Tel Aviv afirma que está respondiendo a supuestas violaciones de Hamás y a ataques de militantes contra sus soldados. Hay un herido. Mientras, pone problemas en el paso de Rafah, recién abierto, acusando a la OMS de falta de información.
Washington consuma una retirada que tiene efectos financieros, jurídicos y sanitarios que trascienden Estados Unidos y golpean al sistema multilateral de salud.
Son muchos los frentes abiertos para el mayor organismo de la salud a nivel mundial: desfinanciación, enfermedades emergentes, epidemias silenciosas... Y todas ellas tienen algo en común: problemas estructurales que provocan desconfianza, falta de liderazgo en muchos casos, la necesidad de dar un golpe de efecto que cambie esta tendencia.
El director regional de la OMS para Europa, Hans Kluge, ha llegado incluso a reunirse y estrecharle la mano al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.
Tras tres años y 13 rondas de negociaciones, una OMS sin EEUU se dota de un pacto para mejorar las alertas tempranas, identificar riesgos, avanzar en bioseguridad o compartir avances, con una certeza de fondo: la pandemia puede repetirse.