Ni lo paró ni lo replica: cómo ha respondido el Ejército de Venezuela al golpe de EEUU
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Ni lo paró ni lo replica: cómo ha respondido el Ejército de Venezuela al golpe de EEUU

Las fuerzas armadas y policiales han sido siempre un pilar del chavismo pero su lealtad ha tenido un precio: cargos, empresas, dinero y poder. Ahora ve amenazado ese entramado y se alinea con Rodríguez y su transigencia. 

na soldado sostiene una bandera venezolana durante una manifestación en apoyo al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en Caracas, el 6 de enero de 2026.Ivan McGregor / Anadolu via Getty Images

Al presidente depuesto de Venezuela, Nicolás Maduro, siempre le ha gustado definir a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) como "leal, chavista y patriota". Pero quizá el adjetivo que ahora mejor le case es el de pragmática. En una noche sonrojante, los norteamericanos le robaron a su líder, quedaron al aire sus debilidades y sus uniformados se vieron, en horas, expuestos y comprometidos a cumplir con una hoja de ruta dictada por Donald Trump, como si aquí no hubiera pasado nada. 

Al igual que algo debía saberse desde antes en los estamentos políticos, es posible que altos mandos militares conocieran y tragaran con lo que ocurrió el pasado 3 de enero, pero eso no quita para que el desconcierto sea generalizado, como el que sufre todo el país, al ver que la sucesora de Maduro, Delcy Rodríguez, habla de "cooperar" con la Casa Blanca, con la misma naturalidad con la que firma acuerdos petroleros. 

Es un terremoto para unos profesionales que, durante casi 27 años, fueron siempre un pilar en la defensa de Maduro y de su predecesor, Hugo Chávez. Incluso cuando el oficialismo de fue despojando de su carácter más democrático, incluso cuando se tildaba a sus presidentes de dictadores, ahí seguían. El rechazo al autoritarismo no movilizaba como lo hacían los cargos, las empresas, el dinero y el poder con el que ambos mandatarios emborracharon a las fuerzas armadas, hasta lograr una lealtad sin fisuras. 

Los militares enfrentan un dilema crucial: hacer cambios y servir como garante de los acuerdos promovidos entre Trump y Rodríguez o arriesgarse a más ataques estadounidenses y a una erosión de su poder y estatus. Por ahora, eligen el segundo camino, claramente. 

Nicolás Maduro, entonces presidente de Venezuela, y su esposa, Cilia Flores, participan en un desfile militar para conmemorar el Día de la Independencia en Caracas, el 5 de julio de 2024.Pedro Rances Mattey / Anadolu via Getty Images

De qué Fuerzas estamos hablando

Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés), un tanque de pensamiento con sede en Londres (Reino Unido), las Fuerzas Armadas venezolanas se han visto gravemente debilitadas por una crisis económica de los últimos años pero, pese a ello, siguen siendo un actor formidable.

Cuenta actualmente con: 

  • 123.000 tropas activas. Las mandan 2.400 generales, que no los tiene ni el Ejército de EEUU, que es el mayor del mundo (por contextualizar, hay unos 200 en España). 
  • Más 220.000 milicianos.
  • 8.000 reservistas.
  • La Milicia Bolivariana, un componente de las fuerzas armadas que integra voluntarios civiles en el ejército, suma entre 200.000 y 300.000 miembros más. Maduro aseguró en septiembre que más de ocho millones de personas se habían alistado a ella para defender al país y que tenía medios para armarlos a todos, algo desmentido por diversas inteligencias occidentales, empezando por la norteamericana.  
  • A eso hay que sumar las más de 140 fuerzas policiales de Venezuela: las más poderosas son la Policía Nacional Bolivariana (PNB), el Cuerpo de Investigaciones Científicas y Criminalísticas (CICPC) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). La primera se ha hecho especialmente famosa por extorsiones y secuestros, pero todos ellos han desempeñado un papel central en la violencia estatal sistemática durante la era de Maduro. Sólo en el CICPC ha habido, en algunos momentos, críticas a Miraflores. 

James B. Story, exembajador de EEUU para Venezuela, es uno de quienes quitan hierro a ese poder civil e incluso explica en la BBC que las carencias de base de este conjunto de fuerzas es llamativo desde hace tiempo: "los militares venezolanos no suelen entrenar ni realizar mantenimiento y muchos integrantes de la milicia chavista ni siquiera están armados", dice. "Quizás haya en el ejército algunas unidades capaces (de combatir), pero como fuerza de combate, no son particularmente competentes", añade. 

Aunque "es una sombra de lo que fue", todavía tiene "algunos recursos únicos en la región". El material en su poder no tiene comparación en el resto de América Latina, como por ejemplo sus 20 aviones Sukhoi, que Chávez le compró a Rusia en 2006, o la decena de F-16 estadounidenses logrados los años 80 del pasado siglo, cuando Caracas era un gran aliado regional de Washington, y que siguen operativos. 

Maduro, en los meses previos, dijo que había puesto en "posiciones clave de defensa aérea" 5.000 misiles antiaéreos Igla-S de fabricación rusa, además, unos sistemas de defensa portátiles de corto alcance y baja altitud, con la capacidad de derribar misiles de crucero, drones, helicópteros y aviones que vuelan a baja altura. También cuenta con blindados chinos VN-4 y, en los últimos años, se convirtió en el único país sudamericano con drones armados con capacidad de ataque, en sus manos desde 2022 al menos. Los Antonio José de Sucre 100 y 200 (ANSU-100 y 200) son drones de fabricación venezolana, que derivan de versiones modernizadas de drones iraníes.

Caracas sostiene que también ha recibido de Irán lanzas de ataque rápido Peykaap-III equipadas con lanzadores de misiles antibuque y a ello se suman sus sistemas de misiles tierra-aire Pantsir-S1 y Buk-M2E que, según el diputado ruso Alexei Zhuravlev, primer vicepresidente del Comité de Defensa de la Duma Estatal, fueron transportados a Caracas recientemente. 

Un miembro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) sostiene un lanzacohetes "Igla-S" durante una ceremonia militar, el 25 de noviembre de 2025 en Caracas.JESUS VARGAS / Getty Images

Un puntal cuestionado

"La FANB ayudó al Gobierno venezolano de los dos últimos presidentes a desmantelar las instituciones del antiguo estamento político y a perseguir a sus más fervientes opositores, una máquina de vigilancia y represiva de primer orden", explica el americanista Sebastián Moreno. A cambio, recibieron "cada vez más poder a los militares en la política venezolana, ofreciéndoles cargos ministeriales, gobernaciones, embajadas y otros cargos de liderazgo, como alcaldías o la Administración de empresas estatales.

La ONG venezonala Control Ciudadano pone los números sobre la mesa:

  • Los militares controlaban hasta ahora 12 de los 34 ministerios del país. 
  • Hay 44 empresas adscritas al Ministerio del Poder Popular para la Defensa, como se denomina oficialmente. 
  • Cerca de 50 altos cargos, activos o retirados ya, han sido sancionados por EEUU. Los primeros, desde 2008, por sus vínculos con guerrillas colombianas. Los restantes, más recientemente, supuestamente relacionados con el narcotráfico, la represión a la disidencia o la violación de derechos humanos. 

Ahora, con el secuestro de Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos el sábado pasado, la imagen de los militares como protectores del Estado venezolano ha sufrido un golpe: el presidente depuesto fue secuestrado del mayor complejo militar venezolano, Fuerte Tiuna, en una operación que expuso las deficiencias en la tecnología militar y los protocolos de defensa de la FANB. 

No le valieron de nada ni el armamento ruso -incluidos esos cazas de combate sukoi que están permanentemente en los cielos de Caracas- ni los sofisticados sistemas defensivos chinos o el círculo de seguridad cubana, que perdió al menos a 32 uniformados. Estuvieron hasta cuatro días sin recuperar plenamente las comunicaciones tras el golpe. Esa inacción del sistema de defensa aérea y la aparente pasividad de la guardia protectora refuerzan indirectamente la hipótesis de que las altas esferas militares y las instituciones de seguridad traicionaron al máximo dirigente del país.

El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López (que lleva 11 años en el cargo y cuyo comportamiento se mira con lupa en estos días), ha asegurado que la Fuerza Armada de su país tiene su "honor militar intacto", así como "su determinación, su equilibrio emocional y su lealtad", pese a ese fracaso televisado. "La patria debe seguir su curso constitucional", afirma, pidiendo a los venezolanos retomar sus actividades económicas, laborales y educativas. Circulen, no ha pasado nada. 

Los años dorados

"La influencia de la FANB ha crecido significativamente, con los años, incluso en la aplicación de la ley, suplantando, en muchos casos, los roles de la policía estatal y local", explica Moreno. "Pero ese proceso lento de años se ha acelerado muchísimo desde las elecciones de 2024", aquellas de las que Maduro no mostró las actas, que los opositores dan por ganadas y que hicieron que el líder chavista no fuera reconocido como mandatario legítimo por buena parte de Occidente. 

"En Venezuela se estableció un estado policial, en el que la vigilancia masiva de los opositores pasó a un nuevo nivel", indica, tanto por el volumen de arrestos como por la importancia de los nombres, muchos pesos pesados de la oposición, y hasta por la persecución de niños y adolescentes, como han denunciado diversos informes. 

Las Fuerzas Armadas, recuerda, deberían ser "apolíticas", pero la doble apuesta oficialista ha roto con esa separación: "por un lado, se alimentó el poder y la capacidad de control de los uniformados, uniendo el destino de las dos partes y, por otro, se fueron incorporando a las fuerzas armadas elementos del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), grupos paramilitares (también llamados "colectivos") y la policía política, judicial y militar, ideologizando el bloque". Así surgió lo que, orgulloso, Maduro llamaba la "unión cívico-militar-policial" venezolana. 

Ese poder significa que las fuerzas armadas conservan un papel crucial en cualquier transición política en Venezuela. Muchos analistas creen que cualquier gabinete establecido en Venezuela, ya sea por la vía democrática o por la fuerza en los distintos escenarios que se manejan, necesita el apoyo de las fuerzas armadas para poder gobernar.

¿Y ahora qué?

El Gobierno de Rodríguez no es una excepción a esta regla. A pesar de contar con la aquiescencia de Trump para tomar las riendas de una transición política post-Maduro (con sus servidumbres, claro), necesita el apoyo de las fuerzas armadas venezolanas para evitar un posible agravamiento de las tensiones políticas y sociales. 

La aceptación de Rodríguez entre las filas militares es la razón principal por la que el presidente estadounidense ha confiado en ella, en lugar de en la líder opositora y premio Nobel de la Paz María Corina Machado, para liderar la transición política en el país, entiende Moreno. La CIA lo recomendó así

Pero el arresto de Maduro ha puesto de manifiesto, al mismo tiempo, las debilidades de la FANB. Su asimetría de poder en relación con el poderío militar estadounidense deja a Venezuela vulnerable a posibles nuevos ataques estadounidenses, a pesar de que Trump, por el momento, ha declarado no tener tales planes. Su secretario de Estado, Marco Rubio, ha avisado de que el despliegue militar dispuesto en el Caribe desde septiembre se va a mantener, pero más por vigilancia que por amenaza. Las cosas están saliendo bien con la "fantástica" Delcy. 

Esa amenaza es el mayor incentivo para que la FANB haga concesiones y es la razón por la que la cúpula militar "esté abierta a ser parte de la transición política liderada por Rodríguez". Los militares venezolanos querrán, en la medida de lo posible, mantener su estatus dentro de la política venezolana.

Para lograr este objetivo, la dirección de la FANB probablemente tendrá que cumplir una serie de pasos, algunos de los cuales eran impensables en la política nacional hasta hace apenas dos semanas, expone el coronel español retirado Manuel Gutiérrez.

  • "Su principal tarea es impedir que los chavistas radicales inicien guerras callejeras y de guerrillas. Cabe suponer que los mandos intermedios muy leales a Maduro puedan ser desconectados de las comunicaciones especiales o apartados de sus puestos". 
  • "Es clave que los líderes militares se desvinculen de todas las acusaciones que los vinculan con actividades de narcotráfico", que es el argumento oficial utilizado por EEUU para su campaña militar contra Venezuela. Son acusaciones que a veces no han venido acompañadas de pruebas, pero sí se piden recompensas hasta por su ministro, Padrino, de 15 millones de dólares. También se reclaman 25 por Diosdado Cabello, segundo del régimen venezolano como titular de Interior, responsable directo de esa policía que también es esencial para el oficialismo. 
  • Deben "aceptar el nuevo acuerdo petrolero entre Venezuela y EEUU", que muy probablemente otorgará a las empresas estadounidenses un control significativo sobre las reservas y la producción de crudo venezolano. Ya este jueves se ha sabido que la primera partida vendida le ha reportado 500 millones de dólares a Washington. 
  • Es posible que, en algún momento de la transición política venezolana, la FANB deba reducir sus actividades represivas contra la población civil venezolana. Esto implica, en la práctica, la reducción de su papel en el actual estado policial, o la unión cívico-militar-policial.
  • Se verán "forzadas a estrechar filas con la presidenta interina" porque la estabilidad política que da con EEUU es una garantía de que no habrá "más ataques". "Si eso da estabilidad interna y no incendia las calles, persistirán en ello, para que no haya caos", añade. 

Además, han surgido denuncias de tortura en celdas de detención, documentadas por abogados, activistas de derechos humanos y funcionarios de las Naciones Unidas. Algunas figuras militares de alto rango que se enfrentaron a los dirigentes venezolanos han fallecido en prisión o han tenido muertes poco naturales: este año, las autoridades de Chile dijeron que el régimen de Maduro ordenó el asesinato de Ronald Ojeda, exoficial exiliado del Ejército venezolano, de 32 años, cuyo cadáver apareció enterrado bajo casi metro y medio de hormigón. En el Palacio de Miraflores negaron toda relación con el caso. Toca alinearse con el nuevo poder para que nadie los castigue ni acaben igual. Es cuestión de "supervivencia".

Y, por lo visto estos días, las Fuerzas Armadas han dicho sí a todo, porque no se ha filtrado noticia de revuelta o disonancia alguna. Gutiérrez recuerda que la solución de un "ejército como agente estabilizador" no es nueva para la Casa Blanca, que le ha salido "bien o medio bien" en otros lugares y, por eso, quizá se quiera repetir el modelo de Egipto Pakistán o Tailandia. 

Un soldado del ejército venezolano, en el muelle de Puerto Cabello, después de tomar el control del puerto en el estado central de Carabobo, el 21 de marzo de 2009.REUTERS

De golpe, ni hablamos

El clima de "miedo y paranoia", como dice el New York Timespervive mientras se toman las decisiones en caliente, pero no se ven muchas más opciones "cuando la cúpula política está hablando claro: plegarse y seguir la corriente o levantarse y oponerse, entonces, no sólo a la potencia exterior, sino al Gobierno propio. No va a pasar, si se ponen así en riesgo sus propios intereses. Que no haya un vuelco con elecciones o la llegada de los opositores al poder aún les da margen de maniobra respecto a sus intereses", concluye.

Venezuela no es ajena a los intentos de golpe de Estado. Chávez, de hecho, ganó notoriedad tras organizar uno fallido en 1992. Otro golpe fallido, ya en 2002, derrocó brevemente a Chávez. En el país y entre los exiliados circulan constantemente rumores sobre supuestas conspiraciones, pero esa no parece hoy una opción: Maduro, durante más de una década, ha desactivado esa opción. Incluso cuando la nación estuvo sumida en disturbios, entre 2017 y 2020, su Gobierno frustró al menos nueve motines militares, en su mayoría de oficiales de rango medio. 

Tampoco la oposición logró un golpe desde dentro cuando el autoproclamado presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, promovió en 2019 un intento de insurrección, la llamada "Operación Libertad"

No se descarta, eso sí, incertidumbre por parte de grupos armados colombianos como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y algunas facciones disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que han prosperado en un entorno relativamente permisivo y con el respaldo político del Gobierno de Maduro que pueden dar dolores de cabeza. Han establecido una presencia en el país, particularmente en corredores clave para el narcotráfico a lo largo de la frontera con Colombia, así como cerca de sitios de extracción de oro y petróleo, donde Trump está presionando a las corporaciones petroleras estadounidenses para que incrementen su presencia e inversión.

Por ahora no hay noticia de grandes cambios internos ni de detenciones, de vendettas ni de insurrecciones, como no las hay en el Gobierno. Tampoco hay movilizaciones masivas en las calles. Se condena el asalto a Maduro, pero se firman convenios con Washington, se cierra la puerta a unas elecciones que los opositores ansían pero se liberan a algunos presos políticos. Y los de verde, mientras, observan y callan. 

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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