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17/04/2016 10:03 CEST | Actualizado 17/04/2016 10:04 CEST

El crepúsculo de los ídolos, otra vez

ninnos¿Quién nos iba a decir que nosotros, europeos, íbamos a pagar a un país, Turquía, para que esconda a los refugiados debajo del felpudo y así nosotros podamos seguir con nuestras vidas? ¿Dónde quedó el sueño Europeo? ¿Acaso quedó en la misma vitrina enmohecida en la que está el Nobel de la Paz?

Foto: EFE

Esta Europa nuestra, a la que pocos conseguimos reconocer, se ha convertido en un mausoleo de dimensiones colosales; una gran lápida que aplasta los valores y los ideales de paz y de justicia que ella-Europa- abanderaba en el mundo no hace tanto. Es, sencillamente, una caricatura de lo que fue: un esperpento.

Tenemos que asistir, cada vez menos sorprendidos, al espectáculo de seres humanos muertos en nuestro Mediterráneo, a la vergüenza que produce tragar con una Comisión Europea que ante el drama de los refugiados, aporta la solución del hambre, la muerte y el destierro. Tenemos que soportar que nos digan eso de "no es continente para refugiados" mientras nuestro Nobel de la Paz está ensuciándose en cualquier vitrina de cualquier edificio en Bruselas. Un panorama desolador. Una vergüenza.

Si Nietzsche siguiera vivo, estoy seguro de que hubiera hecho la segunda parte de una de sus obras cumbre, "El crepúsculo de los ídolos o cómo se filosofa con el martillo"; aunque en esa segunda parte el crepúsculo hubiese sido más oscuro y el martillo más grande. Y sí, efectivamente, estamos asistiendo al crepúsculo de los ídolos, otra vez; observando cómo nuestros valores e ideas son olvidados y profanados por una idea mucho más atractiva: el dinero. Nietzsche quería acabar con los valores imperantes de su época, nosotros queremos volver a ensalzar a los ídolos que nos llevaron a las épocas más oscuras de la humanidad: el totalitarismo sin remedio y el etnocentrismo como modus vivendi. Una involución preocupante para todo un continente con un flamante Nobel de la Paz a sus espaldas.

Algo está mal en estos valores que hemos decidido aceptar. Creo que nuestro Nobel de la Paz nos ha salido a devolver, y a los refugiados, a pagar, y muy caro.

¿Quién nos iba a decir que nosotros, europeos, íbamos a pagar a un país, Turquía, para que esconda a los refugiados debajo del felpudo y así nosotros podamos seguir con nuestras vidas? ¿Dónde quedó el sueño Europeo? ¿Acaso quedó en la misma vitrina enmohecida en la que está el Nobel de la Paz? Los refugiados vienen a nuestro continente huyendo de una guerra que, en buena medida, Occidente ha alimentado sin descanso; queremos cerrarles las fronteras a cal y canto porque así parece que nos olvidamos más fácilmente de que nosotros, no hace tanto, estábamos como ellos: huyendo de guerras permanentemente. No pensaba yo que nuestro aburguesamiento nos iba a llegar tan rápido, ni con tanta intensidad.

Seguramente Nietzsche se hubiera quedado helado ante tanta barbarie. Nosotros, europeos, hemos optado por hacerle la guerra al hambre y a la muerte a golpe de tweet, de estado de facebook, o incluso, a golpe de artículo; con estos mimbres nuestros, los refugiados tienen difícil hacer un cesto en condiciones. Ellos sólo buscan una salida que termine con su sufrimiento y nos han hecho cómplices, aunque prefiramos no verlo, de ese sufrimiento; estos, y no los otros, deberían ser nuestros mimbres: el no decidir no mirar ante el dolor ajeno.

Empiezo a estar cansado de ver cómo los problemas del primer mundo nos desquician, al tiempo que veo cómo los refugiados, con todos los problemas del mundo, optan por la resignación. Algo está mal en estos valores que hemos decidido aceptar. Creo que nuestro Nobel de la Paz nos ha salido a devolver, y a los refugiados, a pagar, y muy caro.

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