Mar, mallorquina: "Nunca he estado en Menorca, ni en Ibiza, ni mucho menos en Formentera"
"La gente alucina cuando lo digo, pero es que no me lo puedo permitir".
Vivir en Baleares no garantiza conocer Baleares. Aunque pueda parecer contradictorio, cada vez más residentes del archipiélago denuncian que visitar las otras islas se ha convertido en un lujo inasumible.
Mar, mallorquina de 27 años, lo resume con una frase que suele generar incredulidad: "Nunca he estado en Menorca, ni en Ibiza, ni mucho menos en Formentera". Y añade: "La gente alucina cuando lo digo, pero es que no me lo puedo permitir".
Su caso no es aislado. Forma parte de una realidad cada vez más extendida entre muchos residentes del archipiélago, quienes, pese a vivir en una de las comunidades autónomas más turísticas de España, no pueden ejercer como turistas en su propio territorio.
Conocer tu casa, un privilegio
El principal problema no es moverse entre islas, ya que gracias a las bonificaciones en el transporte, volar o coger un barco es relativamente asequible para los residentes. El verdadero obstáculo aparece al buscar dónde dormir.
"Te metes a mirar precios y es imposible. Hoteles, apartamentos… todo está pensado para los turistas de fuera, no para nosotros", censura Mar, quien asegura que los salarios locales “no están hechos para el coste de vida de las islas”.
La comparación que hace es clara: "Por lo que me cuesta un fin de semana en Formentera, me voy dos semanas de viaje fuera de España". Una ecuación que muchos residentes repiten y que evidencia hasta qué punto el mercado turístico está desconectado de la realidad local.
Turismo para fuera, inaccesible para dentro
El modelo turístico balear, centrado en visitantes internacionales y con alto poder adquisitivo, ha disparado los precios del alojamiento en todas las islas. Especialmente en temporada alta, pero cada vez también fuera de ella.
Esto ha generado una paradoja: Baleares se promociona como destino de ensueño en todo el mundo, pero sus propios habitantes tienen dificultades para disfrutarlo. "Es como si vivieras en un sitio que no es para ti", lamenta Mar.
El problema no es solo económico, sino también simbólico. La imposibilidad de conocer el propio territorio genera una sensación de desconexión y pérdida de identidad compartida.
La propuesta: descuentos también en alojamiento
Ante esta situación, cada vez más voces reclaman una medida concreta: extender los descuentos para residentes al alojamiento, no solo al transporte. "Si ya hay ayudas para volar o coger el barco, ¿por qué no para dormir?", plantea Mar.
La idea sería facilitar tarifas especiales o acuerdos con establecimientos para que los residentes del archipiélago puedan viajar entre islas en condiciones más accesibles. "Deberíamos tener algunas facilidades. No pedimos lujo, solo poder ir un fin de semana sin que sea un gasto imposible", añade.
"Me encantaría conocer Formentera, aunque sea una vez", dice Mar. Pero, por ahora, sigue siendo una asignatura pendiente. Mientras tanto, la idea de viajar dentro de Baleares sigue siendo, para muchos, más un deseo que una opción real. Y la pregunta de Mar no deja de repetirse: "¿Qué sentido tiene vivir en un paraíso si no puedes disfrutarlo?".