Todo lo que está mal en el vídeo del Colegio Mayor Elías Ahuja (y qué hacer con ello)

Del ‘qué barbaridad’ se ha pasado al ‘bueno, ellas los defienden’ sin ser conscientes de que ambas actitudes son dos caras de la misma moneda.
Varias estudiantes, en un balcón del Colegio Mayor Santa Mónica, el 6 de octubre, en Madrid.
Varias estudiantes, en un balcón del Colegio Mayor Santa Mónica, el 6 de octubre, en Madrid.
Jesus Hellin/Europa Press via Getty Images

Que el vídeo está cortado, que las chicas los defienden, que es una tradición arraigada entre colegios mayores, que eso no son hombres sino cuatro ‘locos’… El vídeo en el que residentes del Colegio Mayor Elías Ahuja de Madrid se desgañitan gritando “putas”, entre otras cosas, a las residentes del Colegio Mayor Santa Mónica ha generado lecturas para todos los gustos. Y del ‘qué barbaridad’ se ha pasado al ‘bueno, a ellas también les gusta’ en pocas horas; sin ser siquiera conscientes de que todo ello forma parte de una misma moneda llamada machismo.

Es irónico que el día que entra en vigor la ley del ‘sólo sí es sí’ –este mismo viernes– España debata sobre si la escena de los colegiales era machista o, simplemente, un ‘juego de críos’.

Como ha señalado la ministra de Igualdad, Irene Montero, “no hace tantos años muchas mujeres decían ‘mi marido me pega lo normal’ cuando eran maltratadas por sus agresores”. Eso no quería decir que el maltrato fuera menos grave, sino que se había normalizado –y se normaliza– la violencia machista, pues se entendía que era ‘lo que tocaba’ si eras mujer.

Que algunas de las colegialas del Santa Mónica hayan salido a ‘defender’ a los chicos del Elías Ahuja es una muestra más de hasta dónde llega esa normalización. “Normalizar la violencia es la base de la cultura de la violación y el machismo”, decía la ministra Montero en Twitter. “Educación sexual para aprender que tratar mal está mal”, zanjaba.

Con esa educación afectivosexual a la que apela Montero, que tan denostada ha sido por el sector conservador y que ya aparece plasmada en las leyes (LOMLOE y ‘sí es sí’), se pretende precisamente prevenir actitudes machistas, desechar estereotipos de género, educar en igualdad, explicar la importancia del consentimiento, y hasta prevenir infecciones de transmisión sexual fomentando relaciones sexuales seguras, consensuadas y sanas. El contenido será transversal, integral y adaptado a todas las etapas educativas, pero es especialmente importante en adolescentes, puesto que es a esa edad cuando se evidencian con más fuerza las distintas identidades sexuales y de género.

Puede que estas alturas sea un tópico, pero los hombres también se verán beneficiados por esta educación –que no va contra ellos–, pues todos somos hijos del mismo patriarcado y esos roles de masculinidad tóxica también les perjudican (por otro lado, los colegiales del Elías Ahuja no son “monstruos” ni “enfermos”). Del mismo modo, ser mujer no equivale a estar libre de actitudes machistas, que pueden manifestarse hasta en la persona más feminista, ya que todos hemos mamado del mismo sistema hegemónico que perpetúa desigualdades.

Quiénes son los colegiales y por qué ese machismo

Esto es quizás más significativo en el episodio del Colegio Mayor, donde acuden los hijos de una élite –llamados a su vez a conformar la élite del futuro– educada muchas veces en centros privados de corte religioso y conservador (no olvidemos que el Elías Ahuja es un centro caro, sólo para hombres y gestionado por la Orden de San Agustín; y que sobre él también recaen críticas de clasismo, racismo, y hasta enaltecimiento del franquismo y del nazismo).

Aunque el vídeo nos revuelva ahora las tripas, esta conducta no es nueva, y tristemente está siendo alentada por un sector de la derecha más extrema. El último barómetro sobre juventud y género elaborado por el Centro Reina Sofía desvelaba que uno de cada cinco chicos de entre 15 y 29 años considera que la violencia de género no existe y que es un “invento ideológico”, algo que era defendido por una de cada diez chicas de la misma edad.

La cultura de la violación tampoco ha empezado con el famoso vídeo del Colegio Mayor. Es cosificar a las mujeres, limitarlas a meros objetos sexuales –“conejas, vais a follar todas en la capea”–, hacer de ellas algo sumiso e insignificante que sólo sirve para dar placer al hombre, y al mismo tiempo humillarlas si se atreven a disfrutar del sexo –“putas, ninfómanas”– o, peor, tratar de justificar una violación –en este caso una agresión verbal– porque bueno, a ellas también les gusta.

“La educación afectivosexual es lo único que puede cambiar el futuro”

Tras la indignación y el shock por el vídeo, y por sus réplicas, queda aferrarse, de nuevo, a la educación, y no como un invento ideológico de la izquierda. En declaraciones a la agencia EFE, el presidente del Consejo de Colegios Mayores, Juan Muñoz, achacaba estas vejaciones machistas a “un fallo social y educativo”, y reconocía que podían ser “un reflejo de la sociedad” que, efectivamente, sigue siendo machista. Muñoz también hacía autocrítica: “Ha fallado la transmisión de los valores sobre la igualdad” en centros que promueven proyectos que a priori deben responder a valores democráticos.

Como apuntaba hace unas semanas a El HuffPost Gregorio Gómez Mata, secretario de la asociación Alma contra la violencia de género, la educación afectivosexual “es lo único que puede cambiar el futuro”. De momento es una asignatura pendiente.

(Y por cierto, de jalear cánticos machistas también se sale. Puedes haber coreado con 15 años el “las niñas de hoy en día son todas unas guarras” del rapero Porta, incluso siendo chica, y avergonzarte de ello quince años después).

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