2,5 millones de aves muertas en plena ola de calor: el pollo diseñado para dar carne barata es el peor preparado para el calentamiento del planeta
La situación fue similar en numerosas explotaciones del oeste francés, donde los termómetros llegaron a marcar 40,5 grados.

Las imágenes que ha dejado la última ola de calor en Francia reflejan hasta qué punto el cambio climático está poniendo contra las cuerdas a la ganadería. En apenas unos días, entre 2,5 y 3 millones de aves de corral murieron por las temperaturas extremas que azotaron el país a finales de junio, según la organización avícola francesa Anvol. Muchas de ellas estaban a solo unos días de llegar al matadero.
El episodio ha vuelto a abrir el debate sobre uno de los grandes problemas de la producción intensiva de pollo: las razas seleccionadas para crecer muy rápido y producir carne barata son también las que peor soportan el calor.
Su metabolismo acelerado, unido a que las aves no pueden sudar, las convierte en uno de los animales de granja más vulnerables cuando el termómetro supera los 40 grados.
Una ola de calor histórica que desbordó a las granjas
En la granja de Isabelle y Florent Renaudier, en el oeste de Francia, el calor acabó con 1.500 de sus 4.300 pollos en apenas unas horas. A las aves les faltaban solo 19 días para ser sacrificadas. "Me partió el corazón", resume al New York Times Isabelle al recordar cómo encontró un tercio del gallinero muerto al abrir las puertas tras una noche en la que las temperaturas se dispararon.
Las aves comenzaron a jadear para intentar regular su temperatura corporal, pero muchas terminaron deshidratadas y exhaustas. Los pollos apenas pudieron soportar el calor acumulado dentro de las naves.
La situación fue similar en numerosas explotaciones del oeste francés, donde los termómetros llegaron a marcar 40,5 grados.
El pollo moderno paga el precio de crecer demasiado rápido
Los expertos llevan años advirtiendo de este problema. Los pollos de engorde utilizados por la industria alimentaria alcanzan el peso de sacrificio en apenas cinco semanas, una velocidad de crecimiento fruto de décadas de selección genética para producir carne abundante y barata.
Ese rápido metabolismo genera también más calor corporal, lo que hace que estos animales sean mucho más sensibles a las altas temperaturas. "Estamos ante un episodio que ha causado daños significativos. Uno de una intensidad histórica", afirmó Yann Nédélec, director de Anvol.
La situación no afecta únicamente a Francia. En India, una ola de calor provocó en 2015 la muerte de unos 17 millones de pollos, mientras que en Canadá y el noroeste de EEUU fallecieron en 2021 unos 400.000 pollos y 60.000 pavos durante otro episodio extremo.
Ni ventiladores ni nebulizadores pudieron evitar la tragedia
Muchos ganaderos habían invertido durante años para adaptar sus instalaciones.
Es el caso de Christian Delavaud, avicultor cerca de Nantes, que instaló ventiladores industriales y sistemas de nebulización para refrescar las naves. Pero esta vez no bastó.
Las alarmas dejaron de funcionar correctamente, la presión del agua descendió y el sistema de refrigeración perdió eficacia justo cuando más se necesitaba. En algunos gallineros la temperatura alcanzó 42 grados. En lugar de preparar las aves para el mercado, Delavaud tuvo que retirar miles de cadáveres. "Era insoportable", recuerda.
El volumen de animales muertos llegó a ser tan elevado que las empresas encargadas de recogerlos suspendieron temporalmente el servicio por falta de capacidad. Muchos ganaderos se vieron obligados a almacenar los cuerpos en cámaras frigoríficas o incluso a excavar fosas provisionales para evitar problemas sanitarios.
Un problema que irá a más con el cambio climático
La industria avícola reconoce que las olas de calor serán cada vez más frecuentes y que la adaptación ya no puede esperar. Los especialistas proponen distintas medidas para reducir la mortalidad: mejorar la ventilación, instalar materiales reflectantes en las cubiertas de las naves, administrar determinadas vitaminas durante los episodios de calor o utilizar razas más resistentes, como las gallinas de cuello desnudo.
Sin embargo, ninguna solución elimina completamente el riesgo. El profesor Sami Dridi, especialista en avicultura de la Universidad de Arkansas, recuerda que incluso el aire acondicionado resulta económicamente inviable para la mayoría de explotaciones intensivas.
Mientras tanto, algunos productores ya estudian cambiar sus calendarios de producción para evitar que las aves alcancen el peso de sacrificio durante los meses más cálidos.
Un modelo que empieza a mostrar sus límites
La ola de calor ha dejado también una reflexión entre muchos ganaderos.
Sylvia Goisbault, que perdió 14 de sus 700 pollos, asegura sentirse culpable porque sus animales "no merecían morir así" y ya estudia modificar las fechas de cría.
Los Renaudier también planean introducir cambios, aunque todavía no saben cuáles. "Solo puede ocurrir una vez, no otra", afirma Florent.
Días después del desastre, la pareja volvió a entrar en el gallinero donde sobrevivieron 2.800 aves. La temperatura había bajado hasta los 27 grados y los pollos volvían a salir al exterior para refugiarse bajo los árboles.
Todavía les quedaban diez días para llegar al matadero y confiaban en que recuperaran el peso perdido durante la ola de calor. "A menos que haya otra ola de calor", concluye Isabelle, consciente de que el mayor enemigo de sus animales ya no es una enfermedad, sino un clima que cambia cada verano.
