De la Espriella derrapa ante el terremoto: risas y alusiones a Cristo en su primer gran reto en Colombia
El presidente ultraderechista, que juró el cargo el viernes, promete a los ciudadanos que no estarán solos, en una primera comparecencia criticada por "desconectada del dolor". Pensaba congelar el presupuesto, pero tendrá que cambiar de planes.
Colombia estrenó presidente el viernes pasado. Se llama Abelardo de la Espriella, un polémico abogado sin experiencia política pero que, a lomos del populismo y la ultraderecha -y de los errores de sus contrarios, también-, supo exponerse como salvador. Tras la fiesta y los fastos, tras la banda tricolor y la espada de Simón Bolívar, lo normal es que en sus primeras horas en el cargo estuviera aún reuniéndose con los mandatarios que acudieron a su jura y averiguando dónde queda su despacho, pero se ha tomado con un reto mayúsculo: el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió este lunes el país. Por ahora deja 132 muertos y 570 heridos.
Aún no se sabe cómo llevará una gestión tan formidable. Parte con el entendible beneficio de la duda si falla, porque efectivamente no ha tenido tiempo ni de sentarse y la transición con su predecesor, el izquierdista Gustavo Petro, no ha sido precisamente tranquila. Sin embargo, ante una catástrofe así se hubiera esperado del nuevo mandatario otro tono, para empezar. Y no. Ha derrapado con un primer discurso que los opositores califican como "desconectado del dolor".
A su intervención ante la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), llegó saludando a todos, mandando besos al fondo de la sala y riéndose, algo completamente fuera de lugar teniendo en cuenta el momento por el que estaba pasando el país. Luego, en vez de hablar de los medios que va a poner a disposición de los ciudadanos y del esfuerzo de los servicios de emergencia, hizo una referencia poco comprensible: "Le encomiendo nuestro país al señor Jesucristo para que nos ayude a salir de esta tragedia". Una cosa es hacer referencias religiosas en un país con profunda fe y, otra, dejar el trabajo de su Presidencia en manos del cielo. Lo que necesita este seísmo son medios, dinero y dedicación, le dicen sus críticos.
Una imagen de la Virgen de Fátima estuvo presente durante la ceremonia de posesión de De la Espriella, el pasado 7 de agosto en Cali, convirtiéndose en el símbolo de la nueva administración incluso en redes sociales.
Las formas han eclipsado en parte su mensaje. El nuevo mandatario prometió a los afectados que "no estarán solos" y aseguró que el Gobierno responderá con toda su capacidad ante la emergencia. Las prioridades serán proteger la vida, atender a las víctimas y avanzar en la reconstrucción de los territorios afectados, añadió. "Frente a la adversidad que hoy golpea a nuestro pueblo, el Estado no se dobla ni titubea. Este Gobierno asume con carácter, total disposición y compromiso absoluto la atención integral de las víctimas y la reconstrucción de las zonas afectadas por esta tragedia natural", afirmó De La Espriella.
Dada la gravedad de la situación, el líder de la formación Defensores de la patria declaró la emergencia nacional y aseguró que esto permitirá desplegar las capacidades institucionales necesarias para responder a las consecuencias del sismo. Pretende asumir personalmente, dijo, el timón de la crisis y por eso, al menos por ahora, ha suspendido toda su agenda. "Yo estaré al frente de esta emergencia nacional, recorriendo el país sin descanso para tomar las decisiones inmediatas que protejan la vida de cada ciudadano", manifestó.
Por ahora, se ha instalado un Puesto de Mando Principal (PMP) en Bogotá, la capital colombiana, desde el cual se coordinarán en tiempo real las acciones adelantadas para enfrentar la emergencia. El puesto trabajará de manera articulada con tres Puestos de Mando Unificado (PMU) más, ubicados en Armenia, Quindío y Cali, detalló. Además, anunció la conformación de equipos estratégicos encabezados por el vicepresidente, José Manuel Restrepo, y los ministros de su flamante gabinete. La orden es garantizar presencia del Gobierno y respuestas "inmediatas" directamente en los territorios.
El presidente pidió dejar de lado las diferencias y abrazar a quienes están enfrentando las consecuencias más graves del terremoto. "Mi llamado hoy es a la unidad inquebrantable de la Nación. Rodeemos a las víctimas y a las familias que hoy sufren este embate con la grandeza y la solidaridad que definen nuestro carácter patriótico", expresó. Terminó su mensaje reiterando que el Gobierno estará al frente de la respuesta: "¡De esta salimos adelante con la ayuda de Dios y la fuerza de la República! ¡Firme por la patria!", exclamó.
La prensa nacional coincide en que son mensajes que era necesario transmitir, de unidad, como el que ha lanzado Iván Cepeda, el izquierdista al que De la Espriella derrotó en las elecciones de junio. Sin embargo, para un mandatario que llega al poder tras una campaña polarization tremenda y con una agenda de cambios drásticos, la capacidad de sostener la empatía pública en momentos de duelo colectivo resulta tan crítica como la eficacia logística.
Toca viraje...
Las imágenes de edificios colapsados en Cali o Quibdó, las carreteras fracturadas en el Eje Cafetero o la paralización de al menos seis aeropuertos dibujan un panorama crítico para el país. Una catástrofe es dura para cualquiera que gobierne, esté en Venezuela, en Japón o en Colombia. Pero, para De la Espriella, este golpe de la naturaleza no sólo representa la urgencia de coordinar las operaciones de rescate, sino un giro radical en las prioridades de un Gobierno que acababa de tomar las riendas del Estado.
Y es que el principal pilar con el que llegó a la Casa de Nariño -La Moncloa local- ha sido el de la disciplina fiscal. Tras recibir de la administración saliente un déficit público del 6,4% del PIB -con proyecciones de escalar hasta el 7,8%, según datos oficiales-, el mandatario planeaba implementar un severo programa de austeridad que incluía el congelamiento inmediato de partidas presupuestarias.
Esta cifra -muy superior a los balances proyectados a principios de año- situaba a Colombia entre las economías con mayor agujero fiscal del mundo, presionada por un gasto público estructural sensiblemente superior al recaudo tributario, un alto nivel de endeudamiento público (con una deuda bruta en torno al 61% del PIB) y el elevado costo del servicio de la deuda (donde el pago de intereses absorbe entre un 4% y un 5% del PIB en un entorno de tasas para los bonos soberanos superiores al 11%).
La piedra angular del programa económico de De la Espriella era aplicar un choque de austeridad severo, con un plan inicial de congelamiento del gasto público y lo que el propio ministro designado pata Hacienda, Miguel Gómez Martínez, calificó como "el recorte de gasto más grande de la historia republicana del país", combinado con la intención de reducir la carga tributaria en sectores clave, como la propuesta de eliminar el impuesto al patrimonio.
Decretar el estado de "desastre de carácter nacional" sirve para tener una herramienta legal que le otorga facultades excepcionales para reasignar recursos hacia la emergencia. Dinero que tenía pensado para otra cosa. "De la Espriella pensaba congelar el presupuesto apenas empezada la gestión, pero evidentemente es algo que se va a tener que revisar. Esto va a tener consecuencias directas sobre sus planes de gobierno", señala a Todo Noticias (TN) el politólogo Yann Basset, profesor de la Universidad del Rosario en Bogotá.
... y será doloroso
El reto económico es doblemente complejo porque la reconstrucción requerirá desembolsos multimillonarios en un país que ya atravesaba una delicada coyuntura en su sistema de salud, golpeado por problemas de liquidez y cierres de servicios que ahora deben atender la llegada masiva de damnificados. La atención de la emergencia (rescates, albergues, logística) y la posterior reconstrucción masiva de infraestructura -con 61 edificios colapsados, más de 1.500 viviendas averiadas o destruidas, 18 vías dañadas, centros de salud y al menos seis aeropuertos afectados en Chocó, Valle del Cauca y el Eje Cafetero, que se sepa hasta este martes por la mañana- requerirán billones de pesos no contemplados en el presupuesto.
Como coinciden en señalar analistas macroeconómicos, es materialmente imposible concretar un recorte del gasto en el corto plazo cuando el Estado debe volcar recursos masivos a las zonas damnificadas, dicen medios como Caracol TV.
Para financiar la reconstrucción sin desbordar por completo las cuentas públicas, el Gobierno de De la Espriella se enfrenta a varias alternativas, complejas todas ellas, como resalta El País. La primera sería un mayor endeudamiento público, recurriendo a la emisión de más deuda o a líneas de crédito de emergencia internacional (como las donaciones iniciales y créditos multilaterales del CAF o Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe). Sin embargo, es peligroso: con tasas de interés elevadas y el riesgo de un deterioro en la calificación crediticia del país, contraer más deuda encarecerá aún más el servicio presupuestario futuro.
También puede recurrir a la reasignación y congelamiento en otras carteras menos esenciales, desviando presupuesto hacia la reconstrucción. Es desvestir a un santo para vestir a otro, dejando a zonas en la sombra o ralentizando otros sectores de la economía patria. Desde luego, supone no llegar a lo planeado por el ahora presidente.
Se espera que las zonas más castigadas por el sismo, como el Eje Cafetero (clave para el comercio, turismo y agro) y el Pacífico colombiano, sufran una contracción temporal en su actividad productiva, lo que se traducirá, a su vez, en una caída adicional del recaudo fiscal previsto para el segundo semestre de este año.
El margen de maniobra de De la Espriella ante la Regla Fiscal, el mecanismo legal que limita el endeudamiento y el déficit sostenible del Estado, se vuelve "crítico" en estas circunstancias, expone TN. Si el déficit sobrepasa el 7,8% del PIB por cuenta de la reconstrucción, los mercados financieros podrían interpretar que la trayectoria de consolidación fiscal se pospone indefinidamente, presionando al alza el riesgo país y depreciando la moneda local.
La legislación colombiana permite flexibilizar las metas de la Regla Fiscal ante eventos de fuerza mayor o catástrofes naturales. No obstante, hacer uso de esta excepción da margen de gasto al Gobierno a costa de perder credibilidad en los compromisos de ajuste fiscal a mediano plazo.
Así que el flamante gabinete tiene por delante un dilema político y de relato, también. El terremoto transforma radicalmente el discurso con el que Abelardo de la Espriella inició su mandato. Su promesa de un "Estado austero y reducido" choca de frente con la exigencia social de un "Estado presente y protector" que financie la ayuda a las víctimas, subsidie a quienes lo perdieron todo y lidere la reconstrucción.
En consecuencia, se verá abocado a recalibrar su agenda: el choque fiscal prometido tendrá que postergarse o suavizarse para evitar un costo social irreparable en el inicio de su gestión, convirtiendo la disciplina presupuestaria en la primera gran víctima colateral del terremoto. Un lastre que nadie sabe si será salvable... en el tercer día de su legislatura de cuatro años.