Magyar en la UE: las 7 diferencias entre el nuevo líder húngaro y su antecesor Orban
El conservador, ganador de las elecciones, acaba con el reinado de 16 años del ultra y trata de recomponer lazos con Bruselas, dañados por las violaciones al Estado de derecho y por la cercanía de Budapest a Moscú.

Los presidentes de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y del Consejo Europeo, António Costa, y el futuro primer ministro húngaro, Péter Magyar, mantuvieron ayer miércoles una reunión en Bruselas en la que se emplazaron a trabajar "estrechamente juntos" y desbloquear los fondos de la UE destinados a Hungría.
Magyar acudió a la capital europea por primera vez desde que se proclamó vencedor de las elecciones generales, que tuvieron lugar en su país el pasado 12 de abril, cuando su partido, Tisza, venció con claridad al oficialista Fidesz del todavía primer ministro Viktor Orbán. El ultra llevaba 16 años en el poder.
Acaba, de esta forma, una etapa de poder que ha pasado de la democracia al iliberalismo, con reformas constitucionales, electorales, sobre separación de poderes o control de los medios de comunicación que habían obligado a Europa a castigarle, incluso, por salirse del camino de valores establecido en los Veintisiete.
Magyar es conservador, fundó un partido con disidentes del propio Fidesz, el partido de Orban, por lo que no se espera un vuelco progresista. Sin embargo, hay cosas en las que ha garantizado el cambio: de sus relaciones con las instituciones europeas al respeto a libertades como la sexual, pasando por una reducción de la propaganda nacionalista y una reforma que, de nuevo, ponga a los poderes en su sitio y elimine el poder de los oligarcas, "amigos corruptos" del viejo sistema.
En Bruselas, las diferencias entre Magyar y Orban han saltado a la vista. Estas son algunas de ellas:
1) El que en breve será nuevo primer ministro húngaro declaró haber mantenido conversaciones "sumamente constructivas y exitosas" con Costa -socialista portugués- y Leyen -conservadora alemana-. Poco que ver con el desdén a los "burócratas de Bruselas intentan destruir Hungría", que decía el ultraderechista.
2) "A favor de nuestros intereses": el eje de la conversación de ayer fueron los fondos de la UE congelados a Budapest, hasta 11.000 millones de euros del Fondo de Recuperación pospandemia que Bruselas se ha negado a entregar ante la erosión del Estado de derecho que se estaba viviendo en el país bajo el mandato de Orban, con violaciones cada vez más constantes y profundas. Ese dinero, decía siempre Orbán, es "húngaro" y la UE hacía "chantaje" con él. Magyar lo ve de otra manera. Dice que el dinero "pronto" llegará a Hungría, toda vez que "la Unión Europea no impone condiciones que sean contrarias a los intereses de nuestro país". O sea, es consciente de que hay que hacer cambios porque la dirección del gabinete ultra no era la adecuada. Lo asume y anuncia que las cosas van a cambiar y podrán reactivar la maltrecha economía húngara, que ha experimentado un crecimiento mínimo en los últimos tres años. Y tienen que hacerlo, además, porque los millones deben retirarse a mediados de agosto o se perderán irrevocablemente. Tras su reunión con von der Leyen, Magyar escribió en Facebook que regresaría a Bruselas la semana del 25 de mayo para concluir un acuerdo político sobre los fondos congelados. Su toma de posesión es el 9 de ese mes, justamente el Día de Europa.
3) Habla el ganador de las elecciones de "reactivar la economía húngara y llevar a cabo las reformas necesarias para crear un país funcional y humano". La palabra "reformas" sólo estuvo en el diccionario de Orban a regañadientes, precisamente porque Bruselas le amenazaba con el dinero, como ya hizo con Polonia, por motivos similares, también a raíz de excesos de fuerzas de derecha extrema. También allí hubo cambio de Gobierno y las ayudas, ahora, fluyen. Von der Leyen le garantizó, en respuesta, que la Comisión "apoyará su trabajo para abordar estos problemas y realinearse con los valores europeos compartidos". Magyar se encuentra en una buena posición para impulsar las reformas en el parlamento húngaro, tras haber conseguido una "supermayoría" de dos tercios de los diputados que permite al partido gobernante modificar la constitución.
4) Justo uno de los reproches principales que se le hacía a Orban, su alejamiento de los valores fundacionales de la Unión. Magyar ha dejado claro dónde ve el problema. Según él , los fondos fueron bloqueados debido a la "corrupción a escala industrial" bajo el mandato del que será, ahora, su predecesor. Orbán, cuya campaña electoral se centró mayoritariamente en la oposición a la UE, ha acusado a su rival de ser un títere de Bruselas.
5) "Hungría estuvo, está y estará en Europa", sostiene Magyar. Orban, en cambio, llevaba años adviertiendo sobre la desintegración de la UE y el futuro de Hungría en el club comunitario. No es bobo: sabe que su país ha sido, históricamente, uno de los mayores beneficiarios netos del presupuesto de la Unión Europea, por eso no hablaba de un hungrexit, pero sí denostaba sus instituciones. Su oponente no las cuestiona, por ahora.
6) Magyar ha intentado restablecer también las tensas relaciones con Ucrania, ofreciéndose a reunirse con el presidente Volodimir Zelenski a principios de junio en Berehove, ciudad de mayoría húngara situada en el suroeste de Ucrania. En campaña no quiso hablar de si se comprometerá con la defensa del país invadido por Rusia y tampoco habló de anular los numerosos contratos (comerciales y energéticos) que sigue teniendo con Moscú, reflejo de la sintonía entre Orban y Vladimir Putin. Pero ese gesto denota distensión y cambio.
7) La séptima diferencia no se lee ni se escucha, sino que se ve: las reacciones que genera el nuevo mandatario en los líderes europeos. La relajación y las sonrisas de Leyen y Costa lo dicen todo. Europa siempre felicita a los ganadores de las elecciones en sus territorios, pero esta vez, los parabienes son de corazón. Saben que es un alivio para el compromiso europeo de Hungría y que se abren las puertas a menos vetos ante las necesarias unanimidades (sobre todo sobre Ucrania y Rusia) y al respeto a un modelo democrático sin el que la Unión no se entiende.

