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24/10/2017 07:29 CEST | Actualizado 24/10/2017 11:45 CEST

No me toquen la lengua

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Este artículo está disponible también en catalán.

Soy de una generación a quien la dictadura franquista prohibió aprender su lengua materna el catalán, en mi caso. No me permitió estudiar ni hacer nada fuera de la privada cotidianidad (ni leer el periódico, ni ver la tele, películas en el cine, ni tantas otras cosas). Lo tenía que hacer obligatoriamente en la del imperio. Como mucha otra gente, aprendí el catalán de adulta, por mi cuenta. Diría que por dignidad, para no ser analfabeta.

El franquismo no consiguió que odiara el castellano, a pesar de un adoctrinamiento que obligaba a los libros de texto a afirmar taxativamente delirios como que en España había una única lengua, el español una y grande y que el gallego, el vasco o el catalán eran meros dialectos suyos. También obligaba a los de geografía a decir que Dios había situado a España en el centro de mundo como se podía comprobar en una bola del mundo. Hay gente que parece que todavía cree ambas cosas.

Una generación más tarde y bajo el amparo de una de las escuelas de la CEPEC benditas sean y por siempre recordadas, mis hijas pudieron escolarizarse, de extranjis, en catalán y aprendieron perfectamente el castellano. Aún me emociona recordar como elaboraban heroicamente de manera artesanal el material y como lo escondían y mostraban «el oficial» cuando la inspección se personaba para su fiscalización. La disputa entre legalidad (el franquismo era totalmente legal y legalista) y realidad. Maestras y maestros que por amor a la lengua y al no adoctrinamiento dedicaron horas y horas a hacer materiales de todo tipo sin que nadie se lo pagara. Bueno, sí, cada antigua alumna que una vez terminada la carrera manifiesta con alegría que todo lo importante lo aprendió en la Básica. Profesoras que por amor a la literatura no sólo han enseñado quiénes eran Carmen Martín Gaite o Antonio Machado, Mercè Rodoreda o Caterina Albert, sino que han fomentado su estima.

Hay quien envía a las criaturas a la escuela porque no tiene ningún inconveniente en que, por ejemplo, la religión católica las adoctrine. Las de la escuela pública, lo están en la no violencia y la paz. Los resultados están en la calle, recordemos las enormes manifestaciones por la paz, contra la guerra de Irak.

Primero, tolerado, más tarde, oficial, el reciclaje de catalán fue por los mismos senderos. Al principio, el mismo profesorado se encargaba incluso de la matrícula en escuelas que, llenas de buena voluntad, dejaban también gratuitamente impartir las clases, ya fuera en el Baix Llobregat, ya fuera donde fuera. En todas partes. Profesoras y maestros acudían fuera de horario escolar, sin obtener ni puntos ni nada de nada a cambio, porque sí, por amor a la lengua, al conocimiento; por puro respeto. Una vez oí decir al nacionalista Mario Vargas Llosa que en aquellos años nadie reivindicaba el catalán.

Porque hablo de una época coetánea e incluso posterior a su estancia en Barcelona. Vivió en ella entre 1970 y 1974, una etapa que el escritor considera que fue paradisíaca en Barcelona. Si tienen ganas, repasen cuando fueron los últimos consejos de guerra del franquismo, o recuerden que en 1974 ajusticiaron a Salvador Puig Antich y en 1975 fusilaron a Txiki.

Corría el 1976 o el 1976 cuando en una escuela de las entonces llamadas «nacionales» me «dejaban» dar unas escasas clases de catalán, sin que la nota constara en el boletín, sin poder participar en los claustros, siempre que fuera gratis (justamente las pagaba Òmnium Cultural), cuando un maestro de historia me llamó la atención porque espiando por una ventanilla que había en la puerta me había visto dibujar en la pizarra el mapa de las lenguas románicas. Severamente me dijo que «allí» no hacían política (recordarán que Franco tampoco). Consideraba adoctrinamiento este básico concepto lingüístico.

Pintaban bastos. Y siguen pintando.

Un ministro, Alfonso Dastis, titular de Asuntos Exteriores, en la línea de lo que afirmaba (y se proponía) el ex ministro José Ignacio Wert (que al menos era el del gremio) ha osado decir que el castellano está discriminado en las escuelas públicas catalanas y que en Cataluña sólo se oye hablar catalán, que quien quiera hablar en castellano tendrá muchas dificultades.

Ni postveritats, ni fakes, ni nada. ¿Cómo es posible que pueda decir dos mentiras tan groseras (y tan fáciles de desmontar) y que no le pase nada? ¿Qué están tramando? Porque este señor no tiene un pelo de tonto y lo que dice lo dice con premeditación y alevosía. Y a fin de mal. Porqué el PP nunca da puntada sin hilo: hemos tardado sólo unos días en constatar que hablar de tumultos y tumultuaridades era una táctica para hacer creíble una inexistente sedición y allanar la detención de Jordi Cuixart y Jordi Sànchez.

No es un caso aislado. Es una determinada e intencionada política del PP que se basa en la más absoluta miseria intelectual. Un único detalle. Hace unas semanas, un dirigente del PP valenciano exigió al presidente Ximo Puig que se dirigiera en castellano al presidente Carles Puigdemont porque la Constitución dice que entre territorios que tienen lenguas diferentes debe usarse la castellana. No importa que su propia y fiel Real Academia defina el valenciano así: «Variedad del catalán que se habla en gran parte del antiguo reino de Valencia y se siente allí comúnmente como lengua propia».

¿Creen que este disparate es «hablar de lo que realmente importa a los españoles» o es aplicar el sentido común? Que les dejen hablar y escribirse como quieran; que nos dejen en paz.

No está de más recordar que la izquierda propuso la inmersión lingüística. La derecha, que seguramente no tenía ninguna alternativa, la tuvo que aceptar.

En cuanto a la supuesta discriminación en las escuelas públicas catalanas a que se refiere Dastis, es pesado pero repetiré una vez más que:

1. En Cataluña, las PAU muestran año tras año que la nota de lengua y literatura castellana supera la de lengua y literatura catalana.

2. Después de treinta años de inmersión lingüística, todos los datos muestran que el alumnado que acaba la escolarización obligatoria tiene una buena competencia en ambas lenguas.

3. El conocimiento de castellano es parecido en grupos escolarizados en castellano que sólo tienen el catalán como asignatura y en los que practican la inmersión lingüística. Lo único que baja es el nivel de catalán del alumnado de los primeros grupos.

4. Saber una lengua no quita espacio a otra, a pesar de que Ciudadanos diga que lo crea. Pero se trata de un partido que nació exclusivamente contra la inmersión en lenguas que no sean el castellano y que por razones ideológicas afirma la memez que la inmersión consiste en formar en una sola lengua.

5. La ciencia muestra que el conocimiento y las habilidades que se adquieren cuando se dominan dos lenguas son bastante más grandes que si se aprende sólo una. Cuanto más lenguas se dominan, más fácil es aprender otra.

6. El modelo de escuela catalana avalado por el Consejo de Europa es un buen sistema que funciona razonablemente bien tanto desde el punto de vista educativo como respecto a la cohesión social. Garantiza el conocimiento de catalán y castellano. Como tengo un día doctrinario pongo deberes: comprueben la evolución en Cataluña de la puntuación media de las competencias en lenguas de 6º de Básica y de 4º de ESO de los últimos cursos.

No está de más recordar que la izquierda propuso la inmersión lingüística. La derecha, que seguramente no tenía ninguna alternativa, la tuvo que aceptar. ¡Gracias PSUC, gracias Associació Rosa Sensat, gracias Marta Mata y M. Aurèlia Capmany! ¿Qué harían estas dos eminencias que sudaban socialismo si vieran a su PSC fomentando el artículo 155 contra Cataluña?

No quiero abusar de su paciencia y termino.

Por lo tanto, respecto a la segunda mentira de Dastis, la de que en Cataluña sólo se oye hablar catalán y es muy difícil hacerlo en castellano, sólo propongo tres actividades que espero que no se consideren doctrinarias.

1. Pasear por Barcelona un rato. Si las piernas duelen, se puede sustituir por tomar un autobús o un taxi. (Fíjense que no digo, por ejemplo, ir a un juzgado.)

2. Ir al patio de cualquier colegio o instituto y poner la oreja.

3. Hacer una rápida y sencilla búsqueda en Internet de los siguientes epígrafes: «dirigirse en catalán», «dirigirse en castellano» y «dirigirse en español» (las comillas son necesarias).

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