Una antigua asesora del Pentágono, sobre la estrategia de usar cazas F-16 y grandes misiles para derribar drones iraníes de 50.000 euros: "No es sostenible en ningún sentido"
Los F-16, misiles AIM-120 o Patriot son una defensa eficaz, pero difícil de sostener en el tiempo, ya que el coste de interceptar drones iraníes multiplica por 20 o por 100 el precio del propio objetivo.

La guerra está cambiando a pasos agigantados con las nuevas tecnologías, sobre todo con la irrupción de la inteligencia artificial (IA) y los drones. Están siendo claves en la guerra de Ucrania y lo son ahora en la de Irán. Además, lleva a una situación que la antigua asesora del Pentágono Lauren Kahn califica como insostenible: derribar drones baratos con cazas de combate y misiles que cuestan millones de dólares. No salen las cuentas.
Esta asesora no es la única. Varios analistas advierten de esta anomalía económicamente absurda tras semanas de ataques en el golfo Pérsico. La ecuación simple: Irán emplea drones como el Shahed-136, con un coste estimado de entre 20.000 y 50.000 dólares, mientras que neutralizarlos obliga a desplegar medios que multiplican ese precio varias veces, empleando máquinas tan costosas como los aviones de combate F-16.
Los de última generación (Block 70/72, F‑16V) valen entre 60 y 80 millones de dólares (entre 52 y 69 millones de euros), eso sin contar el armamento a cargar ni el entrenamiento de pilotos y soporte, lo que aumenta a los 120-180 millones de dólares. Los antiguos rondaban los 13-20 millones de dólares por unidad.
La exasesora del Pentágono lo resume muy claramente: "No es sostenible a largo plazo de ninguna manera", según declaraciones publicadas en el Financial Times. Los datos refuerzan esa idea. Mantener un caza F-16 en el aire cuesta más de 25.000 dólares por hora, según estimaciones del sector, a lo que se suma el precio de las armas que utiliza para interceptar objetivos.
Misiles de hasta un millón de dólares contra drones de bajo coste
La defensa aérea en el golfo se ha apoyado sobre todo en cazas avanzados. Son eficaces, pero caros. Los vídeos y análisis de inteligencia muestran que muchos drones están siendo derribados con misiles aire-aire como el AIM-9X Sidewinder, con un coste cercano a los 485.000 dólares por unidad (unos 414.000 euros), o el AIM-120 AMRAAM, que supera el millón de dólares (unos 863.000 euros).
La diferencia es evidente: derribar un dron puede costar entre 10 y 20 veces más que fabricarlo. Y si se recurre a sistemas aún más avanzados, como los misiles Patriot de defensa terrestre, el coste por interceptación se dispara hasta los 4 millones de dólares (unos 3,5 millones de euros).
Samuel Bendett, del Centro de Análisis Navales, lo define también en la misma línea y en el mismo medio: "La relación coste-beneficio para interceptar una amenaza barata es muy desfavorable". En términos militares, esto implica que el defensor está gastando más recursos que el atacante, algo difícil de sostener en conflictos prolongados.
Sobrecarga operativa: el otro problema de los cazas
El dinero no es el único factor. El uso intensivo de cazas también está generando un desgaste operativo importante. Mantener patrullas constantes implica más horas de vuelo, más mantenimiento y mayor presión sobre pilotos y aeronaves.
Kelly Grieco, del Centro Stimson, advierte de este riesgo: "Se puede exigir mucho a estos aviones, pero llegará un punto en que sufrirán mayores averías y requerirán un mantenimiento más exhaustivo". Es decir, incluso si el coste económico se pudiera asumir, la logística y la capacidad operativa acabarían siendo un cuello de botella.
Además, los cazas no están diseñados para este tipo de amenazas. Los drones iraníes vuelan más despacio, más bajo y son mucho más pequeños que los objetivos habituales. Eso complica su detección y aumenta el riesgo de errores. De hecho, el Shahed-136 vuela a una velocidad muy inferior a la de un caza moderno, lo que puede provocar que el piloto 'se pase' del objetivo.
Alternativas más baratas: drones contra drones y sistemas láser
Ante este escenario, varios expertos apuntan a soluciones más eficientes. Una de las más repetidas es el uso de drones interceptores, una tecnología que Ucrania ha desarrollado intensivamente desde 2022. Según fuentes estadounidenses, ya se han enviado unos 10.000 de estos sistemas a Oriente Medio.
Anatolii Khrapchinsky, directivo del sector defensa ucraniano, lo resume: "Si el enemigo lanza cientos de drones baratos y los derribas con misiles que cuestan millones, el modelo no funcionará a largo plazo". También se están utilizando helicópteros, que operan a velocidades similares a los drones y permiten interceptarlos con armamento más económico. Sin embargo, su capacidad de cobertura es menor.
Otra vía es la tecnología láser. Israel ya dispone de sistemas que prometen costes de interceptación prácticamente nulos, y países como Emiratos Árabes Unidos están intentando incorporarlos. Aun así, estas soluciones todavía no están desplegadas a gran escala.
Una guerra de desgaste donde el coste importa tanto como la eficacia
Desde el inicio de la escalada, Irán ha lanzado más de 3.000 drones, muchos de ellos contra objetivos en el Golfo. Aunque la mayoría han sido interceptados —Emiratos asegura haber destruido más de 1.600—, algunos han logrado impactar en infraestructuras energéticas y bases militares.
El problema de fondo no es solo técnico, sino estratégico. Como señala Tom Karako, del CSIS, centrarse únicamente en el coste puede ser engañoso: "Todo se reduce a la rapidez con la que se pueden detener los lanzamientos". La clave no está solo en cómo se derriban los drones, sino en reducir la capacidad del adversario para seguir lanzándolos.
Aun así, la tendencia es clara: la guerra moderna está premiando los sistemas baratos, escalables y masivos frente a las plataformas tradicionales de alto coste. Y eso obliga a replantear la defensa aérea.
