Ferran Dalmau, ingeniero forestal, sobre plantar árboles tras un incendio: "Muchas veces es un error. Están plantando árboles que se van a morir"
El experto defiende adaptar los bosques al clima que viene y no al que existía antes de los incendios.
Cada vez que un gran incendio arrasa miles de hectáreas, surge la misma reacción: decenas de voluntarios se organizan para plantar árboles cuanto antes. La imagen transmite esperanza, pero el ingeniero forestal Ferran Dalmau lanza en una entrevista a Con madera de experto una advertencia que rompe con esa idea tan extendida.
En muchos casos, asegura, hacerlo inmediatamente después del fuego no solo no ayuda, sino que puede empeorar la situación. "La ciudadanía tiene que entender que entrar en terreno quemado muchas veces es un error, porque lo que están haciendo es plantar árboles que se van a morir o que no se van a gestionar", explica el especialista en la entrevista.
Su mensaje no cuestiona la importancia de reforestar, sino la forma en la que debe hacerse en un contexto marcado por el cambio climático, la sequía y el aumento de las temperaturas.
Reforestar sí, pero pensando en el clima del futuro
Para Dalmau, el cambio climático ya no admite debate. Lo define como "un hecho científico de origen antropogénico" y recuerda que el aumento de la población mundial y el consumo masivo de combustibles fósiles han alterado el equilibrio climático del planeta.
Ese nuevo escenario obliga, a su juicio, a replantear por completo la gestión forestal. "No se trata de reforestar pensando en el clima que había, sino en el clima que habrá", sostiene.
Eso implica seleccionar especies capaces de soportar mayores periodos de sequía, diversificar la estructura de los bosques, favorecer plantas con diferentes tipos de raíces y utilizar técnicas que mejoren la infiltración y el aprovechamiento del agua.
Además, insiste en que una restauración forestal no puede limitarse a plantar árboles durante un fin de semana. "Debería empezar con pocas plantas y realizar un seguimiento durante al menos cinco años para comprobar cuáles sobreviven y adaptar las técnicas de restauración", explica.
El bosque necesita profesionales, no solo buena voluntad
Uno de los mensajes más contundentes del ingeniero forestal hace referencia a las campañas ciudadanas que se organizan tras los grandes incendios.
Aunque reconoce y valora la solidaridad de quienes quieren ayudar, cree que estas actuaciones deben estar dirigidas por especialistas. "Lo correcto puede hacerse de forma equivocada", resume, utilizando una expresión habitual en la gestión forestal.
Antes de plantar un solo árbol, explica, es imprescindible analizar cómo evoluciona la regeneración natural del monte, comprobar qué zonas necesitan realmente intervención y decidir qué especies tienen posibilidades de sobrevivir en las nuevas condiciones climáticas.
De lo contrario, advierte, el resultado puede ser la muerte de miles de árboles plantados con buena intención o incluso la alteración de procesos naturales que ya estaban recuperando el ecosistema.
Los bosques son una infraestructura estratégica
Dalmau considera que España debe cambiar radicalmente su forma de entender los montes.
A su juicio, los bosques no son únicamente espacios naturales, sino una infraestructura esencial para garantizar recursos básicos como el agua, la protección del suelo, la biodiversidad o incluso la actividad económica ligada al turismo. "Nos va el agua, nos va el suelo, nos va el paisaje y con él el turismo. Nos van un montón de recursos estratégicos", afirma.
Por ello, propone reforzar la gestión pública de los montes o facilitar la agrupación de pequeñas parcelas privadas que actualmente permanecen abandonadas y dificultan cualquier planificación forestal eficaz.
También reclama políticas que vayan más allá de los ciclos electorales. "Los tiempos forestales son a largo plazo. No se pueden hacer políticas forestales a tiempos de legislatura", sostiene.
Gestionar los bosques para que no lo haga el fuego
El ingeniero recuerda que conservar un bosque no significa dejarlo completamente intacto. Defiende el aprovechamiento sostenible de recursos como la madera, las resinas o los hongos, y subraya que cortar árboles de forma planificada no es incompatible con la protección ambiental. "Cortar un árbol no es un delito, es una necesidad, porque la madera es un recurso renovable", explica.
En su opinión, el gran problema es el abandono de millones de hectáreas forestales, donde la acumulación de vegetación seca aumenta el riesgo de incendios cada vez más intensos.
Por eso concluye con una advertencia que resume toda su visión sobre la gestión del territorio: "Todo aquello que no gestionamos nosotros, corremos el riesgo de que lo acabe gestionando el fuego". Aviso para navegantes en plena ola de calor y máximo riesgo de incendios.