánico, en una semana puede haber cuatro chimeneas y 25 cocinas industriales. A veces nos quejamos del olor a paella del bar de abajo: imaginen lo que es tener 25 cocinas de esas. Nos lo venden como que es el signo de los tiempos y es irremediable. En realidad es un ejemplo más de la necesidad de adaptar la normativa a la cambiante realidad.

Y, como los problemas nunca vienen solos, esas zonas sufren graves problemas de movilidad. Se llenan de riders a la espera de su pedido, y cuando lo tienen salen disparados para poder llegar cuanto antes y volver a por otro, y así conseguir un sueldo algo menos indigno.

De luchar contra la precariedad de los riders se ha encargado el gobierno de España en una ley que entrará en vigor en el mes de agosto y que los convertirá legalmente en lo que ya son de facto, empleados y empleadas.

Abordar este problema exige regular estas cocinas para evitar todos los perjuicios en los vecinos, en lugar de tergiversar la normativa municipal, como hasta hoy ha hecho el Ayuntamiento de Madrid.

Hace unos días, anunciaron que el Ayuntamiento “limitará las cocinas fantasmas en zonas residenciales”. La música suena bien, pero como siempre que está Almeida detrás, hay que entrar en la letra. Y cuando uno entra en la letra, se da cuenta de que una vez más, es humo: el que deja tras de sí un alcalde fantasma que se desvanece cuando hay que poner soluciones.

Decía alguien que conocía muy bien este país que en la mayoría de los casos para solucionar algo no es necesario aprobar una nueva ley, simplemente, hacer cumplir las que ya hay. En este caso, pasa un poco lo mismo.

Los socialistas creemos que hay que regular esta actividad económica, con una normativa adaptada para alejarla de las zonas residenciales y, especialmente, de los colegios para que no suceda la barbaridad del Miguel de Unamuno en el distrito de Arganzuela donde los balones del patio de los chavales se pueden colar por una de las cuatro chimeneas de las cocinas. Pero también creemos que la situación no sería la que es si el Ayuntamiento de Madrid hiciera lo que tiene que hacer. 

Una actividad como esta requiere licencia, no basta con que se haga una declaración responsable. 

Es necesario que el Área de Desarrollo Urbano obligue a que la Agencia de Actividades haga su trabajo, que no lo está haciendo.

Es necesario que se hagan todas las inspecciones precisas para evitar incendios como el de la calle Canillas. 

Es necesario, que se actúe sobre las deficiencias y se ejecute la disciplina urbanística sancionadora hacia quienes no cumplen con la normativa.

Y es necesario que, para de verdad conciliar la economía con la vida de los vecinos y vecinas, el Ayuntamiento sea pionero y ponga en marcha cuanto antes las cocinas industriales en coworking. Que habilite los polígonos industriales, muchos de ellos más cerca de lo que pensamos, que les mejore los accesos, para que estos negocios se puedan establecer allí.

En política no siempre hay que elegir, a veces, basta con gestionar.