Antes de la llegada del aire acondicionado, los humanos durmieron al aire libre durante milenios, y esa costumbre está resurgiendo incluso en los diseños de exteriores más contemporáneos
No es necesario tener un gran jardín, basta con una pequeña terraza.
España se enfrenta desde este miércoles a la cuarta ola de calor del año. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) espera que este nuevo episodio de temperaturas extremas dure hasta, al menos, el domingo 2 de agosto.
"En combinación con la insolación propia de esta época del año, se espera un ascenso progresivo de las temperaturas, hasta alcanzar valores muy elevados a partir de mitad de la semana, especialmente en valles fluviales del cuadrante suroccidental, valle del Ebro, depresiones del nordeste y valles pirenaicos", explican desde el organismo.
En consecuencia, es momento, una vez más, de poner a funcionar a tope los aires acondicionados de las casas españolas para evitar que el calor, más allá de en las calles, también reine en los hogares.
Ante estas temperaturas tan elevadas, hay quienes se preguntan qué es lo que hacían nuestros antepasados para poder conciliar el sueño durante los veranos antes de que se inventaran los sistemas de aire acondicionado. La respuesta es que lo que los humanos han hecho durante milenios ha sido, simplemente, dormir al aire libre.
Curiosamente, esa costumbre ancestral está comenzando a resurgir en los diseños de exteriores. Tal y como recoge la revista italiana DiLei, las terrazas están reconvirtiéndose en auténticos salones al aire libre en los que los residentes conectan con el exterior del hogar.
Dos claves: superficie aislante del suelo y protección contra los insectos
Para que la experiencia sea agradable es indispensable tener en cuenta que ese espacio debe contar con una superficie que aísle del suelo y también con algún tipo de protección contra los insectos, como puede ser una mosquitera.
Desde el mencionado medio de comunicación subrayan que "no hace falta un jardín grande para redescubrir este placer. Un rincón de la terraza con un diván plegable, una hamaca individual colgada entre dos puntos fijos bien anclados, o incluso solo un colchón de exterior resistente a la humedad colocado sobre una plataforma de madera, pueden bastar para una siesta de tarde que cambia por completo la percepción del espacio doméstico".