Una investigación revela que la CIA conoció y apoyó el plan ucraniano para volar el gasoducto Nord Stream: los secretos de la operación ‘Diámetro’ de 300.000 dólares
El polémico sabotaje del gasoducto se atribuyó a Rusia, que lo negó desde el inicio. Finalmente y tras una minuciosa investigación, todo hace indicar que fue Kiev la responsable con el beneplácito de EEUU.
En la primavera de 2022, cuando Ucrania acababa de frenar el asalto ruso sobre Kiev, se produjo una reunión discreta en el barrio de Podil. A un lado de la mesa, especialistas ucranianos en operaciones encubiertas; al otro, representantes de la inteligencia estadounidense. Lo que allí se discutió —según varias fuentes ucranianas— era una idea explosiva: sabotear los gasoductos Nord Stream en el mar Báltico.
La pregunta es inevitable: ¿conocía la CIA el plan desde el principio? ¿Lo respaldó, lo toleró o intentó frenarlo? La agencia lo niega con rotundidad. Pero los testimonios recogidos por el semanario alemán Der Spiegel dibujan un escenario más ambiguo.
Una vieja espina llamada Nord Stream
Los gasoductos Nord Stream conectaban Rusia con Alemania a través de más de 1.200 kilómetros bajo el Báltico, evitando territorio ucraniano. Para Kiev, eran mucho más que una infraestructura energética:
- Reducían los ingresos por tasas de tránsito del gas
- Incrementaban la dependencia alemana del Kremlin
- Permitían a Moscú financiar su maquinaria de guerra con exportaciones directas
Estados Unidos nunca vio con buenos ojos el proyecto. A comienzos de 2022, el entonces presidente Joe Biden llegó a advertir que, si Rusia invadía Ucrania, "no habría más Nord Stream 2".
Tras el inicio de la invasión, en Kiev empezó a circular de nuevo una idea antigua: eliminar esa palanca energética rusa de un solo golpe.
La “Operación Diámetro”
Según fuentes ucranianas citadas por la prensa alemana, durante semanas se diseñó un plan minucioso. Utilizaron un velero alquilado para pasar desapercibidos junto a buzos con capacidad de inmersión de hasta 80 metros. Además, utilizaron explosivos militares y para todo ello destinaron un presupuesto de unos 300.000 dólares.
El presunto cerebro sería Roman Chervinsky, antiguo oficial del SBU especializado en operaciones encubiertas, vinculado después al servicio de inteligencia militar. En el terreno operativo, uno de los nombres señalados por la justicia alemana es el excomando ucraniano Serhiy K., detenido en Hamburgo.
Según una orden del Tribunal Federal de Justicia de Alemania, la acción habría estado "muy probablemente" dirigida por el Estado ucraniano. Una conclusión incómoda para Berlín, que ha apoyado a Kiev con miles de millones de euros desde el inicio de la guerra.
¿La CIA como oyente… o algo más?
El punto más delicado no es quién ejecutó el sabotaje en septiembre de 2022, sino qué sabía Washington antes de que ocurriera. De acuerdo con varios testimonios ucranianos, representantes de la CIA asistieron a reuniones preliminares, además intercambiaron impresiones técnicas sobre la viabilidad del plan, n un primer momento no habrían expresado rechazo claro.
Algunos participantes incluso interpretaron las conversaciones como una señal de aprobación tácita. Según esas fuentes, en las primeras reuniones no se escucharon advertencias, sino comentarios del tipo: "Funciona".
La CIA, sin embargo, ha calificado esta versión de "total y absolutamente falsa” y sostiene que la investigación periodística es “extremadamente inexacta". Otras reconstrucciones, como la relatada por el periodista Joshua Yaffa en The New Yorker, apuntan a que en Washington circulaban muchas "ideas creativas" provenientes de Ucrania, pero que finalmente los planes contra Nord Stream fueron rechazados.
La cronología que emerge es esta:
- Primavera de 2022: contactos y conversaciones técnicas
- Principios del verano: cambio de postura estadounidense
- Advertencias explícitas para cancelar la operación
- Negativa ucraniana a detenerla
En junio de 2022, el servicio de inteligencia militar de Países Bajos obtuvo información sobre el plan desde una fuente en Ucrania. La advertencia llegó tanto a la CIA como al Servicio Federal de Inteligencia de Alemania (BND).
En Berlín hubo escepticismo inicial: la fecha prevista ya había pasado sin incidentes. Pero, según la investigación, la operación simplemente se había pospuesto.
A partir de ahí, la postura estadounidense habría sido más firme. Un representante de la CIA en Kiev habría exigido la cancelación del plan e incluso trasladado la presión a los más altos mandos militares ucranianos.
El desenlace en el Báltico
El 7 de septiembre de 2022, un velero zarpó desde Warnemünde con seis hombres y una mujer a bordo. Días después, sismógrafos en Suecia detectaron explosiones submarinas. Tres de los cuatro conductos de Nord Stream quedaron inutilizados. Una gigantesca columna de burbujas de gas emergió a la superficie. El sabotaje cambió el tablero energético europeo y elevó la tensión geopolítica en plena guerra.
¿Qué sabía realmente Washington?
Las versiones siguen siendo contradictorias. Existen varias hipótesis plausibles:
- Que agentes en el terreno escucharan sin comprometerse, buscando información
- Que la dimensión del plan tardara en llegar a los responsables políticos en EE. UU
- Que Washington cambiara de postura al comprender las consecuencias diplomáticas
- Lo que parece claro es que la historia no encaja del todo en un relato simple de apoyo o ignorancia total
La cuestión central, por tanto, no es solo si la CIA sabía del plan, sino cuándo lo supo y cómo reaccionó. Entre la negación oficial y los testimonios ucranianos se abre una zona gris que, cuatro años después de las explosiones, sigue alimentando una de las mayores incógnitas estratégicas de la guerra en Europa.