Un herpetólogo se ha dejado morder cientos de veces por serpientes venenosas a lo largo de su vida: ahora está donando su sangre a la ciencia
Una posible vía para hacer antídotos más amplios y eficaces.
Las serpientes son uno de esos animales que imponen respeto casi solo con mirarlas. Un solo mordisco de una especie venenosa puede desencadenar desde un dolor insoportable hasta fallos orgánicos graves en cuestión de horas. En algunos casos, el veneno actúa con tanta rapidez que el tiempo de reacción marca la diferencia entre la vida y la muerte, especialmente en regiones donde el acceso a un suero antiofídico no está garantizado.
En ese terreno extremo se enmarca la historia de Tim Friede, un herpetólogo autodidacta que durante más de dos décadas permitió que serpientes altamente venenosas lo mordieran de forma repetida y, en paralelo, se fue exponiendo a pequeñas dosis de veneno para estudiar la respuesta de su propio organismo. Lo que empezó como una curiosidad personal terminó convirtiéndose en un experimento biológico sin precedentes.
En total, llegó a registrar 202 mordeduras, según Science News, y científicos de Centivax y la Universidad de Columbia han estudiado su sangre como una posible vía para hacer antídotos más amplios y eficaces contra algunos de los venenos más peligrosos del planeta. El objetivo es identificar anticuerpos capaces de neutralizar distintas toxinas a la vez, algo que supondría un avance clave en un campo donde los tratamientos actuales suelen ser específicos para pocas especies y de difícil acceso en muchas regiones del mundo.
“Cuanto más lo haces, más tranquilo te sientes”
El caso no es nuevo, sino que ya en 2025 se publicó un estudio en la revista Cell que describió un cóctel experimental elaborado a partir de dos anticuerpos hallados en la sangre de Tim, combinado con un inhibidor de toxinas. En pruebas con ratones, la fórmula logró protección completa frente al veneno de 13 especies de serpientes y protección parcial frente a otras seis, un resultado cuanto menos prometedor de cara a un antiveneno de espectro más amplio.
Tim, descrito como un aficionado a los reptiles y a los venenos que durante años fue acumulando tolerancia a base de exposición progresiva, ha convertido su cuerpo en un experimento extremo movido por la curiosidad y por el deseo de que su experiencia sirviera para algo más que para sobrevivir. Él mismo buscó durante años a científicos dispuestos a estudiar su caso hasta que su perfil inmunológico llamó la atención de los investigadores.
Su experiencia extrema, que durante años parecía más propia de una anécdota peligrosa que de un avance médico, ha acabado aportando información valiosa para la investigación de nuevos antídotos. "Al principio, daba mucho miedo, pero cuanto más lo haces, mejor lo haces y más tranquilo te sientes", dijo Tim a NBC. Aun así, los propios investigadores piden prudencia porque el tratamiento sigue en fase temprana al solo haberse probado en animales y estar todavía lejos de usarse en humanos.