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29/05/2013 08:34 CEST | Actualizado 28/07/2013 11:12 CEST

Desesperación en Siria: ¿Tiene posición la UE?

2013-05-28-portada_palomamuerta.jpgLa crisis siria está planteando un desafío para la proclamada vocación de la Unión Europea de ser globalmente relevante. Y particularmente, para la credibilidad de su capacidad de acompañar el liderazgo en cooperación al desarrollo.

Después de tres largos años de interminable y sangrienta guerra civil en Siria, el conflicto se deteriora dramáticamente ante la consternación de una Europa sumida en la peor crisis de su historia. Lo que, lamentablemente, también limita nuestra capacidad de respuesta desde una todavía incipiente acción externa europea y un liderazgo inexistente de su Alto Representante, Catherine Ashton. Con más de 60.000 muertos y tres millones de desplazados, son cercanos al millón los que han buscado refugio de las balas fratricidas en la vecina Jordania.

A principios de febrero tuve el honor de encabezar una delegación a Jordania de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, de la que soy presidente. El objetivo era evaluar la situación de los refugiados sirios. En particular, me impresionó la experiencia personal en el campo de Zaatari. En ese recinto viven hoy 100.000 personas, la mayor parte mujeres y niños, bajo la supervisión y cuidados del Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR). Omito aquí los comentarios que merecería la demanda de ayuda militar y armamento contra el régimen sirio que nos trasladaban con angustia y rabia muchos de ellos.

Lo cierto es que la enormidad de este campo de refugiados, inexistente hace apenas año y medio, se ha descrito, efectivamente, como una de las mayores ciudades de Jordania en estos momentos. Tan tremenda situación plantea muchísimos problemas de capacidad a Jordania, que está mostrando generosidad. Por eso mismo necesita apoyo financiero de la UE, la Liga Árabe y la comunidad internacional. Para muchos de nosotros, la Unión Europea debe incrementarlo de una forma esperable y, a juicio de muchos, impostergable.

La semana pasada debatimos y votamos en el Pleno de Estrasburgo del Parlamento Europeo una resolución que plantea la necesidad imperiosa de ayudar a mantener entre Jordania y Siria fronteras abiertas a los refugiados sirios y a los palestinos. Pero, sobre todo, efectuaba un llamamiento enérgico a la cooperación en el reparto equitativo de la carga, a la cooperación de los países árabes vecinos. Y por supuesto, a poner énfasis también en el mantenimiento de la ley, el orden y el respeto de los derechos humanos y en la seguridad en el campo de refugiados, para que no se produzcan en su interior violaciones intolerables de los derechos humanos.

Finalmente, desde el Parlamento Europeo hacemos también una apelación a los Estados miembros para que asuman el programa de flujo y acogida de refugiados al que habrá que hacer frente si queremos estar a la altura de este drama humano y humanitario. La crisis siria está planteando un desafío para la proclamada vocación de la Unión Europea de ser globalmente relevante. Y particularmente, para la credibilidad de su capacidad de acompañar el liderazgo en cooperación al desarrollo -que nadie discute a la UE, primera potencia en ayuda- con una política exterior merecedora de ese nombre.

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