Isabel, sevillana de 27 años: "La Feria ya está tan masificada que a veces ni se puede estar"
"Forma parte de quiénes somos".
La Feria de Abril es una de las celebraciones más reconocibles de España. Cada primavera, Sevilla se convierte en escaparate internacional de farolillos, trajes de flamenca, sevillanas y casetas llenas de vida. Miles de visitantes llegan atraídos por una fiesta que forma parte del imaginario colectivo del país.
Pero para muchos sevillanos, la Feria no es solo una postal ni una semana de ocio. Es tradición familiar, memoria compartida e identidad cultural. Un lugar donde reencontrarse con amigos, mantener costumbres y celebrar una forma de vivir que pasa de generación en generación.
Isabel, sevillana de 27 años, cree que esa esencia corre peligro. "La Feria ya está demasiado masificada, hay momentos en los que ni se puede estar", afirma. Su crítica no va contra quien visita la ciudad, sino contra un modelo que, a su juicio, está desbordando una fiesta pensada para disfrutarse de otra manera.
No es solo una fiesta, es identidad
Isabel insiste en que muchas veces se mira la Feria desde fuera con una idea simplificada. "Parece que para el resto del mundo esto es solo beber, bailar y pasarlo bien, pero para nosotros significa mucho más", explica la andaluza.
Cuenta que desde pequeña ha vivido la Feria como una cita marcada en el calendario familiar. "Es ir con tus padres, con tus abuelos, repetir costumbres, vestirte de flamenca, comer allí, escuchar sevillanas… forma parte de quiénes somos", señala.
Por eso le preocupa que se reduzca a un simple reclamo turístico. "No es un parque temático andaluz. Es algo cultural, una cuestión de identidad", expone la sevillana con contundencia.
Aglomeraciones que cambian la experiencia La principal queja de Isabel tiene que ver con la masificación creciente. "Este año ha habido horas en los que moverte era imposible. Vas empujada, te destrozan el traje, tardas muchísimo en moverte y acabas agobiada", relata.
"Una cosa es que venga gente y otra que la fiesta se desborde. Este año todo eran colas, calles llenísimas y gente por todas partes sin descanso, y claro, llega un momento en que ya no disfrutas igual", comenta.
"Cuando todo está tan lleno, la gente va más tensa, hay más prisas y se pierde esa sensación de estar tranquilo y dejarte llevar dentro de la Feria", añade, asegurando que la saturación de la fiesta también afecta al ambiente general.
Isabel considera que en los últimos años se ha cruzado una línea. "Muchos amigos míos ya eligen muy bien cuándo ir o directamente van menos porque saben que ciertos días no merece la pena", explica la sevillana.
"Es triste que quienes hemos crecido con esto acabemos evitando nuestra propia fiesta porque no se puede estar", añade, lamentando que la excesiva masificación turística termina haciendo que la experiencia cambie incluso para los propios sevillanos.
Límites para poder seguir viviendo
La joven deja claro que no rechaza el turismo, pero pide límites. "Que venga gente me parece estupendo, significa que valoran nuestra ciudad y nuestras tradiciones; pero si solo se piensa en atraer cada vez a más gente, al final vacías de contenido lo que hacía especial esta fiesta".
Con 27 años, Isabel pertenece a una generación que ha heredado la Feria como parte natural de su vida. Precisamente por eso lanza la advertencia. "No quiero una Feria elitista ni cerrada, quiero una Feria disfrutable", explica.
Aún así, la joven es positiva y cree que aún hay margen para corregir el rumbo si se escucha a quienes la viven desde dentro. "Los sevillanos no nos quejamos por capricho. Nos quejamos porque queremos seguir sintiéndola nuestra".