La España que nos hiela el corazón

La España que nos hiela el corazón

Que los analistas políticos no dejen de hablar de la posibilidad de un acuerdo para la gran coalición PP/PSOE, cuando ambos partidos acaban de sufrir la pérdida de votos más importante de su historia reciente, debería ilustrarnos acerca del precario valor que para los intereses de la dictadura financiera tiene la voz de los ciudadanos.

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Nuevamente hay que recurrir a don Antonio Machado, como hacíamos los adolescentes del último franquismo, años antes de que se cocinara la Transición que se nos permitió. Escribió el poeta en Proverbios y cantares:

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo, te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, los grandes derrotados en las pasadas elecciones como líderes respectivos de los dos partidos que han perdido casi cinco millones y medio de votos, se reunieron ayer en La Moncloa para tratar de hacer posible -a instancias del primero- un pacto de Estado que satisfaga a las élites financieras que mandan en Europa.

Julio Anguita, con la perspicacia que le caracteriza, prevé que ese pacto puede ser posible, dado que al fin y al cabo uno y otro partido en el Gobierno han desarrollado políticas muy similares ante la crisis/estafa que ha saqueado a la mayoría de la sociedad. Algunos -entre los que me encuentro-, seguimos siendo tan cándidos que no podemos olvidar las promesas de Sánchez en sus recientes mítines políticos a lo largo de la campaña electoral. ¿Cómo va a desdecirse de su programa ese Partido Socialista que aspiraba a reparar sus errores y hacer lo posible por restaurar la decaída imagen que dejó en los últimos años del Gobierno Zapatero?

Que los analistas políticos no dejen de hablar de la posibilidad de un acuerdo para la gran coalición PP/PSOE, cuando ambos partidos acaban de sufrir la pérdida de votos más importante de su historia reciente, debería ilustrarnos acerca del precario valor que para los intereses de la dictadura financiera tiene la voz de los ciudadanos. El mismo que para don Mariano y don Pedro, que después de haber sido castigados por las urnas de forma tan manifiesta tienen la desfachatez de postularse para seguir liderando sus respectivos partidos.

Creo, en efecto, que una vez más estamos en España para recitar con mucho sentimiento y razón los versos de don Antonio: la España que bosteza es la de un tiempo histórico iniciado en 1978 y a la que la crisis/estafa de los últimos años ha dado un golpe de suficiente entidad como para noquearla. Los recortes sociales y laborales, las leyes restrictivas de la libertad de expresión y reunión, ese 50 por ciento largo de juventud en paro, la que sufre un exilio laboral permanente y la desigualdad creciente de la sociedad española han hecho que un sector muy importante de la ciudadanía se decantara el pasado domingo por otra España, que quiere vivir y a vivir empieza.

Sería un grave error que no se la tenga en cuenta a la hora de proyectar un futuro más halagüeño que el deparado por los dos partidos aludidos, que se han turnado hasta ahora en el gobierno del país y lo han llevado adonde no debería estar. A muchos españoles se les helaría el corazón si quienes son responsables de lo que tenemos fueran la alternativa más viable.