Mar Cabra, 42 años, ganó el Pulitzer por los Papeles de Panamá y se rompió: "Si el éxito es esto, es una puta mierda"
Así es como lo vivó.
En abril de 2017, el periodismo mundial publicaba una de las investigaciones más impactantes de la última década: los Papeles de Panamá. El trabajo reveló cómo empresarios, líderes políticos y celebridades utilizaban empresas en paraísos fiscales para ocultar fortunas, evadir impuestos o blanquear dinero.
La investigación, coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, movilizó a más de 300 periodistas de todo el mundo y terminó recibiendo el premio más prestigioso del sector: el Premio Pulitzer.
Entre las personas clave del proyecto estaba la periodista española Mar Cabra, entonces responsable de la unidad de datos del consorcio. Sin embargo, mientras el reconocimiento profesional llegaba a lo más alto, su vida personal se estaba desmoronando. “Cuando nos dieron el Pulitzer pensé que debería estar feliz”, recuerda ahora en una entrevista en el programa El Faro de la Cadena Ser. Pero la realidad era otra: “Me sentía triste, vacía. Y entonces pensé: si el éxito es esto, es una puta mierda”.
El coste invisible del éxito
Durante años, Cabra había trabajado con una intensidad extrema en investigaciones internacionales. La presión, los plazos y la responsabilidad fueron acumulándose hasta pasar factura. Las señales, reconoce hoy, estaban ahí desde mucho antes.
En investigaciones previas a los Papeles de Panamá sufrió problemas de salud física: perdió un ovario de forma repentina mientras estaba en una conferencia en Filipinas y desarrolló problemas de tiroides. En aquel momento no sabía la razón por al que le ocurrió pero ahora tiene claro que “era estrés que mi cuerpo estaba somatizando”, explica.
La situación llegó a un punto crítico tras el Pulitzer. A pesar del reconocimiento internacional, su vida cotidiana reflejaba el desgaste. En su libro recuerda una escena muy reveladora: después de una exitosa aparición en televisión en El Intermedio, presentado por El Gran Wyoming, regresó a casa rodeada de elogios en redes sociales.
Pero al abrir la puerta del piso se encontró con el silencio. Tenía hambre y fue a la nevera: apenas había comida y muchos productos estaban caducados. Llevaba semanas sin cocinar ni pasar por el supermercado. El apartamento estaba lleno de papeles y ropa acumulada. El contraste entre la imagen pública y su realidad privada era brutal.
El momento de parar y sanar
Con el tiempo, el agotamiento se volvió insoportable. Cabra recuerda fines de semana enteros llorando de cansancio y temiendo la llegada del lunes. El problema, explica, es que hablar de salud mental en el trabajo sigue siendo un tabú. “Nos da miedo levantar la mano”, afirma. A ella misma le costó reconocer que necesitaba ayuda.
Finalmente tomó una decisión radical: dejar el periodismo en primera línea. Se mudó a Almería y empezó un proceso personal para entender qué había pasado. Casi una década después, Cabra asegura que está “mejor que nunca”. Su experiencia la llevó a investigar sobre bienestar laboral y gestión del estrés.
Fruto de ese proceso acaba de publicar el libro Vivir a jornada completa, donde reflexiona sobre el contraste entre el éxito profesional y el abandono de la vida personal. Además, impulsa proyectos centrados en mejorar la salud mental en el trabajo, convencida de que el problema es estructural. “Pasamos unas 80.000 horas de nuestra vida adulta trabajando”, recuerda. Y sin embargo, muchas personas siguen sufriendo en silencio.