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Un politólogo, contundente sobre cuándo acabará la guerra de Ucrania: "Ni Zelenski ni Trump ni Putin saben cuándo terminará el conflicto"

Un politólogo, contundente sobre cuándo acabará la guerra de Ucrania: "Ni Zelenski ni Trump ni Putin saben cuándo terminará el conflicto"

De acuerdo con sus pronósticos, una paz no es especialmente probable "a corto plazo".

Zelenski con los brazos extendidos
Zelenski con los brazos extendidos en KievEd Ram

La evolución de la guerra en Ucrania no se explica únicamente en el campo de batalla. Detrás del frente, la economía —y en particular el comportamiento de los mercados energéticos— juega un papel decisivo en la capacidad de Rusia para mantener su ofensiva. Así lo sostiene el analista político Volodymyr Fesenko, quien apunta a la estrecha relación entre los ingresos por petróleo y la resistencia financiera del Kremlin.

En su análisis, el experto destaca que el contexto internacional ha favorecido en ciertos momentos a Moscú. El incremento de la tensión en regiones clave como el Golfo Pérsico ha provocado subidas en el precio del crudo, lo que se traduce en mayores ingresos para Rusia. Este repunte ha permitido al país amortiguar parcialmente el impacto de las sanciones occidentales y seguir financiando su maquinaria bélica.

Sin embargo, esta ventaja es frágil y depende de factores externos. Fesenko advierte de que una eventual estabilización en Oriente Medio —especialmente si disminuyen las fricciones con Irán— podría hacer caer de nuevo los precios del petróleo. De producirse ese escenario, la economía rusa, que ya muestra signos de desgaste, se vería sometida a una presión adicional. Menos ingresos energéticos implicarían menos margen para sostener el esfuerzo militar a largo plazo.

Una guerra sin calendario claro

Más allá de las variables económicas, el analista insiste en la enorme incertidumbre que rodea al conflicto. A su juicio, ningún líder mundial está en condiciones de anticipar cuándo llegará el final de la guerra. Ni desde Kiev ni desde Moscú, ni tampoco desde otras capitales influyentes, existe una hoja de ruta clara que permita fijar plazos.

Fesenko menciona que figuras clave de la política internacional, desde responsables ucranianos hasta dirigentes de primer nivel en otras potencias, carecen de una previsión fiable sobre la duración del conflicto. La razón es sencilla: las guerras, especialmente las de desgaste, evolucionan en función de múltiples variables que cambian constantemente.

El experto subraya que este tipo de enfrentamientos prolongados tienden a erosionar progresivamente a ambos bandos. Tanto Ucrania como Rusia están pagando un coste elevado, no solo en términos humanos, sino también económicos y sociales. Y esa dinámica, lejos de resolverse rápidamente, podría prolongarse durante años.

En este sentido, Fesenko advierte de que resulta inútil intentar proyectar escenarios a medio plazo con demasiada precisión. El horizonte de 2027 o 2028, señala, es todavía una incógnita total. Lo único claro es que el conflicto seguirá teniendo un impacto profundo en ambos países, independientemente de cómo evolucione en el terreno militar.

Negociaciones sin desenlace inmediato

En cuanto a las posibles salidas diplomáticas, el analista considera que las conversaciones entre las partes continuarán en los próximos meses. No obstante, se muestra escéptico sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz a corto plazo.

Según su previsión, es probable que haya contactos, propuestas e incluso avances parciales, pero sin que se materialice un pacto definitivo que ponga fin a las hostilidades. La distancia entre las posiciones de ambos bandos sigue siendo considerable, lo que dificulta cualquier solución rápida.

Fesenko deja abierta la puerta a acontecimientos inesperados que puedan alterar el rumbo del conflicto, aunque los considera poco probables en el escenario actual. Si las tendencias se mantienen, apunta, no cabe esperar un acuerdo sólido al menos hasta bien entrado el otoño, y posiblemente ni siquiera antes de que finalice el año.

Así, la guerra continúa atrapada en una lógica de resistencia prolongada, donde factores como el precio del petróleo, la capacidad económica y la evolución geopolítica global pesan tanto como las decisiones militares.

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