Helen Clark, experta en pandemias de la OMS: "La próxima enfermedad puede no darnos semanas para averiguar qué pasa, puede darnos días"
Los sistemas sanitarios siguen sin integrar suficientemente los riesgos locales, climáticos y geográficos en sus protocolos preventivos.

Dos brotes en apenas dos semanas. Dos enfermedades raras. Decenas de muertos. Evacuaciones internacionales. Gobiernos movilizados. Y una advertencia cada vez más repetida entre epidemiólogos y expertos en salud global: el mundo sigue reaccionando tarde ante amenazas que ya conoce.
La ex primera ministra de Nueva Zelanda y copresidenta del panel independiente de preparación pandémica de la OMS, Helen Clark, ha lanzado una advertencia inquietante tras los recientes brotes de hantavirus andino y ébola Bundibugyo: la próxima gran enfermedad podría propagarse tan rápido que apenas deje margen para entender qué está ocurriendo. Lo ha hecho en un artículo de opinión publicado en The Guardian.
La frase llega después de dos episodios sanitarios que han vuelto a demostrar hasta qué punto el planeta sigue siendo vulnerable ante virus conocidos y emergentes.
Un crucero de lujo terminó convertido en una crisis sanitaria internacional
El primer caso se produjo en el Atlántico Sur y comenzó casi como una anécdota médica. Un pasajero del crucero de expedición MV Hondius murió el 11 de abril tras desarrollar síntomas compatibles con una enfermedad respiratoria. Durante días, la muerte fue tratada como un posible fallecimiento natural y el barco continuó su ruta normal por islas remotas del Atlántico.
Los pasajeros siguieron compartiendo mesas, actividades y excursiones. El problema es que el hombre estaba infectado con hantavirus andino, una variante extremadamente peligrosa que, a diferencia de otros hantavirus, sí puede transmitirse entre personas mediante contacto estrecho.
Cuando el diagnóstico se confirmó el 2 de mayo, la situación ya se había complicado enormemente. Más pasajeros comenzaron a enfermar, una mujer falleció y distintos gobiernos tuvieron que organizar complejas operaciones de evacuación y cuarentena.
La crisis obligó a coordinar actuaciones entre la Organización Mundial de la Salud, varios países europeos y autoridades españolas, ya que parte de los afectados terminó siendo trasladada a Tenerife.
El hantavirus andino preocupa especialmente por algo muy raro: sí puede contagiarse entre humanos
El hantavirus suele asociarse a roedores y zonas rurales, pero la variante andina presenta una característica que inquieta especialmente a los expertos: la transmisión entre personas. Eso ya ocurrió en un brote registrado en Argentina en 2018, donde un infectado contagió a varias personas simplemente compartiendo mesa o mediante un breve contacto social.
Y ahí es donde los especialistas ven uno de los grandes errores del caso del crucero. El MV Hondius había partido desde Ushuaia, en Argentina, una región donde el hantavirus andino es endémico y donde los casos habían aumentado este año. Aun así, el riesgo aparentemente no fue tratado desde el inicio como una prioridad epidemiológica.
Para Helen Clark y otros expertos, eso demuestra un problema estructural: los sistemas sanitarios siguen sin integrar suficientemente los riesgos locales, climáticos y geográficos en sus protocolos preventivos.
El segundo brote disparó las alarmas desde el primer momento: ébola en Congo
Mientras el episodio del crucero seguía desarrollándose, otro brote empezó a preocupar a la comunidad internacional. Los Centros Africanos para el Control y Prevención de Enfermedades informaron de más de 260 casos y al menos 65 muertes por ébola Bundibugyo en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo.
La cifra inquieta especialmente porque se trata de una variante rara del virus y porque el brote llevaba semanas propagándose antes de ser confirmado oficialmente.
La región ya había sufrido uno de los peores brotes de ébola de su historia reciente hasta 2020. Además, el conflicto armado, la falta de infraestructuras sanitarias y la escasez de suministros dificultan enormemente la detección rápida y el aislamiento de casos.
Según los expertos, ahí volvió a repetirse el mismo patrón: señales iniciales que no fueron interpretadas con suficiente rapidez.
El gran miedo ya no es el ébola: es el próximo virus desconocido
Lo que realmente preocupa a la OMS y a los epidemiólogos no son únicamente estos brotes concretos. El temor es que los mismos fallos que retrasaron la detección del hantavirus o del ébola puedan repetirse con un patógeno mucho más transmisible y peligroso.
Especialmente en un contexto de cambio climático, pérdida de biodiversidad y creciente interacción humana con ecosistemas alterados.
Cada vez más científicos advierten de que estas transformaciones están aumentando el riesgo de saltos zoonóticos, es decir, virus que pasan de animales a humanos y adquieren capacidad de transmisión.
Y el problema es que el mundo sigue funcionando muchas veces con lógica reactiva en lugar de preventiva.
No es un problema de capacidad, sino de voluntad
Según la exdirigente neozelandesa, la comunidad internacional sí dispone de herramientas científicas y epidemiológicas suficientes para detectar mejor muchos riesgos. El problema es otro: falta voluntad política y coordinación sostenida.
Clark defiende la creación de grupos multidisciplinares permanentes formados por epidemiólogos, ecólogos, médicos y expertos ambientales dedicados a mapear continuamente amenazas sanitarias y traducirlas en protocolos específicos según la región y el contexto.
Según advierten los expertos, el próximo gran brote quizá no llegue desde un laboratorio secreto ni desde una película de ciencia ficción, sino desde algo mucho más cotidiano: un puerto, un mercado, un crucero turístico o una región donde ya existían señales de alerta que nadie quiso mirar a tiempo.
