María, 65 años y 40 cotizados, se despierta a las 4 de la mañana para limpiar casas en negro: "Cobro 1.100 euros y no me llega"
Espera volver pronto a su Portugal natal para disfrutar de la casa en el país que ha ido pagando a lo largo de años.

La jubilación siempre se ha considerado un momento de descanso después del trabajo realizado durante tantos años, pero, en ocasiones, una pensión baja puede llegar a obligar a una persona a trabajar de nuevo, aunque sea saltándose la ley, para poder llegar a fin de mes.
Es el caso de María (nombre ficticio). Esta mujer de 65 años lleva jubilada cuatro, pero, en vez de dedicar este periodo a descansar, hacer planes con amigos y familiares o viajar, se ha puesto de nuevo su uniforme de trabajo para limpiar casas de forma ilegal y así sacarse unos cuantos euros.
A pesar de que está acostumbrada a madrugar, su reloj suena a las 4 de la madrugada. A las 5 de la mañana ya tiene que estar montada en el autobús al sureste de Luxemburgo para acudir a su primer trabajo, de 7 a las 11 de la mañana. Su jornada no acaba ahí: un segundo trabajo le está esperando, hasta completar las 23 horas semanales que dedica a dejar viviendas como los chorros del oro, cuenta el medio Contacto.
Una medida desesperada
Actualmente, recibe una pensión de 1100 euros, de los cuales 500 van para pagar la hipoteca de una casa que tiene en Portugal. Con este dinero extra por limpiar, todo 'en negro' puede cubrir gastos y ahorrar: "Pero me privo de muchas cosas", matiza.
Esta mujer natural de Portugal llegó a Luxemburgo con sus dos hijas pequeñas, y a lo largo de todos los años que ha trabajado en este último país ha pasado por cafeterías, cocinas y el sector de la limpieza. Un total de 40 años cotizados -13 de ellos en tierras lusas-, pero solos sus 15 años en empresas de limpieza de Luxemburgo le han valido para el cálculo de su pensión.
"Quizás empiece a cobrar mi pensión portuguesa este año. En cuanto a las cotizaciones que hice durante los 12 años que trabajé en Cappelen, se consideraron como si las hubiera hecho en Bruselas, por lo que me las pagaron todas juntas", subraya.
Jubilación anticipada, marcada por problemas
La mujer se jubiló a los 60 años, consciente de que los 40 años de cotización iban a ser un seguro, pero no resultó. Ahora, espera ansiosa a que le hagan efectiva la cotización en Portugal, la cual elevaría su pensión hasta los 2.000 euros y, por fin, dejaría de trabajar.
María pasó por tiempos mejores. Los 3.000 euros que ganaba en empresas de limpieza le permitían ir holgada con los gastos y la hipoteca. El esfuerzo ha sido máximo, más teniendo en cuenta que lo ha hecho sola. Su marido también emigró a Luxemburgo, pero tras seis meses trabajando en una fábrica, decidió volverse a Portugal: "Nos costaba vivir juntos, pero separados. Además, estaba el problema del juicio social: la gente no ve con buenos ojos a una mujer que vive sola", sostiene.
Sucesión de préstamos
Para pagar esa hipoteca en Portugal, María ha ido pidiendo préstamos progresivamente, el primero de 20.000 euros. Actualmente, reside en Luxemburgo junto con su hija mayor y su yerno, a la vez que ayuda económicamente a su hija menor.
A 17 euros la hora, sin contar las extras y la deducción, dada su situación irregular, espera que estos tiempos de trabajo toquen a su fin. Sin embargo, a pesar de toda las dificultades, se muestra optimista de todos sus años en Luxemburgo: "La vida no ha sido fácil para mí, pero tengo mucho que agradecer a este país. Cuando llegamos a un lugar donde somos bienvenidos, sin importar el choque cultural, las diferencias de idioma y el clima, debemos estar agradecidos. Siempre he sido bien recibido", sostiene.
Ahora, espera ansiosa a regresar a su querida Portugal y poder disfrutar de la vivienda en su país que con todo su esfuerzo ha ido y sigue pagando.
