Los expertos en turismo coinciden: las olas de calor van a impulsar a los destinos frescos, convertidos en 'refugios climáticos' y vacacionales
Un cambio de rumbo.
Las vacaciones de verano están cambiando. Si durante décadas el sol, la playa y las altas temperaturas fueron uno de los principales reclamos turísticos, cada vez más viajeros buscan precisamente lo contrario: escapar del calor. La sucesión de olas de calor en Europa está modificando los hábitos de millones de personas y empujando a muchos destinos tradicionalmente secundarios a convertirse en auténticos refugios climáticos.
Costas ventosas, regiones del norte y zonas de montaña aparecen ahora entre las preferencias de muchos turistas que quieren descansar sin sufrir temperaturas extremas.
Según recoge el diario francés Le Figaro, esta tendencia ya no es una percepción del sector, sino una realidad respaldada por datos y estudios que muestran cómo el clima se ha convertido en un factor decisivo a la hora de planificar un viaje.
El clima ya pesa tanto como el precio La transformación queda reflejada en el informe Travel & Sustainability 2026 de Booking.com. El estudio señala que el 68% de los viajeros franceses tiene en cuenta actualmente los riesgos climáticos al elegir destino.
El dato sitúa el clima al mismo nivel que otros factores tradicionalmente determinantes, como el presupuesto o la distancia. Para muchos turistas, la pregunta ya no es dónde hace mejor tiempo, sino dónde se puede estar mejor.
Los profesionales del sector aseguran que las reservas de última hora están cada vez más condicionadas por las previsiones meteorológicas, especialmente cuando se anuncian episodios prolongados de calor extremo.
La costa fresca gana terreno
Uno de los territorios que mejor está aprovechando esta tendencia es la bahía del Somme, en el norte de Francia. Nicolas Mequin, responsable de la oficina de turismo local, explica que la llegada de visitantes se dispara en cuanto las temperaturas suben en otras regiones.
“Cuando allí hace 34 grados y aquí 28, junto al mar con una ligera brisa, la diferencia es enorme”, señala. Según explica, muchos visitantes proceden de zonas especialmente cálidas del sur del país en busca de noches más frescas y condiciones más agradables.
Los datos de Airbnb también apuntan en la misma dirección. Destinos costeros como Wimereux, en la Costa de Ópalo, o localidades bretonas como Perros-Guirec y Crozon registran fuertes aumentos en las búsquedas para este verano.
La montaña se convierte en un refugio climático
La otra gran beneficiada es la montaña que, lejos de ser un destino exclusivamente invernal, cada vez más viajeros la consideran una alternativa para escapar de las altas temperaturas.
El macizo de Dévoluy, en los Alpes franceses, ha experimentado un incremento del 87% en las búsquedas, mientras que enclaves como Alpe d'Huez, Les Gets o La Bresse también registran importantes subidas.
El fenómeno apunta a una transformación de fondo en el turismo europeo. A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, expertos y operadores turísticos coinciden en que los destinos frescos dejarán de ser una opción minoritaria para convertirse en algunos de los lugares más codiciados del verano.