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17/11/2019 10:11 CET | Actualizado 17/11/2019 10:11 CET

¿Por qué ahora sí y antes no? Una explicación del preacuerdo para el Gobierno de coalición

El PSOE jugó ya una vez a la ruleta rusa y salió herido, pero no muerto. Mejor no tentar a la suerte otra vez.

Anadolu Agency via Getty Images
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman el preacuerdo de Gobierno. 

¿Por qué ahora sí y antes no? Esa es la pregunta que se harían el martes millones de españoles al ver a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias abrazarse, tras firmar un preacuerdo para un Gobierno de coalición.

Para dar respuesta a esa pregunta, primero es necesario entender por qué no hubo un acuerdo en los meses posteriores a abril, qué motivó verdaderamente la repetición electoral, dar una explicación comprensible de las razones tácticas que algunos pretenden esconder tras un facilón guion de telenovela (“es que se llevan mal”).

Tras las elecciones generales de abril, Pedro Sánchez emplazaba a Pablo Iglesias a hablar de la formación de un Gobierno de colación después de las elecciones europeas, autonómicas y municipales de mayo. Una vez cerradas las urnas y vistos los resultados, en los que el PSOE subía en porcentaje de voto respecto a abril y el espacio de Unidas Podemos (UP) retrocedía notoriamente, empezó a revolotear por las salas nobles del PSOE la idea de la repetición electoral, la cual ya comenzaban a deslizar informalmente, al menos, desde mediados de junio, como contaba recientemente en un artículo Jordi Évole.

De cara a la investidura de julio, la idea del PSOE era clara: gobernar en solitario, ya que contaría con apoyos suficientes para acordar medidas a derecha (con Ciudadanos) e izquierda (con UP y el bloque de la moción de censura), según necesitase. De ahí que durante julio el PSOE se centrase en desafiar a UP a una partida de ajedrez, intentando forzarles a apoyarles en la investidura sin negociar una coalición. Pero el PSOE calculó mal su jaque al rey y el paso atrás de Iglesias les obligó a negociar un Gobierno de coalición que no deseaban. He ahí la explicación de por qué solo se sentaron a negociar en las últimas horas previas a la votación. He ahí por qué ofrecieron un pacto pensado para ser rechazado.

Pero la pregunta es: ¿qué motivaba al PSOE a forzar unas nuevas elecciones si no conseguía gobernar en solitario? ¿por qué prefería el PSOE una repetición electoral antes que gobernar en coalición con UP?

El PP podría haber planteado que, si Sánchez no era capaz de encontrar apoyos, se abstuviese en favor de una coalición de gobierno entre las tres derechas.

La hipótesis que el PSOE barajaba era que, a tenor de los resultados de mayo, ellos podrían alcanzar al menos los 140 escaños, UP se hundiría, dividiéndose sus escaños entre ellos y la escisión de Íñigo Errejón (la que habían estado alentando como medida de presión para que UP les apoyase la investidura sin entrar en el Gobierno), y Ciudadanos retrocedería, pero no tanto como para quedarse sin fuerza para pactar con ellos. No obstante, de toda esta hipótesis, la idea principal era conseguir hundir a UP. La premisa primordial era clara: Unidas Podemos delenda est.

Los resultados del pasado 10 de noviembre rompían totalmente la hipóstasis socialista: el PSOE ya no es que no se superasen los 140 escaños, es que perdía 760.159 votos y tres diputados; Unidas Podemos no se hundía; la plataforma de Errejón nacía muerta; y Ciudadanos se desplomaba hasta la intrascendencia parlamentaria, aprovechándolo Vox para subir vertiginosamente hasta la tercera posición, al tiempo que frenaba el ascenso del PP, que esperaba superar tranquilamente los 100 escaños hasta el inicio de los disturbios en Barcelona.

Con este mapa encima de la mesa, Pedro Sánchez se despertaba de su sueño de verano de gobernar en solitario, apoyándose a izquierda y derecha en partidos menguados (UP, Errejón, Ciudadanos). También quedaba imposibilitada su segunda preferencia, gobernar en coalición con Ciudadanos. La tercera opción, buscar algún tipo de apoyo por parte del PP, se hacía igualmente casi imposible, pues la suma de la polarización del PSOE con Vox en campaña, las retransmisiones televisivas en modo bélico y el desplome de Ciudadanos, habían propulsado a Vox hasta pisar la sombra del PP, por lo que en esta situación Casado no se podría permitir dar cobertura a un gobierno de Sánchez y perder el timón de la oposición.

La única opción viable salida de las urnas de noviembre era la misma que la que Pedro Sánchez había querido evitar, para poder dormir, llevándonos a esas elecciones: formar un gobierno de coalición con el apoyo del resto de fuerzas progresistas, regionalistas y nacionalistas.

Llegados a esta conclusión, el PSOE solo podía apostar por dos caminos: asumir que había perdido su órdago y sentarse a negociar con UP, o intentar repetir la partida de ajedrez de verano, intentando doblegar a UP para que apoyase su gobierno en solitario. Esta segunda opción tenía un grave inconveniente a medio plazo: sin un Ciudadanos en el que apoyarse, ¿cómo sacaría adelante medidas que no apoyasen las fuerzas de la moción de censura?

El PSOE jugó ya una vez a la ruleta rusa y salió herido, pero no muerto. Mejor no tentar a la suerte otra vez.

Asimismo, haber apostado por el segundo camino, repetir la partida de ajedrez, hubiera conllevado para Pedro Sánchez un riesgo enorme: en primer lugar, el PP podría haber insistido en su disposición a desbloquear la situación y apoyar un gobierno del PSOE, siempre y cuando Sánchez diera un paso al lado. En segundo lugar, con el paso de las semanas y la repetición del esperpento negociador de julio, el PP podría haber planteado que, si Sánchez no era capaz de encontrar apoyos, se abstuviese en favor de una coalición de gobierno entre las tres derechas para no llevar al país a terceras elecciones. Esa probable situación, además, hubiera reforzado la posición negociadora de Pablo Iglesias. Una opción que no se ha comentado pero que hubiera sido muy verosímil.

Los importantes riesgos que conllevaban el segundo camino explican por qué Pedro Sánchez ha llegado en 48 horas a un preacuerdo al que no quiso llegar en meses. El tercer camino posible, una nueva repetición electoral con tal de gobernar en solitario, creo que no habrá pasado por la cabeza ni del más temerario. El PSOE jugó ya una vez a la ruleta rusa y salió herido, pero no muerto. Mejor no tentar a la suerte otra vez.

¿Por qué ahora sí y antes no?, nos preguntábamos al principio. Porque la hipóstasis del PSOE para gobernar en solitario era, parafraseando a Calderón de la Barca, una ilusión, una sombra, una ficción, un sueño, y los sueños, sueños son.

 

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