¿Necesario o peligroso? El debate sobre el Ejército europeo revive por Putin y Trump
Durante décadas, esta ha sido una polémica Guadiana, pero la invasión de Ucrania o las pretensiones de EEUU sobre Groenlandia y la división en la OTAN ponen de nuevo en primer plano la idea. España la apoya, pero no es la corriente mayoritaria.
Es un tópico, pero también es verdad: la Unión Europea (UE) ha crecido históricamente a base de crisis, del mercado único a el euro, pasando por la deuda común. Son las apreturas las que hacen que la maquinaria, hoy de 27 motores, acabe arrancando y avanzando. Ahora, el club comunitario tiene serios problemas con la defensa y, por eso, renace un debate Guadiana, que lleva décadas saliendo a la agenda y volviendo al cajón: el de la necesidad o no de contar con un Ejército europeo, propio e independiente.
Hace cuatro años, cuando comenzó la invasión rusa de Ucrania en pleno corazón del continente, las alarmas se volvieron a disparar y, más recientemente, se han multiplicado, tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. El republicano ha mostrado sus dudas sobre la protección común entre los aliados en la OTAN y se ha mostrado agresivo con sus aspiraciones de tomar suelo europeo, como Groenlandia.
Hay que pasar de los ejércitos pequeños y tener uno grande, potente, coordinado y moderno, sin servidumbres respecto a la Casa Blanca, sus intereses y su material, dicen unos. Eso es imposible, replican otros, porque las competencias en este área son de los estados, muy sensibles, y porque además ya está la Alianza Atlántica para ello.
El pasado: pudo ser y no fue
La idea de un Ejército europeo común se ha debatido continuamente desde que se inició el proyecto europeo, en los primeros días de la Guerra Fría. El Gobierno norteamericano de Dwight D. Eisenhower "incluso logró persuadir a los líderes europeos para que aceptaran la creación de un ejército europeo común, pero el parlamento francés lo frustró", expone Max Bergmann, director del Programa de Europa, Rusia y Eurasia del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, en un análisis para este tanque de pensamiento.
"El proyecto europeo estuvo a punto de lanzarse como un proyecto militar, no económico", recuerda, pero al final se impuso el comercio. La idea de una fuerza europea común resurgió en la década de 1990, con la formación de la Unión Europea que hoy conocemos, "pero el concepto perdió popularidad debido a la oposición estadounidense y su compromiso con la OTAN". Los tiempos, también, eran otros, porque las amenazas del mundo bipolar se habían disipado.
El principal problema de un Ejército europeo es que, si bien en principio tiene sentido, no se consideraba práctico, expone. "Sin embargo, que Europa se defienda como 25 o más naciones distintas sin Estados Unidos no tiene sentido ni es práctico. Por lo tanto, es hora de que Europa revise seriamente el concepto", sostiene el autor, que además dirige el Centro Stuart de Estudios Euroatlánticos y del Norte de Europa y es claramente favorable a la idea.
El presente: cuando los problemas aprietan
Ahora la defensa ahora se ve de nuevo en rojo en las agendas comunitarias, especialmente por la amenaza expansionista de Vladimir Putin pero, quién lo iba a decir, también por la asertividad del amigo americano.
El retorno de Trump al Despacho Oval pilló a los europeos dando sus primeros pasos en una nueva senda de seguridad, que busca menos dependencias, sobre todo. En marzo de 2025, la UE adoptó una hoja de ruta que es un gran impulso en este campo, centralizando el control sobre la base industrial de defensa común mediante la movilización de deuda, la ruptura de las normas fiscales y un cambio decisivo en la compra de material militar no europeo.
El reglamento de Acción de Seguridad para Europa (SAFE), aprobado en mayo del mismo año en virtud de los poderes de emergencia del Artículo 122 de la UE, prevé hasta 150.000 millones de euros en préstamos a largo plazo para inversiones en capacidad de defensa. No obstante, el acceso a ese dinero conlleva condiciones: para desbloquear la financiación de SAFE, los Estados miembros deben presentar Planes Nacionales de Inversión en Defensa detallados a la Comisión, que definan las opciones de adquisición, las prioridades de capacidad y los plazos.
El organismo que comanda Ursula von der Leyen, por su parte, evalúa si dichos planes se ajustan a las deficiencias de capacidad y a los objetivos industriales definidos por la UE, lo que otorga a Bruselas un papel sin precedentes en el control de la gestión de los presupuestos nacionales de defensa.
A ello se suma, en este despertar en la materia, el Programa de la Industria Europea de Defensa, que crea un marco jurídico permanente para la contratación pública conjunta, sustituyendo los programas temporales en tiempos de guerra. Los contratos financiados con estos instrumentos deben cumplir las estrictas normas de "Compra Europea": no más del 35 % del valor del contrato puede tener su origen fuera de la UE, los países del EEE-AELC o Ucrania, y al menos el 65 % del coste de los componentes debe provenir de esta zona de confianza.
Los Estados miembros pueden superar los límites de déficit fiscal de la UE en virtud de la cláusula de salvaguardia nacional, pero solo si el exceso de gasto se destina a proyectos de defensa aprobados por la Comisión.
Con todas estas medidas, impensables antes de que los tanques rusos cruzasen la frontera ucraniana el 24 de febrero de 2022, Europa ha pasado de ser un bloque comercial a una potencia que define la defensa. Pero ¿se puede ir a más?
La propuesta del comisario Kubilius...
Llegados a este punto y en los días más tensos de la pelea con EEUU por sus pretensiones sobre Groenlandia (territorio autónomo de Dinamarca, un miembro de la UE), empezó a hablarse de nuevo de Ejército europeo. Fue directamente Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa y Espacio, quien lo puso sobre la mesa, incluso con números.
El pasado 11 de enero, en la Conferencia Nacional de Folk och Försvar en la localidad sueca ed Sälen, se preguntó cómo Europa podría reemplazar la presencia militar estadounidense de 100.000 efectivos con lo que denominó "un conjunto de 27 ejércitos nacionales de bonsái" (imagen, por cierto, que ha triunfado en el debate). Su respuesta fue: con una fuerza europea de 100.000 soldados, gobernada por un nuevo Consejo Europeo de Seguridad, "como ya propusieron Jean-Claude Juncker, Emmanuel Macron y Angela Merkel hace diez años".
Argumentó que EEUU no sería más fuerte con 50 ejércitos estatales en lugar de una sola fuerza federal y Europa no debería seguir siendo más débil con 27 ejércitos nacionales.
Para ayudar a resolver el problema de la voluntad política, Kubilius quiere establecer un Consejo de Seguridad Europeo. La idea fue planteada anteriormente por dos de los líderes ya citados: el francés Macron (aún en ejercicio) y la alemana Merkel (que abandonó el poder en 2021. "El Consejo Europeo de Seguridad podría estar compuesto por miembros permanentes clave, junto con varios miembros rotatorios, incluido el Estado miembro que ocupe la presidencia del Consejo(...) "Además, estarán los líderes de la UE: los presidentes de la Comisión y del Consejo", ahondó en su intervención. Reino Unido también sería de la partida, pese al Brexit de 2016.
"En total, unos 10-12 miembros, con la tarea de debatir los temas más importantes en materia de defensa, algunos de los cuales acabo de mencionar", expuso Kubilius. "Y no sólo debatir, sino también preparar con rapidez decisiones importantes".
Kubilius dijo que la preparación de Europa para la defensa depende actualmente de tres pilares: más inversión en capacidad de producción, instituciones preparadas y organizadas y la voluntad política para disuadir y, si es necesario, luchar. Eso que parecía impensable en el viejo continente tras la Segunda Guerra Mundial y el compromiso colectivo de nunca más.
... y el frenazo de Kallas
Sin embargo, Kaja Kallas, ha llegado rápido a bajar esas ambiciones. La alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores tiene también competencias defensivas, como la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD), la Agencia Europea de Defensa o las misiones exteriores con participación aliada, así que, pese a la creación del nuevo comisariado, su voz es esencial. Y, en este punto, es crítica.
"Quienes dicen que necesitamos un ejército europeo quizá no lo hayan pensado bien en la práctica -dice- Si ya formas parte de la OTAN, no puedes crear un ejército independiente". Plana enmendada a su compañero.
En una conferencia de seguridad en Noruega, el pasado lunes, advirtió que crear un ejército separado de la UE junto con la OTAN sería "extremadamente peligroso". Sus palabras fueron contundentes, como su tono, como su rostro. A su entender, la principal prioridad en cualquier crisis militar debería ser mantener una estructura de mando clara y tener por un lado al cuerpo comunitario y por otro a la Alianza Atlántica desdibujaría las órdenes.
"A nivel europeo, los ministros de justicia se reúnen constantemente y ya piensan en términos europeos, mientras que los ministros de defensa siempre han sido nacionales: presupuestos nacionales, toma de decisiones a nivel nacional", afirmó. "Por supuesto, es competencia de los Estados miembros, nadie se la quita, pero los Estados miembros son demasiado pequeños para hacerlo solos. Si lo hacemos juntos, podemos abarcar un área mayor. Tomemos como ejemplo la defensa aérea. Hacerlo juntos es costoso, por lo que tenemos nueve áreas de capacidad que estamos desarrollando en colaboración con la OTAN", añadió Kallas.
Argumentó que crear un Ejército europeo independiente junto a las fuerzas de la OTAN podría generar confusión durante las crisis. "Si ya formas parte de la OTAN, no puedes crear un ejército independiente además del que ya tienes. Porque en tiempos de crisis, lo más importante es la cadena de mando: quién da órdenes a quién. Y si tienes el ejército europeo y luego el de la OTAN, la situación se complica, y esto es extremadamente peligroso. Por eso digo que debemos fortalecer la defensa europea, que también forma parte de la OTAN. Es realmente complementaria a la OTAN. No descartemos la OTAN", concluyó.
Precisamente al hilo de ese acto, Kallas fue preguntada por unas declaraciones del actual secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que están también en la raíz de este debate. El neerlandés dijo el 26 de enero, en el Parlamento Europeo, que "si alguien piensa que Europa puede defenderse sin EEUU, que siga soñando". "No pueden. No podemos. Nos necesitamos mutuamente", añadió al final, por hacer un guiño a los Veintisiete.
Para la jefa de la diplomacia europea, esas palabras no evidencian división alguna ni la necesidad de crear una fuerza propia porque la Alianza ya no nos proteja o funcione. "No estoy de acuerdo con que haya una división (...). Intentamos ayudar a nuestros Estados miembros a aumentar su gasto en defensa, y también lo hacemos junto con los demás Estados miembros, incluyendo países como Noruega, para estar preparados. Veintitrés miembros de la Unión Europea también forman parte de la OTAN, así que realmente estamos colaborando con ella. Esto se suma a lo que hace la OTAN, y realmente trabajamos codo con codo", defendió.
¿Puede Europa sostenerse por sí sola, como niega Rutte? Al preguntársele si estaba de acuerdo con la evaluación de Rutte de que Europa aún no podía sostenerse por sí sola sin EEUU, la exprimera ministra de Estonia reconoció que aún quedaba trabajo por hacer. "Fue muy claro al respecto", dijo. "Bueno, ahora mismo la situación es así, pero estamos trabajando para ser más independientes también en materia de seguridad, porque es evidente que nuestras vulnerabilidades son nuestras debilidades. Por eso estamos trabajando para invertir más en defensa, también en las capacidades, y para considerarla europea, no sólo nacional".
La postura española
Nuestro país es de los que sí apoyan esta nueva fórmula para la defensa comunitaria. Lo ha hecho esta misma semana en una reunión sobre competitividad en Chipre, por boca del secretario de Estado de la UE, Fernando Sampedro. "Es la hora, en el contexto geopolítico actual, de que Europa fomente su soberanía en materia de seguridad y defensa y avance en los trabajos sobre un posible Ejército común", dijo.
La semana pasada, hacía lo propio el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, durante un coloquio en la Representación Permanente de España ante la UE en Bruselas. "Tenemos que avanzar hacia la creación de un ejército europeo, que es una idea vigente desde el propio origen del proyecto europeo hacia 1950: una Comunidad Europea de la Defensa", añadió.
No es nuevo. El propio presidente, Pedro Sánchez, lleva muchos meses defendiendo esa visión. Como argumentó en el Congreso hace menos de un año, quiere "unas Fuerzas Armadas comunitarias, integradas por 27 países, para guiarla con la misma bandera y con los mismos intereses. Sólo así nos convertiremos en una verdadera Unión y garantizaremos una paz duradera en nuestra región".
No es lo mismo
El lituano Kubilius, más discreto tras el rapapolvo de Kallas, aboga por un "big bang intelectual" al respecto del Ejército europeo, asumiendo que las mismas presiones de la crisis que forzaron la integración monetaria y fiscal ahora obligarán a la integración militar. El problema es que la defensa no es una moneda...
Y es que las Fuerzas Armadas son la base de la legitimidad del Estado: el derecho a enviar ciudadanos a la guerra. Esta autoridad reside en los parlamentos nacionales, requiere de autorización constitucional y exige una rápida toma de decisiones que las normas de unanimidad de la UE no pueden proporcionar en estos momentos.
"Los estados en primera línea lo saben. La decisión de defender el paso de Suwałki , el estrecho corredor entre Polonia y Lituania, no puede esperar el consenso de las 27 capitales. El monopolio de la violencia es la única transferencia de poder que los votantes no aceptarán como un ajuste técnico", escribe el analista Stuart Dowell, afincado en Polonia.
Eso explica que alguien como Kaja Kallas, que ha impulsado "incansablemente" una defensa europea más sólida, advierta constantemente contra la creación de estructuras paralelas "que podrían debilitar a la OTAN". Si Europa construye fuerzas separadas, argumenta, corre el riesgo de "desdibujar el panorama" de la disuasión en lugar de fortalecerla. "Ninguna gran potencia en la historia ha externalizado su supervivencia y ha sobrevivido", remarca.
Rutte, que conoce perfectamente la UE por su papel como primer ministro de Países Bajos, también desestima la idea de una fuerza de defensa europea junto a la OTAN, diciendo que sería una duplicación y una carga para los recursos, antes de agregar: "A Putin le encantaría".
La dependencia de EEUU
Con o sin Ejército común, hay un problema formidable que lastra la autonomía de la Unión en Defensa, y es que en buena parte el armamento y la tecnología que usamos viene de EEUU, lo que genera dudas sobre las ambiciones de rearme lideradas por Europa. Tampoco en industria lo tenemos claro.
Una investigación del diario londinense The Guardian desveló el pasado junio que casi la mitad de los aviones de combate en servicio activo en las fuerzas aéreas europeas proceden del gigante norteamericano, mientras que los sistemas de defensa contra misiles estadounidenses (en lugar de los europeos) siguen siendo los más desplegados en el continente. El armamento estadounidense también ocupa un lugar destacado en las existencias de tanques, vehículos blindados y artillería desplegadas por las naciones europeas. La suspensión de la ayuda militar estadounidense a Ucrania, al poco de ganar las elecciones Trump, y del intercambio de inteligencia evidenció lo que nos puede pasar sin su muleta.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por reforzar la defensa nacional, los estados europeos siguen recurriendo a EEUU para cubrir deficiencias críticas. Los datos son tremendos: en los últimos cinco años, los 27 países de la UE, el Reino Unido, Noruega y Suiza han comprado más de 15.000 misiles, 2.400 vehículos blindados y 340 aviones a EEUU, una cifra muy superior a la que los estados europeos se compran entre sí, sin ir más lejos. En algunos casos, los países de la UE compran más armas de proveedores como Israel y Corea del Sur que de sus vecinos continentales.
Pero incluso entre los cuatro grandes de Europa, sólo Francia compra más equipos de Europa que de EEUU. Reino Unido, Alemania e Italia todavía compran predominantemente en Washington.
Resaltan dos ejemplos que dan cuenta de esa desigualdad:
- En los cielos, destaca la serie F de aviones de combate estadounidenses, que dominan las fuerzas aéreas europeas. El modelo más reciente es el F-35 Lightning II, un avión de vanguardia desarrollado por la poderosísima Lockheed Martin, apreciado por sus capacidades de sigilo y fusión de sensores. Los principales competidores del avión –el Eurofighter Typhoon y el Rafale, de fabricación francesa– sólo están en servicio activo en una minoría de las fuerzas aéreas europeas. En cambio, al menos 38 F-35 fueron entregados desde Estados Unidos a Europa en 2024, a países como Bélgica, Dinamarca, Italia, Noruega, Países Bajos, Polonia y el Reino Unido.
- El tanque Leopard, de fabricación alemana, está muy extendido entre las fuerzas terrestres europeas, mientras que el ejército británico utiliza el Challenger, el francés el Leclerc y el italiano el Ariete. Pero fuera de los cuatro grandes, muchos países carecen de una industria de defensa nacional considerable.
Lo que dicen los expertos
Como en el seno de los socios y en el propio Ejecutivo comunitario, entre los expertos hay división de opiniones sobre la iniciativa. Sobre todo, lo que hay son dudas, tanto entre partidarios como entre detractores. Lo principal es saber si se crearía ex profeso un nuevo Ejército, si se compondría de unidades de los distintos países, si sus misiones y competencias rotarían, cuál sería la cadena de mando, quién ocuparía el lugar de más responsabilidad, ante quién se reportarían los informes, quién políticamente tomaría las decisiones en caso de crisis...
Todo eso está muy abierto, porque caminamos en un terreno desconocido: la UE tiene fuertes ejércitos nacionales, pero como colectivo, su experiencia es muy limitada, como su presencia en misiones externas, en las que nunca se ha entrado en combate real.
Un informe de 2025 del CSIS ya sugería que los europeos deberían compensar la retirada estadounidense estableciendo una fuerza terrestre permanente de 100.000 soldados, la misma cifra aportada por el comisario de Defensa. La fuerza estaría liderada por uno de los países participantes, que reportaría al Comandante Supremo Aliado de EEUU en Europa (SACEUR) de la OTAN, a un comandante militar de la UE o a un oficial europeo que liderara una coalición multinacional, según recomienda el texto, que coincide con las líneas de las que se habla en Bruselas.
Si nos fijamos en el modelo de la Alianza Atlántica, las operaciones militares OTAN están dirigidas por un comandante supremo aliado, cargo que siempre ha ocupado un alto oficial estadounidense. Actualmente, este puesto lo ocupa el teniente general de la Fuerza Aérea Alexus Grynkewich.
Pero haría falta, para empezar, la unanimidad de los socios del Consejo para dar luz verde al proyecto -dicen los autores, el ya citado Bergmann y su colega Otto Svendsen-, que claramente no hay en este momento, y lo mismo pasaría para las órdenes. Nadie piensa en 2026 que la Hungría del ultraderechista Viktor Orbán podría dar su visto bueno a acción alguna contra Rusia, por ejemplo.
E, incluso en ese caso, hay coincidencia en que sería recomendable un mandato de las Naciones para operaciones que están dentro del marco de la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE, un aval que respalde la legitimidad de sus pasos. Tampoco en fácil.
¿Qué se puede ir haciendo mientras?
Sin llegar a tener un Ejército europeo puro y más allá de las iniciativas ya citadas de la UE en cuestiones defensivas, hay informes que señalan pasos que se pueden ir dando para hacer el bloque más seguro y menos dependiente de EEUU. Porque una cosa hay clara: seguir como siempre no es la respuesta, ante las nuevas amenazas y las nuevas incertidumbres.
Alexandr Burilkov y Guntram B. Wolff, del tanque de pensamiento Bruegel, con sede en Bruselas, expusieron en febrero de 2025 que Europa podría necesitar 300.000 soldados más y un aumento anual del gasto de defensa de al menos 250.000 millones de euros a corto plazo para disuadir la agresión rusa.
"Se enfrenta a una disyuntiva: aumentar significativamente el número de tropas en más de 300.000 para compensar la fragmentación de sus ejércitos nacionales, o encontrar maneras de mejorar rápidamente la coordinación militar. La falta de coordinación implica costos mucho mayores y los esfuerzos individuales probablemente no serán suficientes para disuadir al ejército ruso. Sin embargo, el seguro colectivo implica que el riesgo moral y los problemas de coordinación deben resolverse de forma creíble", argumentan.
Citan que también hace falta mejorar las reservas europeas, por ejemplo en municiones, en capacidades de aviación y transporte, así como de misiles, guerra con drones, comunicación e inteligencia. "Esto incluye aumentar la producción de drones para equipararla a la de Rusia, hasta un nivel de aproximadamente 2.000 municiones de largo alcance al año", detallan. "Para alcanzar estos objetivos, la producción en toda Europa tendría que aumentar drásticamente", avisan. Y señalan a países que, sí o sí, tendrían que comprometerse de forma "crucial", como Alemania. Sin ellos, nada sale.
Barry R. Posen, director del Programa de Estudios de Seguridad del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), añade sobre eso que Europa, si quiere verdadera autonomía militar tiene que apostar por:
- Una "masa de maniobras": para disuadir futuros movimientos rusos y defenderse de ellos si ocurren, los estrategas europeos deberían guiarse por este viejo concepto, esto es, una fuerza mantenida en reserva para asestar un golpe en un flanco expuesto, o dondequiera que el enemigo revele un punto débil. Europa necesita una fuerza que pueda enviar rápidamente a un lugar donde pueda tener el máximo impacto en la toma de decisiones rusa. Debe ser lo suficientemente grande como para que los rusos reflexionen, no sólo sobre cualquier movimiento agresivo en particular, sino también sobre las oportunidades que dicho movimiento podría abrir a la OTAN.
- Concentración en Polonia: debido a su tamaño, ubicación y conexiones de transporte con el oeste, Polonia es fundamental tanto para la defensa como para la disuasión. Es el lugar ideal para concentrar tal masa de maniobras, que requeriría tanto un componente terrestre como uno aéreo. Aunque otros miembros de la OTAN son más vulnerables a la amenaza rusa, este es el eje central de las defensas orientales de Europa, ya que bloquea el paso de Rusia hacia el oeste y la condena al riesgo de una guerra de desgaste contra una Europa movilizada que triplica su población y multiplica su riqueza.
- Aprovechar su nuevo potencial nórdico para proteger a los países bálticos: están mucho más expuestos que Polonia, pero Estonia, Letonia y Lituania son países pequeños que tienen ejércitos pequeños. Necesitan ayuda para protegerse. Además de con el refuerzo en suelo polaco, Posen propone exprimir al máximo el nuevo poder que da a Europa el hecho de que Suecia y Finlandia hayan entrado en la OTAN, tras décadas de neutralidad. Sobre todo, destaca la fuerza aérea de los suecos como ayuda excelente.
- Mejorar sus comunicaciones: aunque aparentemente dentro de la UE se produce cierta fusión de inteligencia estratégica para servir a las políticas de alto nivel, los Estados europeos no parecen compartir ampliamente su inteligencia entre sí. Hay poca evidencia de que la UE tenga capacidad para fusionar e interpretar inteligencia de todas las fuentes casi en tiempo real con fines operativos. Dos instituciones de la UE, el Centro de Inteligencia y Situación y la Dirección de Inteligencia del Estado Mayor Militar de la Unión Europea, realizan análisis de inteligencia, pero ambas dependen de la información que los Estados miembros deciden proporcionarles. También reciben inteligencia del Centro de Satélites de la Unión, que recopila y explota imágenes de código abierto. Sin embargo, es muy probable que la mayor parte de la información recopilada por los satélites de inteligencia nacionales esté en secreto en manos de las agencias de inteligencia nacionales que los operan, y que, en general, los recursos de recopilación de inteligencia propiedad de los Estados europeos no puedan explotarse con fines operativos y tácticos colectivos de forma oportuna.