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15/04/2013 08:23 CEST | Actualizado 14/06/2013 11:12 CEST

¿Tora, Tora, Tora? Japón y la carrera armamentística en Asia

China aumenta su poder naval, las dos Coreas se enseñan los dientes, las naciones del sudeste asiático se refuerzan para posibles incidentes navales con Beijing... Se habla mucho de la carrera de armas que está viviendo Asia, pero hay un actor que queda en un segundo plano de la atención mediática: ¿qué pasa con Japón?

El país del Sol naciente acarrea aún parte del legado del imperialismo y de su actuación en la Segunda Guerra Mundial. El célebre artículo 9 de su Constitución limita el despliegue de su Ejército en el extranjero, y sus fuerzas armadas tienen teóricamente un marcado carácter defensivo. Pero si comprobamos su presupuesto en Defensa vemos que se ha situado en los 51.000 millones, y en este 2013 ha tenido el primer incremento en 11 años (una subida del 0,8%). En 2011 fue el sexto país que más gastó, según datos del SIPRI.

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Destructor clase Kongo con sistema AEGIS. Fuente: Wikicommons.

Este enorme gasto les permite disponer de unidades muy sofisticadas como los destructores con el avanzado sistema de defensa aérea AEGIS, o sus versiones de los F-15J. Su marina mantiene la doctrina y el entrenamiento de la Guerra Fría: ser una especie de brazo auxiliar de la flota estadounidense en el Pacífico. Aunque últimamente ha comenzado a desarrollar una mayor capacidad para las operaciones anfibias, quizá pensando en un posible conflicto con China por las disputas insulares.

Concretamente se trata del despliegue del 22DH, un portahelicópteros que también puede transportar tropas. Su entrada en servicio, permitirá a la marina nipona (o las Fuerzas Marítima de Autodefensa de Japón o FMAJ) mejorar su capacidad para enviar fuerzas a operaciones internacionales tipo ayuda humanitaria o apoyo a otros contingentes.

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Un F-15J durante unos ejercicios con EEUU. Fuente: Wikicommons

Esta entrega de equipo, se ha complementado con el desarrollo de ejercicios conjuntos con los marines de EEUU en operaciones anfibias. A finales de 2012 las fuerzas de ambos países desarrollaron a finales de 2012 en Guam maniobras tanto de ataque como de defensa. Una muestra de cómo Tokyo contempla una agresión china a las islas en disputa.

Asimismo, las fuerzas niponas se han dotado de aviones de vigilancia marítima Kawasaki P-1 que mejoran sus capacidades para controlar posibles movimientos hostiles de la marina china en aguas disputadas. También la FMAJ ha mostrado interés en adquirir drones RQ-4 Global Hawk, un aparato especializado en la observación desde altas cotas.

Todo este armamento tiene un carácter evidentemente defensivo. Pero la llegada de Shinzo Abe ha abierto la posibilidad de revisar la Constitución nipona para acabar con estas restricciones. Este movimiento puede despertar recelos en sus vecinos, al fin y al cabo las heridas de la Segunda Guerra Mundial están más frescas en Asia que en Europa.

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Marineros japoneses durante unos ejercicios con EEUU en Pearl Harbor. Fuente: Wikicommons

Aunque los recelos por la actitud nipona con sus crímenes de guerra del pasado puede quedar mitigada por el aumento de la agresividad de la República Popular en el mar del Sur de China. En este sentido se ha manifestado Filipinas, que ha dado la bienvenida a un posible rearme nipón como contrapeso a la cada vez más activa marina de guerra de Beijing.

Si finalmente Japón opta por el rearme, ¿agravaría la tensión en Asia? Seguramente, o por lo menos se intensificaría la carrera armamentística que muchos ven en el continente. Pero además de la vertiente nacionalista del Gobierno de Tokyo, Japón también puede verse empujada por el foco de inestabilidad que supone el régimen de Corea del Norte.

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