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Un experto en seguridad alimentaria, sobre la crisis de Irán: "Estamos ante un desastre alimentario y todo el mundo habla de los precios de la gasolina"

Un experto en seguridad alimentaria, sobre la crisis de Irán: "Estamos ante un desastre alimentario y todo el mundo habla de los precios de la gasolina"

La situación es especialmente delicada porque los fertilizantes dependen en gran medida de los combustibles fósiles.

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Los precios de carburantes actuales en una estación de Berlín (Alemania).Getty Images

La tensión en Oriente Medio tras los ataques contra Irán ha disparado el precio del petróleo y ha puesto el foco mundial en la gasolina. Sin embargo, algunos expertos alertan de que el verdadero problema podría ser mucho más grave y pasar casi desapercibido: el riesgo de una crisis alimentaria global.

El cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta, no solo está afectando al transporte de crudo. Por ese paso también circula una parte clave del comercio mundial de fertilizantes, esenciales para la agricultura moderna. Sin ellos, la producción de alimentos se ve directamente amenazada.

“Nos enfrentamos a una catástrofe alimentaria y de lo único que hablamos es del precio de la gasolina”, advirtió el experto en seguridad alimentaria Michael Werz esta semana en una entrevista con el medio Vox

La situación es especialmente delicada porque los fertilizantes dependen en gran medida de los combustibles fósiles. No solo se utilizan como energía, sino también como materia prima para producir compuestos como el amoníaco, fundamental para el crecimiento de los cultivos. Sin este elemento, la capacidad de alimentar a la población mundial se reduciría de forma drástica.

La interrupción del tráfico marítimo en la zona ya está teniendo efectos. Los precios de productos como la urea han comenzado a subir en un momento crítico: el inicio de la temporada de siembra en muchas partes del mundo. Para los agricultores, esto supone mayores costes y, previsiblemente, menores cosechas en los próximos meses.

El problema es que, a diferencia del petróleo, no existe una red global preparada para responder a una crisis de fertilizantes. No hay reservas estratégicas importantes ni mecanismos internacionales coordinados para garantizar el suministro. Esto deja a muchos países en una posición vulnerable.

Los más afectados podrían ser aquellos que dependen en mayor medida de las importaciones, como India o Brasil, así como varias regiones de África subsahariana. En estos lugares, cualquier subida de precios puede traducirse rápidamente en escasez de alimentos.

Además, los daños en infraestructuras energéticas en el Golfo Pérsico podrían prolongar la crisis más allá del conflicto actual. Parte de la capacidad de exportación de gas natural —clave también para producir fertilizantes— podría tardar años en recuperarse, lo que mantendría la presión sobre la cadena de suministro.

Mientras tanto, la atención pública sigue centrada en el coste del combustible. Pero, según advierten los analistas, el impacto más profundo puede sentirse más adelante, cuando los alimentos empiecen a encarecerse o escasear.

La crisis ha dejado al descubierto una realidad poco visible: gran parte del sistema alimentario mundial depende de los combustibles fósiles. Y esa dependencia, que durante décadas ha permitido alimentar a miles de millones de personas, también se ha convertido en un punto débil.

Ahora, con una de sus principales rutas bloqueadas, ese equilibrio se tambalea. Y las consecuencias podrían sentirse mucho más allá de las gasolineras.

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