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Los psicólogos coinciden: las personas de entre 55 y 75 años tienen una mayor tolerancia al silencio en comparación con las generaciones anteriores

Los psicólogos coinciden: las personas de entre 55 y 75 años tienen una mayor tolerancia al silencio en comparación con las generaciones anteriores

La ciencia apunta a una combinación de factores biológicos y culturales.

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Algunos investigadores consideran que esta disponibilidad constante de estímulos ha reducido la tolerancia a los momentos de inactividad mental.Chris Johnsson

Para muchas personas de entre 55 y 75 años, el silencio no resulta incómodo. Al contrario: suele percibirse como algo natural, agradable e incluso necesario. Sin embargo, numerosos psicólogos y neurocientíficos observan que las generaciones más jóvenes muestran una relación muy distinta con la ausencia de ruido, tendiendo a llenar cualquier momento libre con música, vídeos, redes sociales o conversaciones.

La diferencia no se explica únicamente por la personalidad. Según la investigación psicológica y neurológica de la que se ha hecho eco el diario luso Tupi, el contexto histórico en el que cada generación creció ha desempeñado un papel fundamental en la forma de procesar el silencio y la estimulación externa. 

Quienes nacieron entre las décadas de 1950 y 1970 vivieron una infancia radicalmente diferente a la actual. No existían teléfonos inteligentes, redes sociales, plataformas de vídeo bajo demanda ni notificaciones permanentes. Los periodos de silencio formaban parte habitual del día a día. Y eso dejó una huella duradera en el cerebro.

Una infancia mucho menos ruidosa

Las personas que hoy tienen entre 55 y 75 años crecieron en un entorno donde los estímulos eran mucho más limitados. Había momentos cotidianos de silencio: durante los desplazamientos, mientras se jugaba en la calle, en las tardes sin televisión, entre programas de radio, durante la lectura o simplemente al estar en casa.

El cerebro infantil se adapta al entorno en el que se desarrolla. La neurociencia ha demostrado que los sistemas neuronales encargados de procesar estímulos se calibran según la intensidad y frecuencia de los estímulos recibidos durante la infancia.

Para quienes crecieron en un ambiente relativamente tranquilo, el silencio se convirtió en el estado normal de referencia. No se percibe como una ausencia. Se percibe como descanso.

Qué ocurre en el cerebro cuando envejecemos

La edad también influye. Diversos estudios muestran que el envejecimiento suele ir acompañado de cambios en regiones cerebrales relacionadas con la regulación emocional y el control de impulsos.

La corteza prefrontal, implicada en la autorregulación, la planificación, la paciencia,

la tolerancia a la monotonía, permite gestionar mejor situaciones con poca estimulación externa.

Por eso muchas personas mayores experimentan menos necesidad de buscar constantemente nuevas fuentes de entretenimiento o distracción.

Sin embargo, los especialistas señalan que la edad por sí sola no explica toda la diferencia. El contexto generacional sigue siendo una pieza clave. 

El silencio tiene efectos medibles sobre el cerebro

La ciencia ha comenzado a estudiar con más detalle los beneficios del silencio durante los últimos años.

Aunque todavía existen investigaciones en desarrollo, algunos trabajos han identificado efectos interesantes asociados a periodos regulares de tranquilidad.

Entre los más estudiados aparecen la reducción de los niveles de cortisol, la hormona del estrés; la mejora de la atención sostenida; la activación de la llamada red neuronal por defecto, vinculada a la creatividad y la introspección; una mejor consolidación de recuerdos y aprendizaje y un mayor procesamiento emocional interno.

Algunos estudios experimentales incluso han sugerido que breves periodos diarios de silencio podrían favorecer procesos relacionados con la plasticidad cerebral, especialmente en regiones asociadas con la memoria.

Por qué los jóvenes suelen tolerarlo peor

Los psicólogos explican que las generaciones nacidas en la era digital han crecido en un entorno completamente distinto.

Desde edades muy tempranas están expuestas a teléfonos móviles, vídeos bajo demanda, música permanente, videojuegos, redes sociales y mensajería instantánea. El resultado es que el nivel basal de estimulación al que se acostumbra el cerebro es mucho más elevado.

Cuando desaparecen esos estímulos, algunas personas experimentan una ligera sensación de incomodidad o inquietud.  

No se trata de un problema psicológico ni de una debilidad personal. Es una adaptación normal al entorno en el que han crecido. La psicología conductual denomina este fenómeno "intolerancia a la baja estimulación".

La relación con el aburrimiento también ha cambiado

Otro elemento importante es el aburrimiento. Durante décadas, los niños aprendían a convivir con largos periodos sin entretenimiento organizado. Eso obligaba a desarrollar imaginación, creatividad y autonomía.

Hoy resulta mucho más fácil eliminar cualquier sensación de aburrimiento con un dispositivo conectado. Algunos investigadores consideran que esta disponibilidad constante de estímulos ha reducido la tolerancia a los momentos de inactividad mental. Y el silencio suele ser una de las primeras víctimas.

¿Se puede reaprender a disfrutar del silencio?

La respuesta de los especialistas es sí. El cerebro adulto conserva una notable capacidad de adaptación gracias a la plasticidad neuronal.

Entre las estrategias que suelen recomendar psicólogos y neurocientíficos figuran realizar paseos sin auriculares; reservar momentos diarios sin dispositivos electrónicos;

practicar meditación o atención plena; leer en entornos tranquilos; y reducir progresivamente la exposición al ruido de fondo constante.

La clave no consiste en eliminar la tecnología, sino en recuperar espacios donde el cerebro no esté recibiendo información continuamente.

Más una cuestión histórica que generacional

Los expertos insisten en que no se trata de que una generación sea mejor que otra. La diferencia refleja simplemente cómo los entornos moldean el funcionamiento cerebral durante décadas.

Las personas que hoy tienen entre 55 y 75 años crecieron en una época donde el silencio era una parte habitual de la vida cotidiana. Las generaciones posteriores crecieron rodeadas de estímulos permanentes.

Por eso, para muchos mayores, sentarse en silencio durante media hora puede resultar completamente natural. Para muchos jóvenes, en cambio, requiere un esfuerzo consciente.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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